Los huevos Fabergé, una lujosa tradición

El joyero de la familia imperial rusa los volvió una referencia del Domingo de Pascua

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20/04/2014 03:35 María Fernanda Navarro
Sólo hay noticias de 42 de 50 piezas creadas por el joyero Carl Fabergé. Sus huevos de Pascua son sinónimo de arte y opulencia. Cada una de las piezas —íconos de la Rusia zarista— puede costar millones de euros. Foto: AP
Sólo hay noticias de 42 de 50 piezas creadas por el joyero Carl Fabergé. Sus huevos de Pascua son sinónimo de arte y opulencia. Cada una de las piezas —íconos de la Rusia zarista— puede costar millones de euros. Foto: AP

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de abril.- En muchas culturas alrededor del mundo el Domingo de Resurrección, también conocido como de Pascua, es tradición regalar huevos adornados con diseños de colores ya sea pintados a mano o envueltos en diversos materiales.

Aunque esta costumbre se relaciona con el cristianismo, se cree que regalar huevos que simbolizan vida y fertilidad era una práctica de la época de los faraones en Egipto, así como de los reyes de Persia.

Desde entonces año con año, amigos y familiares se obsequian los coloridos huevos cocidos o de chocolate que actualmente gozan de mayor popularidad sobre todo entre los niños.

Sin embargo, el extravagante gusto de la familia imperial rusa por decorar los huevos de Pascua que se regalaban, hizo de esta tradición popular un arte valorado y resguardado hasta nuestros días.

La costosa tradición de la monarquía rusa empezó en 1885 cuando el zar Alejandro III de Rusia decidió regalar un huevo de Pascua a su esposa, la emperatriz María Fiódorovna Romanova. Pero en este caso resulta evidente que cuando la realeza hace obsequios a los integrantes de su estirpe la sencillez no es una opción y el lujo parece imprescindible.

El huevo que también se cree fue un regalo por los 20 años de compromiso de la pareja, constaba de varias capas, la primera era un “cascarón” de oro esmaltado con pintura blanca, en su interior resguardaba una yema de oro, que al abrirla revelaba una gallina también de oro pintada a mano con diversos colores, misma que en su interior escondía un anillo del que colgaba una piedra de rubí en forma de huevo.

Desde ese año y hasta 1916 los huevos de Pascua con detalles distinguidos se siguieron obsequiando entre los integrantes de la dinastía Romanov.

El diseño de estos obsequios, que están valuados en varios millones de euros, fue el reconocido joyero ruso Carl Fabergé.

De acuerdo con la página oficial de este joyero, para elaborar los huevos era necesario empezar a diseñarlos desde un año antes o más “involucrando a un equipo de artesanos altamente calificados, quienes trabajaban bajo mucho secretismo”.

El objetivo de Fabergé era sorprender a la familia imperial cada año con sus creaciones en las que llegó a incluir los retratos miniatura de los Romanov.

Luego de la muerte de Alejandro III, su hijo Nicolás II continió con la tradición y cada año obsequió un huevo a su esposa, Alejandra Fiódorovna, y otro a su madre.

El huevo más costoso de esta colección fue diseñado en 1913 y es conocido como Huevo de Invierno, tallado en una piedra preciosa conocida como Cristal de Roca y adornado con diamantes que formaban figuras de copos de nieve, colocado en una base de cristal y en su interior guardaba una cesta de flores blancas elaboradas con oro y cuarzo blanco.

El Huevo de Invierno se vendió en 2002 en la casa de subastas Christie’s, en Nueva York, por un precio que alcanzó los 9.6 millones de dólares.

Durante 1904 y 1905 se suspendió la elaboración de los huevos debido a la inestabilidad política que se desató durante la Guerra Ruso-Japonesa, y en 1916 la producción se detuvo totalmente cuando la Revolución Rusa acabo con la dinastía Romanov, pero también con la Casa joyera Fabergé.

No obstante, los huevos han sido valorados y resguardados hasta nuestros días, aunque sólo se sabe el paradero de 42 de los 50 existentes.

De hecho, en marzo pasado se dio a conocer que un chatarrero estadunidense tuvo en su poder durante años un huevo de la colección imperial de Fabargé, y no fue sino hasta 2012 que se percató del valor del ejemplar labrado en oro y decorado con diamantes de zafiro, después de una consulta en internet y más tarde al director de la casa de antigüedades londinense Wartski, Kieran McCarthy.

Tal vez sea innecesario mencionar que el chatarrero, del que se desconoce su nombre, es ahora millonario.

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