Descarta Cárdenas que “este PRD” gane en 2018

Afirma que “este PRD” no tiene posibilidades de llegar a la presidencia en 2018, pues es un partido en “declinación”, aunque todavía puede recuperarse

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28/04/2014 09:08 Pascal Beltrán del Río
Segunda y última parte

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de abril.- En esta segunda parte, el excandidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas acepta que sigue convencido de que hubo fraude electoral en 1988 y que no le ve posibilidades al PRD de llegar a la Presidencia en 2018.

Asimismo, considera que los 12 años del PAN en la Presidencia “significaron un grave retroceso” para el país. También explica por qué cree que el INE representa un retroceso de la federalización.

—Cómo calificaría sus años como gobernador?

—Tengo que decir que fueron buenos. Yo creo que se hizo el trabajo que se pudo hacer, no todo lo que se hubiera querido, pero yo diría que todo lo que se pudo hacer. Fueron años no fáciles, de restricciones económicas, de recortes económicos que imponía la Federación, que no avisaba, simplemente decía se recorta el presupuesto que les habíamos dicho en 5% y luego en otro 5%, y pues qué había qué hacer, abrir hoy y tapar hoyos, y así fueron los primeros años. Después se pudo trabajar más ordenadamente, sobre todo 83-84 fueron años complicados por estas razones.

—Usted hace algo que no sé cuántos gobernadores en funciones lo habrán hecho, en todo caso muy pocos, que es hablar sobre la Revolución mexicana, sobre el PRI, sobre cómo veía usted al país de forma bastante crítica, en Jiquilpan en el 85, me parece 86…

—Así es, en esos años el Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas, que está en Jiquilpan, empezó a organizar lo que llamó las Jornadas de Occidente, Jornadas de Historia de Occidente, y me invitó a participar —por cierto, tiene 32 años organizándolas, sin haber fallado ningún año—. Yo presenté un trabajo, principio de un ensayo, que se quedó precisamente ahí pendiente de seguir, sobre el camino que había seguido la Revolución mexicana y por dónde tendría que seguir, que a muchos no les gustó porque había algunas partes críticas, pero yo diría muy objetivas.

—Por decirlo, ¿a quién le incomodó, quién le llamó, cómo supo usted?

—Nadie me llamó, pero pues se entera uno que a alguna gente no le gustó… Y bueno, que dijera que el PRI tenía que democratizarse, que había épocas donde la consigna era “sigamos la directriz del señor Presidente, ningún otro principio”, y pues parece que ahí andamos otra vez.

—¿Y el presidente De la Madrid tuvo alguna reacción?

—No, ninguna
reacción. Con él no hubo mayor problema de manera directa.

—No recuerdo si antes de haber dejado la gobernatura o poco después participa en la XII Asamblea en el Auditorio Nacional y se encuentra con Porfirio Muñoz Ledo, los dos están esperando sus coches y no sé si de manera muy casual entablan una conversación…

—Empezamos a platicar, salimos juntos, sobre cómo ves al país; él acababa de dejar la representación en Naciones Unidas.

—¿Se conocían bien entonces?

—Nos conocíamos bien porque habíamos tenido algún contacto en la universidad; somos más o menos contemporáneos, él en Derecho y yo en Ingeniería. En Francia coincidimos, no nos veíamos muy frecuentemente, pero de repente nos encontrábamos, pero sabíamos quién era quién. Nos habíamos encontrado también ya con él, como presidente del partido, yo como candidato a senador, habíamos tenido una mayor relación. Después él estuvo, entiendo, en la Secretaría de Educación. Entonces ya había una relación con él y empezamos a platicar sobre la situación del país, de las preocupaciones que ambos teníamos, y quedamos simplemente en seguir platicando, y de ahí surge que invitáramos a algunos amigos a compartir nuestras preocupaciones, nuestra visión del país, de nuestra visión del partido, y de ahí surge la Corriente Democrática.

