La pobreza está anclada en México

En el país los subsidios, las transferencias y la política fiscal profundizan las desigualdades, critica Rogelio Gómez Hermosillo, exdirector de Oportunidades

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18/05/2014 05:15 Ivonne Melgar y Lilian Hernández

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de mayo.- Aun cuando año con año se incrementa el monto de recursos públicos canalizados a más de seis millones de familias en condición de pobreza, ésta sigue anclando con sus indicadores de rezago a la cuarta parte de la población mexicana.

Las cifras más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) muestra que, a 2012, 19.7% de la población se encuentran en condición de extrema pobreza y 53.3% en pobreza.

Estos números sepultaron las buenas noticias que seis años atrás se consideraron como el inicio de la superación del problema, cuando los mexicanos en pobreza extrema descendieron a 13.8% y la proporción en pobreza a 42.6%.

En el año 2000, las cifras habían sido de 24.1 y 53 .6%; en 1994 de 21.2 y 52.2% y en 1989 de 22.7 y 53.5%.

Frente a los números, la conclusión es irrefutable: los programas impulsados por el Estado sólo alcanzan a ser paliativos de un problema que se vincula a la escasez de ingresos y a la imposibilidad de generarlos.

Porque 25 años después de lanzada la primera gran estrategia contra la marginación, Solidaridad, el rezago sigue ahí y las proporciones de mexicanos que la padecen, se mantiene.

En el extremo, un poco más de la quinta parte de la población cubre todos sus derechos sociales, en tanto recibe mayores ingresos.

Mientras el mercado laboral se contrae y pierde capacidad para absorber la creciente demanda de trabajo, la falta de movilidad social se expresa en salarios de sobrevivencia y altos niveles de subempleo.

Rogelio Gómez Hermosillo, director de Oportunidades en el sexenio en que se logró su principal disminución, define que ésta siempre es un efecto forzoso del crecimiento económico.

Pero también pueden haber intervenciones del Estado para lograrlo: lo que llamarías políticas económicas pro pobre y ahí se inscribiría por ejemplo el tema de incrementar el salario mínimo y las que en México llamamos de política social que sobre todo reducen desigualdad de acceso a derechos”, explica.

Esta última, plantea el experto, busca establecer mínimos de bienestar que permitan que la población excluida pueda ir superando sus carecías estructurales: mejor educación, mejor salud y un piso mínimo de seguridad social.

Gómez Hermosillo comenta que justo ante el estancamiento del problema han comenzado a escucharse las voces en favor del incremento del salario mínimo.

Ciertamente es una intervención del Estado sobre el mercado que si no se hace tiene riesgos, porque si por ejemplo se incrementa mucho, en automático se castiga a los pobres que no lo reciben.

Porque en un país como México donde ninguna regulación económica se aplica con seriedad, sería difícil conseguir efectos concretos con una mera declaración de ley”, detalla.

Para el consultor internacional en la materia, un peligro sería que la duplicación o triplicación del salario mínimo empujara el aumento de la economía informal ganando uno o dos salarios mínimos.

Subirlo razonablemente en una política seria sí generaría un efecto positivo, lo que ayudaría a equilibrar los ingresos”, prevé.

Pero si sólo se hace por decreto se generaría el alza de la economía informal”, alerta.

Gómez Hermosillo sugiere analizar las posibilidades de que el incremento del salario se dé en función a las horas trabajadas; es decir, que sea diferenciado de la contratación por semana.

Por ahora, plantea el exdirector de Oportunidades, “el lío de nuestras políticas sociales radica en que nuestro gasto público es regresivo, porque a diferencia de los países europeos, en México el Estado desiguala, en lugar de igualar”.

Explica que en el país los subsidios, las transferencias y la política fiscal profundizan las desigualdades. Y pone como el mayor ejemplo el caso del subsidio a la gasolina.

Cuál sería una política pro pobre de distribución de ingresos, pues más impuestos a quien más gana. Obvio. Pero en México estamos estancados en el tema porque la izquierda no entiende que gravar el consumo es gravar con el IVA, que es un impuesto totalmente progresivo: el que más consume, más paga”, cuestiona.

