PGR utiliza equipo de balística al estilo 'CSI'

Un balazo es un fenómeno mecánico que deja rastros y marcas imposibles de duplicar con otra arma. La PGR cuenta con 11 unidades para la identificación de proyectiles y casquillos

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22/06/2014 08:04 Julio Ramírez

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de junio.- El cerebro ordena la ejecución del disparo. Un choque eléctrico estimula las terminales nerviosas y se acciona el músculo que activa el dedo índice para dar el jalón que presiona el gatillo. Una vez que el mecanismo de disparo está echado a andar no hay vuelta atrás. La aguja percutora impacta el metal del cartucho de una manera única e irrepetible, el choque deja una “huella digital” en forma de cráter.

Adentro del casquillo hay un compuesto explosivo —en su mayoría de gránulos de pólvora— que los criminólogos conocen como “carga fulminante”, que puede estallar en una diezmilésima de segundo.

La pólvora combustiona, su volumen aumenta, crece la presión y el cartucho se dilata y en esa fracción de segundo adopta las características particulares del cilindro en que detonó. En la vaina se forman gases que no pueden contenerse y se expanden para vencer la parte más débil del metal, donde está colocado el proyectil, que escapa por el túnel. Debido a la presión, los gases lo rebasan en su carrera por salir del cañón y le ocasionan marcas que se conocen como estrías y que es imposible que se vuelvan a grabar de la misma manera con otra arma, incluso del mismo calibre y marca.

En su paso a toda velocidad por el cañón, el proyectil adquiere más rasgos, ralladuras y deformaciones únicas. A ese proceso, se le llama “moldeo”. Cada disparo deja una marca propia e irrepetible.

El estallido se conoce como “retardo de ignición”. Un disparo de arma de fuego es un fenómeno mecánico, químico y balístico que deja también rastros imposibles de duplicar. Así como dos hermanos gemelos tienen huellas digitales distintas, dos pistolas de la misma marca y calibre no pueden dar disparos idénticos.

La PGR adquirió unidades de balística que pueden detectar el uso de un arma en otro asesinato a través de las huellas marcadas en las balas y cartuchos que se recogen en las escenas del crimen. El uso de esta tecnología, conocida como Sistema Integrado de Identificación Balística (IBIS, por sus siglas en inglés), permite el acceso a una base de datos con “huellas digitales” de balística, que es utilizada en 60 países, según información del fabricante.

Una de las ventajas de estos equipos es que se requiere poca instrucción para subir la información de balas y cartuchos en el sistema, que da una alerta automática en caso de que la información coincida con los cartuchos y proyectiles recolectados como evidencia en otro crimen.

La empresa que vendió estos artefactos de última tecnología a la PGR también ofrece lámparas para registrar huellas de zapatos, marcas de llantas, huellas digitales en superficies lisas, una máquina especial para secar sangre, esperma y demás fluidos corporales, entre otros.

La Coordinación General de Servicios Periciales, que depende de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), informó que la dependencia cuenta con 11 equipos IBIS, como los utilizados en series de televisión de corte policiaco, como CSI.

Dicha maquinaria puede recoger la evidencia de casquillos y proyectiles con el mínimo contacto humano, lo que facilita tanto la recolección de la evidencia como su cotejo con las muestras almacenadas en el banco de datos. Además, con un nivel reducido de capacitación se puede operar el artefacto.

La mayor parte del proceso de adquisición se encuentra totalmente automatizado, de manera tal que la intervención mínima del usuario reduce la variabilidad entre operadores. La automatización del enfoque de la imagen, la iluminación de la imagen y el contorno de la región de interés garantiza la calidad sistemática de la imagen para lograr su visualización y uniformidad, y así alcanzar el máximo rendimiento comparativo”, indica la página del proveedor.

El fabricante afirma que el equipo ofrece detección de una gama completa de calibres. La recolección de la muestra se realiza con tecnología 3D, el proyectil se rota para la captura de sus marcas y su forma, de acuerdo con parámetros de enfoque e iluminación que proporciona la tecnología del aparato de origen canadiense.