—En la casa de Ifigenia Martínez…

—En la casa de Ifigenia Martínez donde estamos diez o 12 personas más o menos, Armando Labra, Leonel Durán, César Buenrostro, Janitzio Mújica, Rodolfo González Guevara…

—Y de esas diez personas cinco siguen adelante y otros cinco no…

—Seguimos adelante Ifigenia, Leonel Durán, César Buenrostro, Porfirio y yo. Los demás en distintos momentos decidieron separarse de la corriente, otros se habían sumado posteriormente, algunos siguieron, otros no.

—¿Hubo momentos en los que les hicieron ver desde el oficialismo que lo que estaban haciendo en esos momentos no era bien visto?

—Nunca de manera directa, nunca de la voz del presidente del partido y desde luego del presidente de la República, ellos siempre dijeron “están ustedes en su derecho, síganle, les daremos todas las facilidades”. No nos dieron ninguna, pero evidentemente empezamos a sentir los ataques de la gente de la CTM, de diputados cuando hubo la XIII Asamblea.

—Ahí dice usted en su libro Sobre mis pasos que se le fueron a la yugular.

—Augusto Gómez Villanueva, Beatriz Paredes, Jesús Murillo Karam, entre otros que no recuerdo en este momento.

—¿Cuál fue el reproche?

—Pues que estábamos tratando de tomar un camino distinto al del partido, que posiblemente estábamos tratando de impulsar alguna candidatura que no se sabía claramente cuál era, que teníamos intereses personales, en fin, nada concreto y ninguna cuestión que pudiera llevarse al estatutario.

—¿En qué momento decide usted ya no más, nos vamos del PRI o me voy del PRI, no hay nada que hacer aquí?

—En ningún momento. Nosotros teníamos la certeza de estar actuando de acuerdo con los principios del partido, dentro de lo que marcaban sus estatutos, y bueno, cuando estábamos planteando la necesidad de una elección interna, de lo que podríamos llamar una primaria para decidir quién era el candidato. Lo que realmente nos llevó a la confrontación con el gobierno, con el partido y con el presidente fue que demandábamos un cambio no sólo en la política económica y social
—con un mayor énfasis con las cuestiones sociales, había un fuerte deterioro de los niveles de vida desde entonces—, sino que estábamos pidiendo que el partido cumpliera con sus estatutos, que hubiera un procedimiento democrático para elegir a sus candidatos, y entre esos candidatos, el más importante era el candidato a presidente de la República. Eso fue la confrontación, pero por más que dijeron o hasta gritaron, pues nunca se atrevieron a iniciar un proceso de expulsión; qué sucedió, bueno, pues cuando se decide en aquella pasarela en que exhiben...

—…Porque ustedes provocan esa pasarela, la sucesión presidencial cambió...

—...En esa pasarela que muestra, yo diría en muy malos modos, a los que pasaron por esa pasarela y no fueron elegidos.

—¿Algunos se salvaban en esa pasarela, es decir, si alguno de ellos...?

—...Yo diría que todos hablaban muy bien, pero bueno...

—¿Incluyendo  Salinas?

—No recuerdo lo que hayan dicho, pero yo diría que a nadie podría reprochársele por lo que dijo en ese momento. Lo que me parece es que algunos pecaron de ingenuidad o fueron sabiendo que se trataba de un teatro; desconozco quién puede ubicarse en un lado o en otro. Si creyeron que era realmente una cuestión auténtica o pecaron de ingenuos. Y bueno, cuando ya se da el destape, el PRI se vuelca a favor de Salinas, nosotros teníamos que tomar una decisión, aceptábamos como miembros del partido esa decisión, nos sumábamos a la campaña, buscábamos posiciones, buscábamos una campaña sin candidato, buscamos una campaña con candidato en el círculo blanco o buscábamos aceptar que no estaban totalmente claras las ofertas que nos habían venido haciendo desde semanas atrás alguno de los partidos constituidos y que se quedaron sin candidato cuando Salinas fue declarado candidato.