El otro gran problema, enfatiza, es que no tenemos un buen sistema de impuestos sobre herencias. Porque en Europa y en Estados Unidos, donde funciona el Estado como regulador de las desigualdades, el dinero que la gente lega no se transfiere totalmente a las siguientes generaciones.

El estancamiento del ingreso

De acuerdo con los más recientes datos del Coneval, 53.3 millones de personas viven en pobreza. Esto significa que tiene carencias en alimentación, acceso a la salud, a la seguridad social, al tiempo que presentan rezago educativo y en calidad de espacios en la vivienda y servicios básicos de la misma.

Las tendencias recientes revelan que los indicadores estancados, donde no hay mejora alguna, son los del ingreso y de la seguridad social.

Porque si bien, según el Coneval, el promedio de carencias que sufre la población pobre bajó en el arranque de la presente década, los salarios siguen siendo precarios, mientras el trabajo informal aumenta, asociado con la ausencia de seguridad social.

En el bienenio 2010-2012 el rezago educativo disminuyó de 20.7% de la población a 19.2%; la falta de espacios en la vivienda descendió de 15.2 a 13.6; la carencia a los servicios básicos se redujo de 22.9 a 21.2; el déficit en la alimentación disminuyó de 24.8 a 23.3, y el acceso a los servicios de salud pasó de 29.2 a 21.5%.

Pero la población sin acceso a la seguridad social subió de 60.7 a 61.2%, y la cantidad de mexicanos con ingresos inferiores a la línea de bienestar mínimo creció de 59.6 millones de personas (52%) a 60.6 millones (51.6%)

Las advertencias del Coneval de que sin mejoras económicas no habrá reducciones significativas de la pobreza se hallan directamente relacionadas con la falta de empleo formal en México, un problema que se mantiene sin salidas de fondo desde hace dos décadas.

Porque la reducción sostenida de pobreza sólo es posible si aumenta el ingreso por arriba de los precios de los insumos básicos.”, sostiene.

Para Gómez Hermosillo el problema de la pobreza no es la insuficiencia alimentaria en sí, sino el ingreso. Porque la carencia de alimentos se encuentra ligada a la insuficiencia de recursos con los que vive una familia.

Si se modifica la relación —y eso fue lo que pasó entre 2008 y 2012— entre ingreso del hogar y costo de los alimentos, crece la carencia por alimentación”, sostiene.

El problema tiene que ver con aumento de la productividad, dice.

De manera que una primera acción económica para combatir de fondo el problema, sugiere, sería dejar de cobrar algunos impuestos para generar empleos.

 

“Bajos ingresos estanca indicadores”

Para la exsecretaria de Desarrollo Social, Beatriz Zavala, los bajos ingresos en la mayoría de la población resulta determinante en el estancamiento de la pobreza, en tanto condiciona el acceso a bienes y servicios, incluida la alimentación suficiente y satisfactoria.

De hecho la variable ingreso era la que el Coneval consideraba para medir los niveles de pobreza. Sin embargo, recientemente aprobaron otros indicadores referidos a las carencias en salud, educación, seguridad social, entre otros”.

Pero la realidad es que el factor ingresos todavía sigue siendo el más determinante”, enfatiza la diputada federal del PAN.

Señala que las actuales condiciones económicas del país repercuten en los niveles de pobreza, en tanto no presentan mejorías en aspectos como la generación de empleo y la inversión productiva.

Sin embargo, a partir del año 2000, cuando el programa Oportunidades se incrementa, con apoyos económicos a las familias en situación de pobreza extrema, ésta fue disminuyendo. Incluso durante la crisis internacional de 2008 que afectó el precio de los alimentos básicos, se incrementaron las becas del programa y algunos de sus componentes, lo cual ayudó que la población en esa circunstancia no aumentara, según demuestran las mediciones del Coneval. Pero la crisis sí le pegó a otros grupos de la población”, reseñala.

Interrogada sobre si la política del actual sexenio presenta diferencias con respecto de las dos administraciones federales anteriores, la diputada Zavala Peniche respondió afirmativamente.

