En el PAN faltan políticos profesionales: Juan José Rodríguez Prats, exdiputado panista

El también exsenador afirma que la inmensa mayoría de albiazules les disgusta lo sucio de la política, lo que ha detonado la presencia de grupos con pocos escrúpulos en busca de poder

COMPARTIR 
09/04/2014 05:45 Wilbert Torre
Juan José Rodríguez Prats afirma que Felipe Calderón inauguró en el panismo algunas de las peores prácticas del PRI.
Juan José Rodríguez Prats afirma que Felipe Calderón inauguró en el panismo algunas de las peores prácticas del PRI.

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de abril.- Tú vives de la política —le recriminó Diego Fernández de Cevallos.

—Y tú vives del litigio —se defendió Juan José Rodríguez Prats. Tu peor pecado —reclamó al jefe Diego— es mantenerte lejos del PAN. Le debes todo lo que has sido.

Ese diálogo, ocurrido hace algunos años, retrata el drama del PAN: la falta de políticos profesionales, advierte Rodríguez Prats, quien inauguró hace dos décadas una circunstancia aún no muy común en la política mexicana: en 44 años de carrera ha militado en los dos partidos que han gobernado México: el PRI y Acción Nacional.

“Como Diego, la inmensa mayoría de panistas son políticos de medio tiempo, les disgusta lo sucio de la política y se sienten impotentes ante esa realidad; son empresarios o abogados o académicos que no están dispuestos a dejarlo todo por la política”, subraya. En contraste, dice, “los priistas son políticos de riego: su vida es la política. Los panistas son de temporal”.

Tres veces diputado, senador en una ocasión y candidato panista a gobernador de Tabasco contra Andrés Manuel López Obrador y Roberto Madrazo, cita casos paradigmáticos de panistas que han declinado a entregarse a la política de tiempo completo: Francisco Barrio, Ernesto Ruffo y Carlos Medina Plascencia, exgobernadores de Chihuahua, Baja California y Guanajuato que durante años han alternado la política y la vida empresarial.

Observa que esa dedicación incompleta ha agravado la ausencia de políticos profesionales empeñados en superarse en el PAN y detonado la presencia de grupos con pocos escrúpulos y demasiados intereses en busca de posiciones políticas y de poder, un fenómeno similar a las tribus del PRD.

“Este mal perverso ya contagió al PAN”, señala Rodríguez Prats, sentado en un sillón de una casa sencilla en un barrio del sur de la ciudad. “Ahora lo representa Ernesto Cordero, pero lo inició Felipe Calderón, que vio enemigos por todos lados y en vez de usar la política para sembrar afectos y favorecer la unidad, golpeó a distintas corrientes para favorecer a su grupo”.

Rodríguez Prats es un orador vehemente y prolijo —lleva la cuenta de sus 541 intervenciones como parlamentario del PAN—, lector nocturno y autor de 22 libros. Le gusta la palabra “enrumbar”, que significa enseñar el camino, que diferencia de “derrumbar”, que significa echar abajo. Con frecuencia recurre al juego de palabras para describir la realidad de Acción Nacional.

“El PAN y México necesitan darle rumbo a la política. Construir, no derrumbar. A nadie beneficia su desprestigio. Los profesionales de la política deben serlo de verdad”, exclama y su cabellera revuelta y blanca de 68 años se sacude al ritmo de sus palabras.

Nacido en Pichucalco, Chiapas, empezó su vida política en el PRI en 1970 y se separó del tricolor en el 94, con una decena de priistas. Renunció desde la tribuna de la Cámara de Diputados con un discurso de 11 minutos que lo diferenció del resto: dijo que se iba porque lo habían engañado. Se le había prometido una senaduría y en una típica salida política de reparto de cuotas el Revolucionario Institucional lo hizo a un lado para favorecer a otro político.

Dieciocho años más tarde, las prácticas de camarillas e intereses comunes en el PRI ya habían contagiado al PAN y por segunda ocasión Rodríguez Prats naufragó en medio de una lucha de intereses: en 2012 intentó ser candidato del PAN al gobierno de Chiapas. Diego Fernández de Cevallos lo respaldó, pero el gobernador Juan Sabines lo vetó y designó candidato a Emanuel Nivón, presidente municipal de Tapachula.

Rodríguez Prats impugnó la postulación, denunció violaciones legales y cuestionó la trayectoria política de Nivón. La comisión nacional de elecciones del partido le dio la razón, pero Gustavo Madero, presidente del PAN, viajó a Chiapas y respaldó esa candidatura.

“Saltando estatutos y las reglas de la convocatoria, Madero lo hizo candidato al viejo estilo priista”, dice el político chiapaneco con residencia en Tabasco.

Un año después Nivón era detenido para declarar sobre presuntos manejos irregulares en la alcaldía de Tapachula.

“Éste es sólo un ejemplo de las formas corruptas y la descomposición en el partido”, subraya. “Madero prefirió elegir como candidato a un adherente de seis meses y dudosa reputación y no a un panista de 20 años”.

Para comprender la profunda crisis política, ética y moral de su partido, Rodríguez Prats cita cuatro etapas fundamentales:

Entre 1939 y 1962, un partido apostólico y con candidaturas testimoniales que logra sus primeros 17 triunfos en alcaldías del país.

De 1962 a 1983, la consolidación del PAN como un partido con vocación de poder y una creciente participación ciudadana. Gana en 17 municipios, entre ellos Mérida y Hermosillo. En 1969 postula a Víctor Manuel Correa Racho y el PRI retiene la gubernatura en medio de denuncias de fraude electoral.

La tercera, entre 1972 y 1983, corresponde a un partido competitivo. Se enriquece con liderazgos jóvenes tras el rompimiento con la élite financiera por la expropiación bancaria de 1982. Surge el movimiento de neopanistas con Manuel J. Clouthier, Ernesto Ruffo, Francisco Barrio y Carlos Medina Plascencia. En 1983 gana Ciudad Juárez y Durango.

De 1983 a 2000 el PAN se transforma en partido en el poder al ganar varias gubernaturas y la Presidencia.

La cuarta etapa, el regreso del PAN como partido de oposición.

“Las primeras décadas significaron un panismo de principios sólidos y una entrega total. En los 80 hubo un giro con el ingreso de los bárbaros del norte, los nuevos panistas que no pertenecían a la doctrina pero que aportaron dinero, liderazgos jóvenes y estrategia clara para extender los triunfos del partido”.

Sostiene que con Fox se mantuvieron los principios básicos del partido. Su corazón tal vez estaba con Santiago Creel, pero a nadie dio instrucciones para apoyarlo. Paradójicamente es con Calderón, un panista doctrinario, hijo de un fundador, quien hunde al partido en una franca descomposición.

“Calderón inauguró en el panismo algunas de las peores prácticas del PRI —dice el político chiapaneco—. El 2 de junio de 2007 rompió con la historia del PAN, detrás del abucheo a Manuel Espino en una asamblea nacional, porque se había negado a seguir sus dictados. Ahí el Presidente de la República emergió como jefe nacional de su partido para imponer a Germán Martínez y luego a César Nava. Después los panistas nos equivocamos al elegir a Madero, y a la descomposición política se sumó la corrupción”.

Comentarios

Lo que pasa en la red