—Si hubiera sido otro el candidato que Carlos Salinas, ¿habría habido la posibilidad de que ustedes aceptaran esa candidatura?

—No, no, no. Hubiera habido eventualmente la posibilidad de que alguno de los partidos que después formaron parte del Frente Democrático no me hubieran postulado posiblemente, pero eso es entrar en las suposiciones y no quiero entrar en ellas.

—Usted mismo lo dice en su libro, haber aceptado en ese momento esas candidaturas del PARM, PPS, PST era muy arriesgado…

—Así es, y todos los que estábamos en la propia Corriente Democrática en ese momento, pues hicimos valoraciones no muy favorables de esos partidos, pero pues fue la única forma que había para participar y dijimos “vamos a agarrarnos de este clavo” y por ese clavo nos vamos.

— Ingeniero, a tantos años que han pasado desde la elección, usted sigue convencido de que hubo un fraude electoral en el 88…

—Sigo convencido. El libro autobiográfico de Miguel de la Madrid me lo confirma, las cifras que tuvimos no completas de aquella elección también me hacen ver que el resultado estaba siendo favorable. Lo que he podido saber después de un conteo de votos paralelo, esto no público, no legal, bueno todo esto que hemos podido saber a mí me hace pensar que la ganó el Frente Democrático Nacional.

—El paralelo quién lo manejaba, en manos de quién estaba.

—Lo manejaba el ingeniero De la C, Óscar de la C, si no mal recuerdo.

—¿Y ha podido usted conocer esa información?

—No he podido conocer esa información, pero sí que él manejaba un sistema paralelo de información.

—Pasada la elección los tres candidatos presidenciales de oposición, por lo menos el candidato del PDM, se reúnen en el departamento de Luis H. Álvarez…

—...El candidato del PAN y del PRT. Nos reunimos el candidato del PAN, que estaba acompañado, quiero pensar, de Luis H. Álvarez, porque era su departamento, no tengo la certeza de si ahí estaba Diego Fernández de Cevallos y sí estaba Carlos Castillo Peraza. Y por parte del Frente Democrático estábamos Porfirio Muñoz Ledo y yo.

—Porfirio y Castillo Peraza redactan.

—Redactan, y desde antes de redactar el documento hablamos por teléfono con Rosario Ibarra para invitarla a sumarse a la protesta que llevaríamos a Gobernación esa noche, el día mismo de la elección.

—Bueno, llegan a Gobernación, primero no querían dejarlos entrar, posteriormente los reciben.

—Sí, sí nos abrieron paso.

—¿Cómo fue la comunicación con Bartlett?

—Fue muy tensa, en realidad simplemente le dijimos que queríamos leer frente a él y la Comisión Federal Electoral ahí reunida y presidida por él como secretario de Gobernación un documento que ahí se leyó. Era una protesta por las muchas irregularidades que habíamos conocido, no teníamos claridad de “la caída del sistema” o “callada del sistema”, esto lo supimos después, porque andábamos en otras cosas y cada quien andaba en otras cosas, pero ahí se presentó esta protesta que después se leyó ante los medios, ahí mismo en la Secretaría de Gobernación.

—¿El sistema se cayó o se calló…?

—Se cayó y se calló. De caerse y callarse, porque por varios días no hubo información oficial, pero lo que después hemos sabido, y esto lo dice Miguel de la Madrid en su libro, es que la información de 45 por ciento de las casillas se dio en forma agregada por distrito, o sea que los votos de 45 por ciento de las casillas nunca se contaron, o si se contaron nunca se hicieron públicos los resultados. Entonces, de hecho hubo dos elecciones en el país: las de las casillas donde se contaron los votos y donde aparentemente el Frente Democrático iba ganando la elección presidencial, y las casillas cuyos votos nunca se contaron o nunca se hicieron públicos, y que pues no sabemos qué pasó con ellas y que a final de cuentas dieron resultados distintos a los que daban las casillas donde sí se habían contado los votos.

