Cumple 50 años la embajada de Estados Unidos

Hoy hace medio siglo abrió el inmueble de Reforma, que sella la amistad entre EU y México

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20/06/2014 05:56 Iván E. Saldaña

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de junio.- Estados Unidos y México pusieron el sello de una “perenne amistad” hace 50 años. Fue el  20 de junio de 1964 que representantes de ambos gobiernos inauguraron la embajada americana en la Ciudad de México.

Para entonces, faltaban dos días para que Lydon B. Jonhson cumpliera siete meses como nuevo mandatario estadunidense y 15 días para que la Presidencia mexicana —entonces a cargo de Adolfo López Mateos— fuera disputada en las urnas.

Se trató de la inauguración de la segunda embajada de Estados Unidos más grande del mundo, después de la de Londres, y ninguno de los presidentes asistió a la ceremonia; les correspondió al otrora canciller mexicano, José Gorostiza, y al embajador americano, Fulton Freeman, jalar los lazos para develar placa.

“Esta cancillería, inaugurada el 20 de junio de 1964, está dedicada a la perenne amistad de los pueblos de México y de los Estados Unidos de América”, así lo registró Excélsior en su publicación al día siguiente del acto.

Alrededor de 800 personas atestiguaron el acto de mediodía de aquel sábado de año bisiesto, entre ellos tres secretarios del Estado mexicano: de Salud, de Agricultura y de Industria y Comercio, además del canciller Gorostiza; de la misión estadunidense arribaron senadores y el secretario adjunto del Departamento de Estado, Dwight J. Porter.

Al día de hoy, según explicó a este diario el embajador norteamericano en México, Anthony Wayne, el edificio tuvo éxito para congregar los departamentos y oficinas necesarias, distribuidas en varios inmuebles de esta capital, pero que también se cumplió con otro fuerte propósito: “más colaboración y cooperación bilateral”.

Datos proporcionados por la embajada precisan que a partir de la ocupación del edificio
—que tardó tan sólo seis días, según registró este medio en 1964— la sección consular emitió cerca de 215 mil visas ese año, mientras que en 2013 expidió 1.8 millones.

El edificio flotante

En 1959 no había oportunidad para que una constructora mexicana llevara a cabo el proyecto de la Embajada de Estados Unidos. Se logró la excepción por intercesión del embajador Vicente Sánchez Gavito.

Los hermanos Nicolás y Mariano Mariscal, fundadores de la Constructora Marhnos, le enviaron la petición al diplomático. Sánchez Gavito medió todo con la Secretaría de Estado de EU.

Mayela Rubio Sotomayor, representante institucional de Marhnos narró a Excélsior que la diplomacia logró que la convocatoria cruzara fronteras y, aun con la competencia de ICA, los Mariscal ganaron la construcción del “edificio flotante”, que comenzó en 1961. Algunos datos proporcionados por la embajada señalan que parte de los trabajos iniciaron en junio de 1960 y concluyeron en abril del 64.

El sobrenombre del inmueble se debe por su cimentación; el ingeniero Humberto Díaz Torres, de la constructora Marhnos, explicó que  “básicamente sacaron la tierra equivalente al peso del edificio: un sistema por sustitución. Como una caja  enterrada en el piso”.

Nicolás Mariscal, hijo del arquitecto Nicolás Mariscal Barroso, destacó ayer durante el festejo adelantado por el 50 aniversario, organizado por la sede diplomática, que los retos enfrentados por la constructora —de la que hoy es presidente— fueron principalmente tres: la excavación, que tuvo que ser a pico y pala extraída a base de “chundes” cargados por cada trabajador.

Otro fue conseguir el mármol de carrara que la nación americana condicionó para cubrir interiores y fachadas del edificio, pues ante la escasez en diversos países, el arquitecto Mariscal  tuvo que viajar para conseguirlo en Italia; el último punto fue “el incendio muy sonado en la prensa.  

“Se quemaron tres arcos que pulieron ebanistas. Se dijo mucho en la prensa, que si había sido un sabotaje, que si la misma constructora los había quemado. No sabemos a ciencia cierta quién fue, parece que fue por un herrero, una chispa o algo así. El incendio fue por la tarde y para las dos o tres de la madrugada ya había terminado”, contó Mayela Rubio.

La representante de la constructora Marhnos indicó que para la nueva embajada que el vecino país considera construir en los próximo años en el Distrito Federal no se les dejó opción de concursar por la licitación, debido a “los esquemas que maneja Estados Unidos actualmente”, sin embargo, sí están interesados en un subcontrato.

Las tres embajadas

Para 2020 la representación diplomática espera mudarse a la colonia Nuevo Polanco, el tercer edificio que construyen para tal fin.

En 1824 inició la relación diplomática entre México y Estados Unidos; ese año el gobierno de Washington reconoció a Guadalupe Victoria como presidente de nuestro país y un año más tarde  envió a Joel Poinsett como primer ministro —que cumplía con las tareas de la figura del embajador, antes de que se designara—, haciendo su lugar de residencia la calle que ahora se conoce como Dr. Mora.