Iniciado la administración crearon la estrategia denominada de la Cruzada Nacional contra el Hambre y que, como está planteada, resultaba positiva al buscar la suma de esfuerzos de varios programas sociales para la población en extrema pobreza.

En cuanto al programa Oportunidades, Zavala Peniche comentó que la secretaría del ramo planteó en el arranque de la administración que éste podría desaparecer, porque creaba dependencia económica de las familias. Pero, remarcó, la realidad muestra que cambió de parecer.

 

El poder de compra cayó 77%, en 25 años

El número de mexicanos que ya no tienen poder de compra para los gastos básicos en los hogares muestra una tendencia hacia el alza, lo cual es “histórico” y “preocupante”, porque eso habla del empobrecimiento de la población nacional en vez de que mejoren su calidad de vida.

Después de la crisis de 2009, empezó a mermar “dramáticamente” la capacidad de compra que tenía el salario mínimo hace tres décadas y cada vez se reduce más, al grado de que no alcanza ni para la canasta básica.

Especialistas del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM señalaron que de 2010 a 2012, dos millones de mexicanos tuvieron una reducción en su salario mínimo nominal, lo cual habla de que han visto una disminución en la cantidad de dinero que ganan, al compararlo con el costo de los productos y necesidades básicas como salud y educación.

Los análisis económicos del coordinador del CAM de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, Luis Lozano Arredondo, confirman lo que muchos mexicanos perciben en sus bolsillos: el sueldo cada vez les alcanza menos para las necesidades básicas y eso se traduce en empobrecimiento.

El reciente estudio que elaboró el investigador Lozano concluye que en 40 años el gobierno federal ha gastado dos billones de pesos en programas para el combate a la pobreza; sin embargo, en vez de que haya menos pobres, son más lo que se han sumado.

De hecho, consideró que por la caída del poder adquisitivo, 90 millones de mexicanos tienen algún rasgo de pobreza, pues aunque desde el sexenio de Carlos Salinas se intensificaron los recursos para disminuir las extremas carencias en los hogares (como el programa Solidaridad), no ha habido ninguna mejoría.

En promedio, explicó, que en esos 40 años el gobierno ha destinado millones de pesos para “sacarnos de la pobreza, pero estamos en una condición peor”.

En el sexenio de Carlos Salinas se otorgaron más recursos para los programas sociales. Fue el gobierno que destinó más dinero, pero vemos que ese presupuesto no mejoró la calidad de vida de los mexicanos. Fue en esa época cuando se destinó más presupuesto, pero de esos años a la fecha aumentó la pobreza”, apuntó.

Ante la caída del salario mínimo, dijo que hay una pérdida del poder adquisitivo en México tan sólo para la adquisición de los alimentos y sin tomar en cuenta que aún hay que pagar los servicios, como luz, teléfono, gas, transporte y vivienda.

En cifras duras, el académico Lozano Arredondo señaló que eso ha ocurrido porque de 1987 a 2014 ha habido una pérdida en el poder adquisitivo equivalente al 77.8 por ciento, lo cual se traduce en menos dinero en los bolsillos de los mexicanos para comprar “una canasta alimentaria recomendable”.

Aunque hoy un trabajador reciba más dinero en efectivo, cada vez puede comprar menos. Esto se explica por la política impuesta de contener y regular el salario con los famosos topes salariales, de no más de 4 por ciento anual”, precisó el análisis elaborado por el CAM bajo el título México: Fábrica de pobres.

Es por ello que cada vez hay más mexicanos que si bien no entran en la clasificación de pobres, sí se están empobreciendo, porque su calidad de vida se ha ido reduciendo, puntualizó el profesor universitario, pues el incremento salarial tiene un tope y año con año no corresponde con el incremento observado en los precios de los alimentos que una familia mexicana requiere para el desarrollo saludable.

Hoy resulta superior el incremento en los precios de la canasta alimentaria recomendable que el aumento anual al salario mínimo”, explicó.

El salario mínimo en picada

En 1987, por ejemplo, con un salario mínimo podías comprar hasta 280 piezas de pan, pero hoy apenas alcanza para 57 piezas, considerando que cada una vale 1.1 pesos y que el salario mínimo es de 67.2 pesos.