—Con los años usted se reencuentra políticamente con Manuel Bartlett, ¿cuál fue el papel de Bartlett en ese momento y cuál es su papel ahora?

—Pues fue el de ser secretario de Gobernación del gobierno de Miguel de la Madrid; yo creo que esto es lo más claro para explicarlo y creo que quien tendría que dar a conocer lo que él sepa, no lo que él hizo, pero sobre todo lo que él sepa, es él. Nosotros sólo podemos deducir, como digo, que hubo un sistema paralelo; que se ocultaron los votos; que se negó la información al público; que lo que nosotros pudimos conocer no daba el triunfo al candidato presidencial del PRI, pero yo creo que quien mejor podría saberlo, o una de las personas que podría tener más información que la que yo tengo, es él.

—¿Cree que Manuel Bartlett ya dijo todo lo que sabe?

—No sé, sólo él puede saberlo.

—¿Pero hay cosas que a usted le gustaría preguntarle a Manuel Bartlett?

—Pues hay cosas que me gustaría que él dijera motu proprio, que él sabe lo demás. Lo demás ya es pasado, y yo diría que está juzgado por la historia.

—¿Construir el PRD fue la forma de evitar que el movimiento postelectoral desembocara en la violencia?

—Fue sobre todo el lograr una organización que no existía en el país, conjuntar a muchas fuerzas que se habían movido de manera disgregada, de manera individual; no sé si con ello se evitó el que hubiese violencia o más violencia, porque no hay que olvidar que la construcción del PRD costó por lo menos 600 muertos, pero seguramente no hubo actos violentos concentrados como pudo haber sido una matanza en el Zócalo o alguna cosa parecida si alguien se le hubiera ocurrido asaltar Palacio cuando había una capacidad de fuego ahí reforzada a la que normalmente había existido en este edificio.

—¿Llegó un momento durante la protesta postelectoral que usted sentía que las cosas podían salirse de control?

—No, en ningún momento. La gente actuó con muchísima responsabilidad, protestando de acuerdo con lo que la ley establece, pese a que la ley se había violado.

—Están a punto de cumplirse 25 años de la creación del partido; de acuerdo con las expectativas que usted tenía entonces, ¿qué es el PRD el día de hoy?

—Desafortunadamente el PRD el día de hoy es un partido en declinación que puede todavía recuperarse, yo esperaría que el cambio de dirección no sea un hecho que lo lleve a la fractura del partido, yo no creo que haya la unidad o la unanimidad en nadie, pero yo esperaría que el cambio de dirección, que la renovación de la dirección no sea una fractura fuerte para el PRD. Esperaría que además hubiese una revisión de las políticas diarias del partido, esto es, de darle más atención a su propia organización a una propuesta más cercana al sentir de la gente y a las aspiraciones de la gente, a la posición de México interna. México como país internamente y como país en lo internacional de donde el PRD ha estado ausente. Yo no he oído declaraciones del PRD en torno a los actuales problemas internacionales, por ejemplo. Me parece que hay más de un partido que tendría que estarse pronunciando.

—¿Qué temas internacionales?, porque usted es el responsable de las relaciones internacionales de la ciudad...

—...De la ciudad, donde no nos toca, por cierto, tomar posición sobre cuestiones internacionales. Del partido están los conflictos en buena parte de Sudamérica, en Venezuela, el caso de Crimea, Ucrania y Rusia, donde habría que revisar antecedentes en todos los casos históricos, qué ha sido de aquella región de Europa en los últimos tiempos, décadas, a quién a pertenecido qué, cómo se desarrollaron, todo esto no es ajeno a lo que está sucediendo actualmente.

—Sé que a usted no le gustan las geometrías políticas, pero hablemos de la izquierda. La izquierda ha estado muy callada en torno a Venezuela.

