“La Iglesia no puede ser la misma del siglo pasado”: Rivera

El cardenal subraya que está inserta en una sociedad, por lo que debe alzar la voz ante la corrupción y la violencia. Sobre el papa Francisco, señala que “su estilo va revolucionando muchas Iglesias”

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06/04/2014 08:05 Iván Saldaña

CIUDAD DE MÉXICO, 6 de abril.- Su cuadro favorito es el de la Virgen María de Guadalupe y por eso señorea la oficina. Frente al óleo, el Cristo en la pared es el segundo motivo artístico que lo enorgullece.

El cardenal Norberto Rivera Carrera, que inicia el año con más trabajo pastoral y administrativo por su tercera visita quinquenal a ocho vicarías y con un “honroso” nombramiento emitido desde el Vaticano, se da tiempo para abrir las puertas a Excélsior y mostrar en una sala de juntas un cuadro que lo motiva, la imagen del hombre que lo antecedió en el siglo XVI: fray Juan de Zumárraga.

Iniciadas las respuestas en la charla con este diario, el arzobispo primado de México aclara que no le llamaría reformistas a las políticas que el papa Francisco ha hecho dentro de la Iglesia Católica Universal, y enfatiza que “lo que el Papa está haciendo es lo que debe de hacer”.

Reconoce del nuevo pontífice (al que llama respetuosamente “mi amigo”) que “su estilo pastoral va revolucionando a las Iglesias”, entre ellas a la de México. Norberto Rivera toma su tiempo para continuar su respuesta, mira otros de los cuadros, ahora en una sala acogedora e iluminada, y asegura: “Yo creo que es un camino muy saludable para la Iglesia”.

Vuelve a tomar una pausa y después defiende que la Iglesia católica no puede ser la misma de hace 14 años, la del siglo pasado. Resalta que está inserta en una sociedad y debe alzar su voz y denunciar si ve corrupción, violencia, malos servicios, pues “es su obligación”.

El cardenal, que habla más de su acercamiento con jóvenes, laicos y religiosos, durante su visita pastoral,  antes que de haber sido elegido entre todos los del mundo uno de los ocho cardenales al Consejo de Economía que asesora al Ministerio de Economía del Vaticano, bromea y dice que para su edad el trayecto a Roma le será algo cansado, pues viajará entre cuatro o cinco veces al año.

Dice que hoy sus planes están en México, pero agrega una breve respuesta: “Me siento muy honrado porque, como pastor, nosotros no nos ordenamos sólo para servir en nuestra diócesis, o en una de ellas, sino para servir a todo el mundo, y mi cargo es para la Iglesia universal... Me llena de gozo”.

—¿Cómo se ha sentido en su tercera visita pastoral quinquenal?

—Muy bien, muy alegre, porque aunque la visita pastoral es un tanto cansada, a uno le causa mucha alegría, mucha satisfacción el ver cómo van creciendo las comunidades, cómo se van transformando, y eso para un pastor es una gran satisfacción.

—Son muchas parroquias a visitar de la Arquidiócesis, mucho trabajo comunitario.

—La visita pastoral consiste en que el decano vaya a revisar las cosas administrativas, el obispo, la organización pastoral, y teniendo esa información yo hago la clausura decanato por decanato. En los decanatos, evidentemente, hablo con los sacerdotes y hablo con los laicos, y en esta ocasión tengo una reunión especial con los jóvenes para tratar precisamente la pastoral juvenil, el lugar que ellos deben ocupar en la Iglesia y también la cuestión vocacional en la Iglesia.

—En este encuentro con encargados de parroquias y, sobre todo, con jóvenes, ¿qué inquietudes le manifiestan?

—Hay muchísimas inquietudes de los jóvenes, hay una gran sed de Dios, están buscando caminos nuevos los jóvenes que están dentro de la Iglesia, porque se sienten impulsados con la invitación del papa Francisco a salir, y a veces esa salida es muy diversa, según los ambientes.

“A mí me cambia el panorama tremendamente. Por ejemplo, si un día voy a estar allá en el decanato donde están los basureros de la ciudad y al día siguiente me suben al Ajusco, el ambiente es muy distinto. Aquí en la ciudad hay zonas muy marcadas por una piedad popular, zonas muy marcadas por la delincuencia, el consumo de drogas, etcétera, y mi encuentro quiere ser con todos, no solamente con los que están dentro sino que también, por algún motivo, se han retirado.

“Tu servidor visita estos grupos y visita a aquellos que están en una situación de riesgo, porque están en la calle, porque viven con la droga, viven en reuniones con atracción con el mismo sexo y he tenido reuniones con todos ellos, porque para todos es el mensaje de salvación.”

—Hablábamos de su nuevo cargo en el Vaticano, ¿cuáles son sus planes? ¿Aquí contempla la posibilidad de una cuarta visita pastoral?

—No sé cuánto tiempo vaya a estar aquí, dentro de tres años tengo que presentar mi renuncia, no sé cuánto más me pida el Papa o si me la acepte antes de recibirla, pero yo seguiré trabajando aquí mientras Dios me conceda y no sé si después de esta tercera visita que estoy realizando y que evidentemente no puede terminarse en dos o tres meses, sino que se prolongará, ya que además de los decanatos tengo que visitar —como lo hice ayer, por ejemplo— la Basílica de Guadalupe, los seminarios, los que trabajan aquí en el gobierno de la Arquidiócesis. Son visitas también diversificadas.

—Ya que abordamos el tema internacional, ¿cuál es su opinión de que hablemos de un Papa latinoamericano?