El ejemplo, comentó el maestro Lozano Arredondo, es muy claro y demuestra que “la calidad de la vida en México ha descendido gravemente y es peor”, no sólo para quienes padecían pobreza, sino incluso para quienes hace más de 35 años tenían más poder de compra.

El hecho de que los profesionistas ganen menos que en los últimos 15 o 20 años está teniendo repercusiones en la expectativa profesional de muchos jóvenes en el país, porque ha empezado a dejar de ser atractivo tener una carrera, sabiendo que ganarán poco.

El problema en nuestro país, añadió, es que hay gente con altos niveles de estudio, pero con poca remuneración salarial “y eso es incongruente”. Entonces, “hay jóvenes que dicen que no tiene sentido estudiar una maestría o posgrado si finalmente no van a mejorar su sueldo o de plano hay quienes no ven como una opción estudiar una carrera”, lamentó.

Aunado a ello, el investigador de la Universidad Nacional mencionó que las prestaciones sociales han empeorado y se han perdido: en 2010 había 29 millones 800 mil mexicanos sin prestaciones sociales; hoy son 30 millones de mexicanos sin prestaciones, debido al incremento en el trabajo informal y crecimiento del trabajo infantil.

La vivienda hace 20 años era diferente en tamaño, espacio y acabados, pero hoy son peores casas con peores condiciones, malos acabados y salen más caras”, y eso habla de que se paga más, pero se vive peor.

Las cifras oficiales señalan que más de 52 millones de mexicanos viven en pobreza, pero considerando la pérdida del poder adquisitivo, la población nacional se ha vuelto más pobre, su calidad de vida se ha reducido y quienes antes podían contar con una parte de su ingreso para gastos de entretenimiento hoy es imposible que tenga esa disponibilidad económica, “ya no alcanza”.

 

La marginación sigue igual: Coneval

En los últimos 20 años, las cifras de mexicanos que no tienen dinero para el gasto de la canasta básica, salud, educación, servicios y otros gastos familiares prácticamente siguen intactas, es decir, que no hay una reducción como tal.

Datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan que entre 1992 y 2012 el número de mexicanos con pobreza de patrimonio es casi igual.

Al comparar ambos años, no hay ni un punto porcentual menor, lo cual habla de que hay carencias no sólo para la compra de alimentos, sino que millones de mexicanos tienen un sueldo que no les alcanza para pagar gastos de salud, educación y otros servicios, aunque destinaran todo el ingreso mensual de su sueldo.

El Coneval señala que la pobreza patrimonial es “la insuficiencia del ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria, así como para realizar los gastos necesarios en salud, vestido, vivienda, transporte y educación, aunque la totalidad del ingreso fuera utilizado exclusivamente para la adquisición de estos bienes y servicios”.

Esta insuficiente en el ingreso de los mexicanos no ha descendido en los últimos 20 años, pues en 1992, el 53.1 por ciento de la población padecía esa pobreza, es decir que de cada 100 mexicanos, a 53 no les alcanzaba todo su sueldo para gastos de comida, vivienda, salud, educación, vestido y transporte.

Dos décadas después (2012), la cifra de mexicanos en esa situación de pobreza no disminuyó ni .8 por ciento, ya que 52.3 por ciento no percibe un salario para solventar los gastos; es decir, que por cada 100 mexicanos, a 52 no les alcanza su sueldo para poder cubrir alimentos, vestido, salud, educación, vivienda y transporte.

Aunque en la crisis de 1994 esa cifra subió a 69 por ciento, el descenso a 52.3 por ciento en 2012 es similar al número de mexicanos que hace dos décadas tenían un ingreso que ni usándolo todo les alcanzaba para gastos básicos.

Lo anterior, según los estudios de especialistas de la UNAM que estudian la caída del salario mínimo en el Centro de Análisis Multidisciplinario, revela que si bien los dos sexenios anteriores lograron contener la cifra de gente que no tiene dinero ni para comprar una canasta básica, no pudieron mejorar la calidad de vida.

Más de la mitad de la población carece de un sueldo para solventar gastos del hogar y aunque pueda comprar una canasta básica, no le alcanza para ofrecerle ropa a los niños.

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