—Muy callada, muy callada, efectivamente. Espero que este diálogo que se ha iniciado, si no me equivoco, fructifique y termine con esta polarización que hay en el país y, sobre todo, que evite la violencia que ha habido en Venezuela, donde seguramente las dos partes tienen algo que aportar.

—¿Y las dos partes tienen que ver con la creación de este conflicto, o cómo se originó?

—Sin duda sí, yo creo que sin duda las dos partes tienen que ver. Yo no podría decir quién más o quién menos, pero sin duda las dos partes tendrían que aportar y poner voluntad, y ojalá la estén poniendo.

—¿Hay represión en Venezuela?

—No te sé decir, yo no he estado ahí. Hay medios que reportan, yo diría que intencionadamente, en los dos sentidos, según el canal que uno vea en la televisión, y yo creo que aquí habría que buscar una información  imparcial que no tenemos.

—Ingeniero, volviendo al partido, ¿por qué no se ha concretado la posibilidad de que usted sea nuevamente dirigente del partido?

—Estoy planteando no competir. Yo no voy a ir a una contienda; una contienda automáticamente plantea, quiérase o no, una división mayor o menor. Yo creo que el partido debiera encontrar un acuerdo en alguien, puede ser quien sea para no dividirse. Creo que lo que está a la vista en este momento puede dividir al partido seriamente y debilitarlo. El partido ha estado en un proceso de debilitamiento desde hace ya un buen número de años, por lo menos desde hace diez años; lo vemos en las elecciones intermedias, la de 2003, la de 2009, las del año pasado, que no son propiamente las intermedias, las del año próximo, pero que nos dan una señal, yo diría muy preocupante, de lo que puede esperar el PRD en 2015.

—Ingeniero, quiero pensar que el PRD se construye pensando en que la izquierda o las fuerzas progresistas puedan llegar a la Presidencia de la República y desde ahí incidir en las políticas públicas o en la dirección del país, y sin embargo la transición democrática o la alternancia democrática se va por otro lado, se va por la derecha, ¿esto es una tragedia para la izquierda?

—No, pero es sin duda un llamado de atención, por qué se dio eso, por qué no se pudo, yo diría que ahí somos muchos los responsables, y los más recientes tendrían la obligación de haber corregido lo anterior, esto es, los que siguieron debieron haber corregido lo que nosotros nos equivocamos, los que empezamos antes. Pero desafortunadamente no sucedió así en 2003, 2006, 2009, 2012… espero que en 2015 sea otra situación, pero con una perspectiva sumamente complicada para el PRD, yo creo que está a la vista sin entrar en muchos análisis.

—Usted como dirigente del partido promovió alianzas entre el PRD y el PAN en estados como San Luis Potosí, Tamaulipas, otros lugares, y sin embargo, cuando se dio la campaña de 2000, todavíƒa días antes de las elecciones, recuerdo a Vicente Fox en el Zócalo haciendo un llamado para la unidad o la declinación suya, ¿con el paso del tiempo usted cree que fue una decisión correcta?

—Creo que fueron decisiones correctas, yo creo que la situación del país antes del 97 y después del 97 en materia electoral es muy distinta. Antes del 97 había que ir por la defensa y por lograr que el voto se respetara; más que otra finalidad, más que otro objetivo estábamos buscando que el voto se respetara y tratando de construir mayorías con ciertos acuerdos programáticos y acuerdos en torno a candidaturas, así se fue efectivamente en San Luis, Tamaulipas que yo recuerde, Durango no recuerdo exactamente. Yo diría que después las elecciones, las situaciones fueron diferentes, y en el 2000 se efectuó un gran acuerdo de toda la oposición en torno a un programa, se avanzó de una manera importante en la formulación del programa, no se logró un acuerdo sobre cuál sería la forma de definir el candidato presidencial y ahí se rompió la posibilidad.

—¿Qué fue lo que impidió que hubiera esa alianza en 2000?