—Bueno, a muchos de nosotros nos causó grande alegría el que fuera elegido o hayamos elegido al papa Francisco. Creo que también otros muchos se han alegrado después al ver su estilo sencillo, humilde, con características de mucha cercanía para con todo mundo, y eso también ha causado grande alegría en la Iglesia; el poder de convocatoria del Papa es extraordinario, su estilo pastoral va revolucionando a muchas de nuestras Iglesias.

“A nosotros nos da mucho gusto también que, por ejemplo, en su documento Evangelii Gaudium refleje mucho lo que estamos viviendo en América Latina, sobre todo lo que vimos los obispos en Aparecida (Guatemala) refleja mucho de lo que esta Arquidiócesis empezó a vivir desde el sínodo arquidiocesano, o sea, la Iglesia es misionera o no es la Iglesia de Cristo.

“La Iglesia de Cristo es aquella que convoca el Señor, el Señor llamó a los que él quiso y los envió a predicar a todas las gentes, entonces si a la Iglesia le falta esa segunda característica de salir a dar el mensaje, pues ahí le estaría fallando al Señor.”

—Usted ha tenido un papel importante en la Iglesia católica mexicana, ¿trató al papa Francisco cuando él era arzobispo de Buenos Aires?

—Afortunadamente tuve la oportunidad de tratarlo no solamente allá en Roma como cardenales que somos, sino también tuve la oportunidad de tratarlo allá en Buenos Aires, y en muchas ocasiones tuvimos oportunidad de convivir.

—¿Cómo era esa relación, cómo era él?

—Bueno, yo  he visto que además de las cualidades que ya reconocía en él, hace como unos diez años —y me lo recordaron hace poco— me preguntaron unos esposos de Buenos Aires: ‘oiga, usted que es amigo de nuestro cardenal, qué piensa de él’. Yo, en aquella ocasión les dije: ‘es un santito, acérquense a él, es un verdadero santo’.

“Pero ahora he visto que el Espíritu Santo le ha regalado unos dones extraordinarios que a mí me maravillan. Me alegra esa capacidad que tiene de comunicarse, esa capacidad que tiene de sonrisa, de hacer cambios.”

—Hablaba de una revolución de las Iglesias. ¿Cómo evaluaría las políticas reformistas que el papa Francisco ha llevado en la Iglesia católica dentro de su primer año de pontificado?

—Yo no le llamaría reformistas. Lo que el Papa está haciendo es lo que debe de hacer, acercarnos más y más al Evangelio, acercarnos a nuestros orígenes. Yo creo que es un camino muy saludable para la Iglesia.

“La Iglesia, en su caminar, tiene que estar cambiando continuamente, la Iglesia no puede ser la misma del siglo pasado a este siglo, sin embargo, dentro de esos cambios, de esa reforma que debe tener siempre la Iglesia, siempre tienen punto de referencia: el Evangelio, ése no lo podemos cambiar, no lo podemos negociar, tenemos que anunciarlo, aunque eso políticamente no sea correcto.”

—En el semanario Desde la Fe se han hecho fuertes críticas de la situación de violencia e inseguridad en el país, pero ¿cuál es la percepción del arzobispo?

—Yo tendría que dejar muy en claro que una cosa es la enseñanza del arzobispo y otra cosa es lo que publica el periódico Desde la Fe, que es de esta Arquidiócesis que tu servidor preside.

“Mi principio es que en la Iglesia debe haber libertad de expresión, yo jamás les pongo cortapisas, correcciones y mucho menos censuras a aquellos que quieren expresar su modo de pensar sobre las distintas situaciones.

“La Iglesia está inserta en una sociedad y debe alzar su voz en esas situaciones pero, principalmente, tiene que ser un organismo de anuncio de la buena nueva de Cristo Jesús, hacer que el Evangelio se conozca, y por eso las principales páginas están dirigidas a reflexionar sobre la palabra de Cristo. Evidentemente esa palabra tiene que resonar en las situaciones actuales y por eso se tratan situaciones actuales que, a veces, se confrontan con el Evangelio.

“La Iglesia no puede callarse si ve corrupción, si hay malos servicios, etcétera, lo tiene que decir, es su obligación, y a mí lo que me da gusto es que esto lo digan, en la mayoría de las veces, los laicos que están dentro de la Iglesia.”

—Los obispos mexicanos han tenido acercamientos con los colombianos para aprovechar la experiencia que tuvieron frente al narcotráfico, ¿cuál es su opinión?

—Me dio mucho gusto que algunos obispos mexicanos fueran a Colombia, que platicaran del proceso de rehacer el tejido social ante el fenómeno de las drogas, pero, evidentemente, no se puede trasladar lo que ellos hicieron allá.

“México vive situaciones distintas, entonces eso nos puede servir, pero nosotros tenemos que ver muy bien nuestra realidad, tenemos que ver nuestra vecindad con Estados Unidos, tenemos que ver hasta dónde mucha de nuestra gente está preparada para nuevas situaciones.”

—Cómo sería esta vecindad; México es como un paso, ¿no?

—Bueno, México en un determinado momento fue un paso de la droga hacia el norte, pero después México se convirtió en consumidor de esa droga. La delincuencia también cambió totalmente, se dedicaban a traficar drogas, ahora la delincuencia se dedica a traficar personas, a extorsionar, a perseguir personas, entonces es cuando se pierde la razón de ser de un Estado que debe dar seguridad a los ciudadanos. Si cualquiera puede ser capturado y encerrado por un particular, bueno, en qué manos estamos.

—Después entra la Iglesia...

—La Iglesia tiene que cumplir ahí su misión de anunciar el Evangelio, la dignidad de las personas, aquello que realmente dignifica a la persona y no dejarla que se vaya por un camino de muerte.

 

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