Captura pega más a políticos corruptos que a cártel: análisis

Guzmán Loera podría convertirse en el mejor chantajista político de la historia, señalan expertos; InSight Crime publica un texto en el que delinea las consecuencias de la detención de El Chapo

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28/02/2014 05:44  David C. Martínez-Amador y Steven Dudley/ Especial/ InSight Crime
El Chapo bien podría convertirse en el mejor chantajista político de la historia, dice InSight Crime .
El Chapo bien podría convertirse en el mejor chantajista político de la historia, dice InSight Crime .

CIUDAD DE MÉXICO, 28 de febrero.- La sucesión del cártel del Pacífico no significa necesariamente violencia. De hecho, la captura de Joaquín El Chapo Guzmán podría presentar más problemas para sus cómplices políticos y empresariales que para el mismo grupo criminal.

Más allá de los grandes nombres mencionados como los nuevos jefes del cártel (tales como Ismael El Mayo Zambada), es importante tener en cuenta que los procesos de sucesión en un cártel dependen de su diseño estructural. El cártel de Sinaloa es, primero y ante todo, una confederación de organizaciones criminales basada en una cultura regional compartida y con profundos vínculos sanguíneos, que se han generado a lo largo de varias décadas de prácticas endógenas. Su liderazgo es firme aunque horizontal por naturaleza; en cierto modo funciona como una junta directiva.

El cártel de Sinaloa se caracteriza además por crear alianzas estratégicas, en el mejor sentido de la palabra. Grupos criminales extranjeros, desde pandillas méxico-americanas dentro del sistema carcelario de Estados Unidos o en los barrios hispanos de Chicago, hasta los tradicionales grupos de transportistas de droga de Centroamérica, son sus socios.

El cártel no interviene en el manejo que tienen sus socios sobre sus propios grupos. Por lo tanto, lo que afecte “el cuartel general” del cártel no necesariamente repercute en las “filiales”, ya que no hay fragmentación en los márgenes cuando hay un relevo en la parte superior.

En comparación, otros grupos como Los Zetas (un grupo que fue forjado por ex dirigentes militares)  tienen menos lazos afectivos con sus líderes, quienes deben ser más fuertes y emplear más disciplina para mantener el orden.

En otras palabras, esos grupos tienen mayor probabilidad de fragmentarse debido a que dependen mucho de un liderazgo fuerte en los “cuarteles generales”. En resumen, la verticalidad de un “cuartel” hecho cártel genera disputas en razón de que no existen mecanismos institucionalizados de sucesión, y las partes son más propensas a independizarse.

Por eso, la rivalidad entre los líderes de Los Zetas, Miguel Angel Treviño, El  Z-40, y Heriberto Lazcano, El Z-3, desgastó el cártel, lo fragmentó, y al final, el otrora poderoso cártel paramilitar se transformó, al menos en México, en un grupo muy limitado en capacidades, que sobrevive más en razón de la extorsión, el secuestro y el sicariato que el trasiego.

Esta misma debilidad estructural ha sido transferida a las filiales zetas en Guatemala y Honduras. Esto en parte se debe a que grupos como Los Zetas tienden menos a subcontratar, y por lo tanto, tienen la necesidad de reclutar y entrenar personal, y prácticamente “crear” la organización con la cual van a trabajar fuera de México. Esto significa que lo que pase en México afecta mucho más a las organizaciones afines.

En el caso del cártel del Pacífico, el proceso corre el riesgo de una sucesión lenta, y puede generar violencia, pero principalmente afecta a los sinaloenses que a los socios en el exterior, puesto que las organizaciones en Centroamérica, y en particular en Guatemala (el clan Mendoza y la estructura restante del Juan Chamale, por citar algunas), son más independientes.

Ahora estos socios tienen dos opciones: 1) mantener o transladar con mayor lentitud la mercancía hasta la frontera, mientras esperan órdenes o 2) vender la mercancía a otras organizaciones mexicanas. Cuando se dan vacíos de poder, todo mundo “guarda su boleto” porque nadie sabe a quién dárselo, y tampoco buscan pelear.

Por eso, la sucesión del liderazgo en el cártel del Pacífico es, ante todo, una situación de tipo económico y no militar. Se requiere de decisiones rápidas que generen estabilidad entre los socios y filiales a lo largo y ancho del continente, pero no requiere un ajuste total de la organización.

Ahora bien, quizá es necesario considerar la posibilidad de que Guzmán, quien era la cara visible de una empresa transnacional, se entregara voluntariamente (no seríamos los primeros en señalar esta posibilidad), o simplemente fuera sacrificado.

No solamente no se disparó una sola bala durante su captura, sino que además no hubo ni una sola reacción de violencia luego de su arresto (ha habido unas manifestaciones simbólicas a su favor). En otras palabras, es posible que el proceso de sucesión se haya dado desde hace algún tiempo. El cártel de Sinaloa siempre ha sido un increíble negociador de poder y ha puesto mayor énfasis en el lado del “negocio” de la relación.

En realidad, el riesgo que producirá la captura de Guzmán será más evidente cuando empiece a revelar las relaciones de complicidad, corrupción y protección que ha recibido dentro y fuera México. Más que una sucesión dentro del cártel, el proceso probablemente generará más problemas entre una clase política y empresarial que desesperadamente tendrá que defenderse de su testimonio.

Tal vez esta es la razón por la cual probalemente nunca será extraditado a ningún lugar fuera de México. Es más, dado su estatus como canciller de la industria de la droga a nivel regional, Guzmán podría convertirse en el mejor chantajista político de toda la historia. Incluso ahora, que está bajo custodia, habría que preguntarse quién tiene las llaves de la celda.

 

* Martínez-Amador es un profesor universitario que enseña acerca de los rituales de sangre en las sociedades secretas, cultos, sectas, cofradías y la mafia. Dudley es codirector de InSight Crime

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