—Desde mi punto de vista fue el que Vicente Fox no estuvo dispuesto a someterse a un procedimiento de elección que finalmente recomendaron a quienes tanto de su parte como de la mía propusieron un esquema, que era una encuesta más una votación en urnas distribuidas en todo el país. Yo finalmente dije que cualquiera que fuera el procedimiento de elección lo aceptaba y él finalmente dijo que no.

—Hay quien dice que en esas negociaciones del 99, quien jugó un papel determinante para que no se diera la alianza fue Diego Fernández de Cevallos. Usted en su libro respecto a las elecciones del 88 es muy crítico de Diego sobre el papel que jugó en la destrucción de las boletas de elección de ese año, y sin embargo pasa el tiempo y usted ahora tiene una muy buena relación con Diego.

—Tengo una buena relación personal, con posiciones políticas distintas. Tenemos una visión del mundo, y yo creo que del país, distinta; sobre cómo hacer las cosas diferimos, pero esto no quita que haya una relación personal de cordialidad.

—En estos días también se cumplen 20 años del primer debate de candidatos presidenciales, usted, Diego Fernández de Cevallos y Ernesto Zedillo, recuérdeme un poco cómo fue para usted ese debate.

—Fue tenso, fue el primero, todo mundo quería replicar los debates que se daban en las campañas de Estados Unidos cuando estábamos en condiciones totalmente diferentes. Yo diría que fue un debate, como los que han sido, muy acartonado, no libre, no suelto que es como deberían ser los debates entre candidatos, pero bueno, así fue, así resultó.

—¿Usted decidió no responder los ataques de Diego Fernández de Cevallos?

—Así es.

—¿Se equivocó, ingeniero?

—Yo creo que sí, yo creo que en parte me equivoqué pretendiendo que al hacer propuestas esto tendría más efecto. Pero finalmente creo que más allá del debate que pudo haber tenido una influencia en el resultado de la elección, fueron otros factores los que incidieron en el resultado, como el asesinato de Colosio, el asesinato anteriormente del cardenal Posadas, el levantamiento de Chiapas, la campaña que montó el gobierno y el PRI de que habría caos si la izquierda llegaba al gobierno, en fin, yo creo que fueron muchos factores, y el debate fue uno de ellos que contribuyó al resultado electoral.

—Zedillo aceptó la inequidad de esa campaña…

—Lo dijo en alguna gira en el extranjero, no dijo en qué consistía la inequidad, pero evidentemente había presencia del PRI, del programa Solidaridad, los propios programas de noticias que daban toda la ventaja al candidato del PRI; daban información sobre la campaña del PRI, pero no daban información sobre otras campañas o daban información limitada, y generalmente no le prestaban voz a los candidatos de la oposición, sino únicamente al candidato del PRI.

—Decíamos también que la alternancia se fue por la derecha, por el PAN, ¿qué significaron estos 12 años del PAN en la Presidencia?

—Significaron un grave retroceso, pero yo querría señalar nada más antes que el cambio del 97 fue muy importante. Yo diría que ahí se abren los medios, ahí se logró —previamente a esa elección— que hubiese una autoridad electoral independiente, ya no dependiente del gobierno, no partidarizada, como estamos retrocediendo con esta nueva autoridad electoral, pero los 12 años de Acción Nacional lo vemos en los resultados. Con el 50 o 60 por ciento de los mexicanos en situación de pobreza; 30 años de no crecimiento económico; la crisis del 94 y 95 y la crisis de 2008 y 2009 mucho más grave que la del error de diciembre, todavía estamos apenas recuperando los índices del 2008; una desocupación en términos reales que debe afectar al 50 por ciento de la población activa por lo menos; creación de fuentes de trabajo sólo en la economía informal, muy pocas fuentes de trabajo nuevas en la economía formal; violencia que se ha desatado y expandido en prácticamente todo el país, Michoacán y Tamaulipas, que registran hechos de violencia todos los días, más allá de los hechos de corrupción, como Oceanografía, Fobaproa, y ahora salió otro más de una de las casas en cuestiones digitales, en fin, es lo que estamos viendo.

