Desempleo, el desafío de excuras

Aunque un sacerdote sea separado de la Iglesia, muchas veces se ve en la necesidad de seguir oficiando, aunque lo tiene prohibido, asegura experto

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06/07/2014 04:24 Iván E. Saldaña

CIUDAD DE MÉXICO.- Existe un riesgo latente para quien decide dejar los votos o promesas del sacerdocio y es el quedar totalmente desprotegido económica y laboralmente. Muchos de los exsacerdotes se enfrentan al desempleo, aunque otros son ayudados de forma secreta por obispos o miembros de comunidades católicas.

El director de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, Elio Masferrer, explicó que una solución recurrente es el oficiar misas; en ese momento, las arquidiócesis y diócesis actúan y sacan sus listas de falsos sacerdotes.

Muchas veces los salones de fiestas contratan a estos cuates, porque los curas no quieren ir, los curas legítimos o reconocidos no quieren ir porque el obispo se los prohíbe, pero este otro va y cobra”, aseguró.

Es decir, aunque el sacerdote nunca deja de serlo y es jurídicamente aceptado, también en este mismo término se encuentra suspendido y tiene prohibido oficiar la celebración litúrgica; sin embargo, en algunas ocasiones por necesidad continúan ejerciendo.

De algo tienen que vivir, porque es lo que aprendieron”, aseveró el académico en entrevista con Excélsior.

No obstante, en otros casos, como por ejemplo, ingresar a colegios religiosos para impartir clases, existe una “solidaridad entre curas y excuras” para que mediante un bajo perfil puedan continuar ofreciendo sus conocimientos a estudiantes.

Son profesores de religión, porque además saben todo el oficio. Entonces sí, muchas veces dan clases, incluso las congregaciones religiosas dan como opciones terminales licenciaturas en filosofía y terminan dando clases en escuelas”, manifestó.

Al hablar sobre los matrimonios de expresbíteros oficiados por sacerdotes reconocidos, y en particular cuando se habla sobre la discreción, Masferrer Kan apunta a que es una forma en que la Iglesia evita escándalos.

Este tema de la discreción es habitual en la Iglesia para evitar lo que llama el escándalo. Porque (imagina) la persona que me casó a mí hace 15 años, bautizó a mis hijos, resulta que ya está casado con una mujer porque tiró la esponja... Entonces (el sacerdote) le puede decir que lo haga en un perfil bajo, no en mitote”, dijo.

Celibato forzado, origen de doble vida: Alberto Athié

Llevar una doble vida: de sacerdote y amante; de ‘padre’ como le llama cualquier cristiano y de papá como le grita un niño, es la consecuencia que, en algunos casos, obliga a los hombres cuando prometen una vida célibe.

Alberto Athié, exsacerdote, sostiene que la Iglesia, por mantener vigente dicha disciplina y otras, evita el escándalo con el silencio o la negación como primera instancia de actos “perversos” como la pederastia.

“Ni el celibato ni la homosexualidad propician a la pederastia. En un sentido puedo decir que el celibato forzado, que lleva a la negación de un mal ejercicio de la sexualidad, es lo que orilla a esconder la problemática de las tendencias, algunas de ellas perversas, de los sacerdotes. Ése es el mal manejo”, dijo.

En entrevista con Excélsior, Athié dijo que opta porque el religioso, aun después de ordenado, tenga opción de casarse o no, pero reiteró que aun cediendo la Iglesia no se resuelve el problema de fondo: “El tema es cómo enfrentar una realidad compleja en donde hay casos muy complicados, muy difíciles, que la institución tiende a negar que existan”.

El hombre que no calló ante la acusación contra el padre Marcial Maciel, buscó en sus palabras ser claro sobre que, si bien es cierto que a nadie se le obliga a ser sacerdote, él mismo tampoco puede ordenarse si no promete una vida sin matrimonio. 

“No necesariamente el celibato es el mecanismo que desencadena la pederastia, no, pero si se está forzando y está obligando y además no se atiende, lleva a las personas a una doble vida”, acusó.

—¿Usted pidió la dispensa de sus votos?

—Yo no solicité mi dispensa o lo que se llamaría reducción al estado laical, que es una fórmula más completa, porque no solamente es el no ejercicio del celibato, sino la libertad de yo ejercer ya plenamente mis libertades como cualquier ciudadano y casarme o no casarme, dependiendo de lo que yo decidiera.