Las necesidades entre ambas naciones hicieron que en 1898 fuera elevado al rango de Embajada, eligiendo como sede la calle de Buenavista número 4, en el Distrito Federal. Sin embargo, en 1923 tanto la cancillería estadunidense como la residencia del embajador se trasladaron a Londres 102.

La historia del primer edificio construido por los norteamericanos finalizó en 1924. La Embajada de Estados Unidos se ubicó en la calle de Niza 53, lo que ahora es la biblioteca Benjamín Franklin. Este sitio arquitectónico fue una propiedad donada por la señora E.L. Doheny. Los últimos trabajos como embajada culminaron hasta 1951.

Una de las épocas que enfatizó la necesidad de realizar un crecimiento físico para la cancillería estadunidense fue la Segunda Guerra Mundial, en dichos años y posteriores, el incremento del personal y las funciones diplomáticas obligaron, nuevamente, a que las autoridades se mudaran.

Así, en 1951, la embajada, junto con el Consulado y otras agencias del gobierno, pisaron Paseo de la Reforma, sus nuevos edificios —no construidos por el gobierno estadunidense— ocuparon una zona amplia, como partes de Av. Paseo de la Reforma 35 y 31; Lafragua 4, Ponciano Arriaga 11, sin olvidar la construcción ubicada en Niza.

Ahora, la sede de la Embajada de Estados Unidos, edificada por una constructora mexicana con recursos norteamericanos, es parte de un programa a largo plazo para construir estructuras para dicha nación en más países.

Wayne festeja aniversario

Aunque la intención es mudarse en 2020, ayer el embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne, se congratuló de los 50 años del edificio sede de la Embajada de su país en territorio mexicano.

“Hay planes a fin de la década, pero claramente celebramos este edificio que ha servido a los Estados Unidos, a México, con excelencia durante todo este tiempo, hemos crecido aquí. Las relaciones entre los dos países también han crecido y están mucho más profundas que en 1964”, expresó en entrevista con Excélsior.

El diplomático refirió que desde 1964 a la fecha la relación bilateral es más cooperativa, con más colaboración y eso se nota también en la población americana viviendo en México, en el comercio y el intercambio que busca el beneficio en ambas naciones.

Por ello recordó la placa conmemorativa de la Embajada, además de detallar que “la misión era nutrir la amistad y el entendimiento mutuo entre nuestros pueblos”.

Y agregó: “Este edificio es una maravilla de la ingeniería, que se ha mantenido en pie durante 50 años, a pesar de haber sufrido un gran incendio durante su construcción y el terremoto de 1985, que sacudió a la Ciudad de México”.

Hasta ahora, dijo, el crecimiento de la embajada no sólo ha sido en el ámbito político, pues de albergar cerca de 500 empleados originalmente, actualmente la plantilla laboral cuenta con más de mil 200 personas.

Ejemplos del crecimiento y desarrollo de la Embajada han sido la separación o el absorbimiento a otras oficinas del Servicio de Viajes de EU, el Servicio Meteorológico, el Centro Regional del Libro y el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos.

“Es muy agradable”

Muchos edificios en la Ciudad de México colapsaron durante el terremoto de 1985, el ‘edificio flotante’ sufrió daños mínimos.

“Acaso nos quedamos sin teléfono”, narró José Arturo Montaño Robles, quien llegó a la embajada como empleado del área de comunicación social en 1972, cuando la batuta la llevaba el diplomático Robert H. McBride.

—¿Cuál es una de sus experiencias negativas y una de sus positivas en la sede de la Embajada?—, se le preguntó. 

Arturo, el hombre de 64 años, que quizá es uno de los empleados con más tiempo de servicio, echó una carcajada antes de responder, después dijo que no recordaba alguna mala experiencia y justificó el porqué lleva 42 años allí: “Es un lugar muy agradable para laborar”.

Sin embargo, volvió a reír y aclaró que sí tenía una, “no negativa sino chusca”, y fue que el embajador John A. Gavin (1981-1986) ordenó “de la noche a la mañana” retirar todos los ceniceros y designar áreas de fumadores.

“Fue como un pequeño incentivo para que dejáramos ese vicio”, expuso al tiempo en que negó mantener el hábito.

Tras unos minutos de charla con Excélsior, Montaño se tomó su tiempo para recordar que entre sus más gratas memorias en la sede diplomática están las visitas de presidentes, primeras damas y secretarios de Estado.

“No todos las autoridades que visitan México llegan a la embajada”, aclaró. Se tomó unos segundos más para hacer memoria y enlistó algunos nombres, los primeros que se le vinieron a la mente: Bill Clinton, Nancy Reagan, Laura Bush, Jonh Kerry y Colin Powell.

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