—Este PRI que regresó a la Presidencia en 2012 ¿es distinto o es el mismo PRI?

—Tiene mucho parecido, yo diría que es distinto, pero tiene mucho parecido. En lo que es distinto es en lo poco bueno que pudo haber habido en estos años, y en lo que es parecido es en lo mucho malo que había en los años anteriores. No hay debate interno, en las grandes discusiones no lo hemos visto, ya no hablo de un disidente, de una sola voz discrepante, disonante o distinta, aun en el matiz sobre estas reformas que por montón el gobierno está aventando  hacia el Poder Legislativo y hacia el país.

—La violencia, ingeniero, por último, ¿tiene solución?

—Tiene solución, pero tiene solución si es que hay crecimiento económico, si es que hay industrialización del país —como parte del crecimiento económico debe haber industrialización—, si se rehabilita al campo en sus aspectos productivos, si en paralelo al combate directo a la delincuencia hay programas no de asistencia social, que posiblemente sean necesarios temporalmente, sino con generación de empleos formales; proyectos productivos donde la gente participe y se beneficie de elevar la calidad de la educación, de garantizar que no haya rechazados en las universidades, que se trate de ampliar la capacidad en las universidades. Yo creo que si no se hace una política con fuerte contenido social que vaya realmente a abrirle oportunidades a la gente difícilmente se podrá combatir la delincuencia de fondo.

—Usted conoce muy bien Michoacán; ¿el plan que se está aplicando en este momento lleva a algún lado?

—No lo conozco en detalle, no veo que haya, al menos en este momento, ni un programa intenso de obra pública —se ha anunciado algo—; no veo un programa de generación de empleo formal, no sólo de creación de comedores, que seguramente son buenos, pero no son suficientes para evitar que los hombres, los jóvenes, las mujeres jóvenes caigan además de las redes de la delincuencia. Yo creo que todo eso está faltando, no veo programas de deporte, de fortalecimiento de educación, que es por donde deberíamos estar viendo también cómo se combate a la delincuencia.

—Me decía usted también que la autoridad electoral, con la partidarización de los nombramientos para el Consejo General, me dice que ve un deterioro…

—Veo un deterioro y veo un deterioro también en el retroceso de la federalización, esto es, en vez de tener 32 autoridades locales en materia electoral, habrá una autoridad descentralizada con delegados, porque no creo que el presidente del Consejo Electoral aquí vaya a ir a organizar la elección de Chihuahua o Chiapas o la de Aguascalientes. Tendrá que ir gente de allá, delegados de allá que finalmente van a tener la influencia, quiérase o no, que dizque se quiere evitar, de los gobernadores, si ningún gobernador va a dejar que sus procesos electorales le pasen desapercibidos, al menos el de Michoacán, pudiera ser, pero fuera de él no creo que ningún otro dejará pasar desapercibido el proceso electoral, seguramente a cargo del comisionado hoy en Michoacán.

—Déjeme ponerle rápido dos nombres en la mesa: Porfirio Muñoz Ledo.

—Amigo, compañero, dando la pelea a pesar de las diferencias que hemos tenido.

—Andrés Manuel López Obrador.

—Dando su pelea.

—¿Lo ve nuevamente candidato?

—Yo creo que sí.

—¿La izquierda, el PRD en concreto, esta izquierda, este PRD tiene posibilidades de llegar a la Presidencia en 2018?

—Este PRD, no. Si no hay una recomposición, un fortalecimiento del PRD en todos los órdenes no veo cómo pueda aspirar, ya no digo a llegar a un cargo mayor.

—Ingeniero, ¿planes personales?

—Seguir en la lucha; eso desde cualquier trinchera se puede llevar a cabo.

—¿En el PRD?

—En el PRD o donde sea, por la soberanía del país, por la equidad entre los mexicanos, por un mundo equitativo.

—Ingeniero Cárdenas, muchas gracias.

—Al contrario, Pascal,gracias a ti.

 

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