Justificó su respuesta explicando que su intención fue pedir la dispensa de sus promesas conforme al derecho canónico, pero no encontró condiciones para hacerlo después de que pidiera justicia para las víctimas del padre Marcial Maciel.

“Al no encontrar la oportunidad ni siquiera de que se me escuchara y me permitieran presentar las situaciones que yo había encontrado, en mi caso ni siquiera fue solicitar la dispensa, porque para eso yo tendría que haber pasado el proceso canónico a través del cardenal Rivera, que era obviamente parte del problema, y quien se hubiera convertido en juez y parte.”

“Lo que yo hice fue presentarle mi renuncia directamente al papa Juan Pablo II, cosa que no está contemplada en el derecho canónico, pero aun así consultando a un experto en la materia, que era el padre Antonio Roqueñí, convenimos en que yo enviaría esa carta, que en 2003 entregué al entonces nuncio en México, (Giuseppe) Bertello, que hoy es cardenal del Vaticano. En la carta al Papa yo le presenté mi renuncia irrevocable al ejercicio de mi ministerio”, concluyó al respecto.

 

Los siete requisitos para desertar de la Iglesia

Aun con la dispensa de votos o promesas, entre ellas el celibato, teológicamente un sacerdote nunca deja de serlo. Sin embargo, después de ordenado sí puede regresar a “una vida laical”, aunque antes debe cumplir con un proceso, siempre con “discreción”.

Al presbítero que pida renunciar al ministerio sacerdotal le someterán a una investigación que incluirá historial de vida, currículum en el trabajo clerical, y en caso de requerirse, un “examen de expertos de oficio en medicina, sicología y siquiatría”.

Lo anterior es parte de una serie de pasos estipulados en las normas para proceder a la Reducción del Estado Laical en las curias diocesanas y religiosas, disponibles en la página de internet oficial del Vaticano.

Elio Masferrer Kan, antropólogo y director de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, explicó a Excélsior que la dispensa por celibato se otorga “en el paquete completo” de las promesas o votos que hace un sacerdote, en la que sólo tiene competencia el pontífice romano.

También que existen, por lo menos, tres caminos para dejar el ministerio, que coloquialmente se le denominarían: renunciar formalmente a su cargo (un proceso de tiempo indefinido), abandonar sus deberes para seguir una vida laica o cometer algún acto contra la ley.

“Primero se le pide a su obispo diocesano, ‘oye, dame chance, me quiero ir’; otra es que usted haga un desaguisado y lo corran, o que haga la cosa más expedita como si usted renunciara a un trabajo y diga me voy mañana, mañana no llego y ahí nos vemos… depende cómo se fue el personaje”, señaló a modo de ejemplo.

“El sacerdocio es un sacramento, o sea, un sacerdote nunca puede renunciar al sacerdocio en sentido técnico, pero le dan la dispensa de los votos, lo dispensan pero no lo eximen. ¿Qué quiere decir? Que la persona sigue siendo sacerdote ante la Iglesia, pero no puede ejercer ninguna actividad como sacerdote, excepto que, por ejemplo, un niño se esté por morir y lo bautiza in articulo mortis. Así sí podría ser de emergencia”, dijo.

El proceso para solicitar  la dispensa de votos

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe estipula siete pasos para cumplir, que se explicarán a grandes rasgos en las líneas siguientes.

I.- Primeramente y antes de que la petición le sea turnada a dicha Congregación, los ordinarios Diocesanos (obispos) o los superiores mayores para los religiosos “deben hacer todo lo posible durante un tiempo adecuado para ayudar al peticionario a superar las dificultades que tiene”.

Se indican ejemplos como “traslado a otro lugar donde esté libre de peligros, con la ayuda, según los casos, de compañeros y amigos del peticionario, familiares, médicos y sicólogos.

“Si todo esto no resultara y el peticionario insiste en solicitar la dispensa, se deberán recopilar las informaciones necesarias para la cuestión”, dicta el documento.

II.- Se refiere a que no basta la solicitud del peticionario sin antes abrirse una investigación por parte del obispo de su diócesis u autoridad competente para que el caso sea juzgado con conocimiento de causa si una reducción al estado laical con dispensa de las obligaciones puede ser propuesto al Sumo Pontífice.

“Esta investigación se establece para que aparezcan de verdad los argumentos por los cuales el peticionario solicita la reducción al estado laical”.

Se utilizan documentos afines, deposiciones de testigos, interrogaciones, juicio de los médicos para que se “descubra si la solicitud del peticionario se apoya en la verdad”. Sin embargo, se aclara que la investigación no tiene características de un proceso judicial.