Las comparaciones visuales que se realizan con esta tecnología permite de manera rápida descartar los resultados que no tengan ninguna relación e identificar a otras muestras candidatas que tengan similitudes en un proceso que tarda alrededor de 10 minutos.

Los valores de correlación resultantes ofrecen una clasificación de las coincidencias potenciales según su semejanza. Esta capacidad de clasificación les permite a los operadores buscar rápidamente entre cientos de miles de muestras, concentrándose únicamente en los candidatos con mayor coincidencia”, indica la información.

Continuamente se agregan nuevas capacidades de comparación y visualización, a fin de aumentar la eficacia y contribuir al avance científico”, refiere la página de Forensic Technology, quien ofrece en venta la tecnología.

La empresa asegura que el éxito de las investigaciones sobre delitos cometidos con armas de fuego depende de la cantidad y la calidad de la información balística forense y de la rapidez con la que se la presenta, pues esta información sólo es útil para la policía si es debidamente reunida, procesada y difundida.

Cada arma usada en un delito tiene una historia que contar. Gran parte de esta historia está escrita en el interior del arma bajo la forma de marcas únicas que se transfieren a los proyectiles disparados y a los casquillos al descargarla.”

Además, el sistema cuenta con tecnología para cifrar la información, conectividad local y remota, compresión de imágenes 3D, soporte técnico y antivirus, entre otros.

El fabricante afirma que el sistema IBIS es utilizado por Interpol y diferentes corporaciones.

La estandarización hace posible compartir datos a través de grandes redes en todo el mundo. Esta capacidad de intercambio internacional abre nuevos niveles de colaboración para el desarrollo de estrategias globales con el fin de reducir los delitos relacionados con armas de fuego”, refiere.

 

Identifican a un matón en minutos

Lindomar Hernández Jiménez se tiñó el cabello de rubio y pensaba escapar de Perú con el dinero que había cobrado por cometer un asesinato. Es el homicida confeso del fotógrafo del diario El Comercio Luis Choy. La autoridad sigue dos líneas de investigación: crimen pasional o un desacuerdo con la mafia dedicada a la venta de autos usados.

Lo identificaron como posible tirador en diez minutos gracias al sistema IBIS que recién había adquirido el gobierno peruano, refieren las notas que dieron cuenta del caso.

El sicario, entonces de 24 años, marcó al teléfono de Choy –periodista que se dedicaba también a la compra-venta de vehículos usados– y fingió que le interesaba un automóvil y acordaron una cita. “Primero le disparé en el cuerpo y luego lo rematé de un balazo en la cabeza”. Le dio tres disparos, de acuerdo con edición de la revista Caretas del 14 de marzo de 2013.

La persona que lo contrató es identificado como Lucano, quien fue un supuesto enlace entre el tirador y el autor intelectual, un abogado, cuya identidad no se ha revelado.

En una operación en la zona de Copemar fue detenido Lucano y otros cuatro sospechosos. Ahí la autoridad encontró un revólver CZ 9 mm corto sin número de serie. Lucano señaló al dominicano como dueño del arma.

Los agentes del Departamento de Balística y Explosivos Forenses de Perú —al que la prensa a menudo le llama CSI Lima— cotejaban a mano las muestras halladas en la escena del crimen, un proceso que podría llevar varios meses. Tras la adquisición del sistema IBIS, la prueba tarda diez minutos.

El examen realizado al revólver de Lindomar Hernández Jiménez coincidió con las ojivas extraídas del cuerpo de Luis Choy y los casquillos recogidos como evidencia.

El asesino del fotógrafo fue detenido en un centro comercial cuando pretendía gastar parte del dinero que cobró por el asesinato, luego intentaría huir para Ecuador. La prueba de balística fue determinante para que rindiera su declaración y, de acuerdo con la prensa, el sicario de mirada desafiante “cantó como un canario”.

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