“Al peticionario, después de haber cursado la solicitud a su Ordinario, y hasta que llegue la respuesta de la Sagrada Congregación, se le debe prohibir de manera cautelar el ejercicio de las órdenes”.

III.- Se marca que la propuesta del solicitante debe ser enviada a través de su superior de diócesis (con la investigación adjunta) hacia la Congregación correspondiente que la turnará al Obispo de Roma.

“Una vez terminada la investigación, la autoridad competente enviará las actas a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Este Sagrado Dicasterio examinará cuanto antes el caso y, si decidiera que se debe aceptar la petición, la propondrá al Santo Padre, que es el único al que corresponde decidir si se debe conceder o no la reducción con la dispensa”.

IV.- Entre los requisitos que deben enviarse se contempla “la solicitud por escrito del peticionario; actas de la investigación; su voto, en el que debe tratar también de lo que ha intentado para ayudar al peticionario a superar las dificultades y de lo que pretende realizar para evitar el escándalo que probablemente se originará entre los fieles por la concesión de la dispensa; en los casos señalados, el voto del Ordinario del lugar de residencia del peticionario sobre si se ha de temer o no el escándalo en dicho lugar”.

V.- La decisión del Papa, el rescripto, comprende inseparablemente la reducción al estado laical y la dispensa de las obligaciones que provienen de la ordenación sagrada. “Nunca será lícito al peticionario separar los dos elementos, es decir, aceptar el segundo y rechazar el primero”.

VI.- Aun después de dispensado el sacerdote tiene que cumplir una serie de condiciones, especialmente quien se unió en matrimonio “debe alejarse de aquellos lugares en los que es conocido su estado sacerdotal”.

“Por lo que se refiere a la celebración de matrimonio canónico, el Ordinario procure que se evite cualquier tipo de ostentación y ante un sacerdote probado o, si hiciera falta, ante dos testigos, celebre el matrimonio, del cual se guardará el acta en el archivo secreto de la Curia.

“(A la autoridad diocesana) le corresponde determinar si la dispensa y, de manera similar, la celebración del matrimonio deba ser mantenida en secreto, o se pueda comunicar, con las debidas precauciones, a los allegados del peticionario, amigos y patronos, para que se mantenga la buena fama del mismo peticionario y los derechos económicos y sociales que brotan de su nuevo estado de laico casado”.

“En cambio, si el sacerdote reducido al estado laical y dispensado de las obligaciones conexas con la sagrada ordenación no mantiene la promesa de evitar el escándalo, o incluso hace público su caso para provocar el escándalo (empleando la prensa, los medios radiotelevisivos y otros semejantes), haciendo presión con mala voluntad para despreciar el sagrado celibato, será preciso que los Ordinarios a los que afecta, y también el superior religioso en caso de los religiosos, divulguen que ese sacerdote ha sido reducido al estado laical y dispensado de los compromisos asumidos porque la Iglesia ha considerado que no es idóneo para el ejercicio del sacerdocio”.

Se le prohíbe “realizar cualquier función del orden sagrado; realizar acción litúrgica alguna en las celebraciones con el pueblo, donde es conocida su condición, y nunca pronuncie una homilía; desempeñar cualquier oficio pastoral; la misión de rector (u otro ministerio directivo), de director espiritual y profesor en seminarios, facultades teológicas e instituciones semejantes; asimismo no desempeñe la labor de director de una escuela católica ni de maestro de religión en cualquier escuela, sea católica o no”.

“Sin embargo, el Ordinario del lugar, según su prudente juicio, puede, en casos particulares, permitir que el sacerdote reducido al estado laical y dispensado de las obligaciones conexas con la ordenación sagrada enseñe religión en las escuelas públicas, siempre con la excepción de las escuelas católicas, con tal de que no se haya de temer escándalo o extrañeza”.

VII.- El último punto refiere sobre los casos en los que se debe actuar de oficio.

“Con las debidas acomodaciones, lo que se establece en estas reglas para los casos en los que los sacerdotes piden espontáneamente la reducción al estado laical con la dispensa de las obligaciones que brotan de la ordenación sagrada, se debe aplicar también a los casos en los que algún sacerdote, por su vida depravada, o por los errores doctrinales, o por otra causa grave, parece, después de una necesaria investigación, que debe ser reducido al estado laical, y a la vez dispensado por misericordia, para que no caiga en el peligro de la eterna condenación”, finaliza el documento.

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