Retrato hablado: Sylvia Schmelkes, el gran ojo de la evaluación docente

Será su responsabilidad mejorar las dinámicas y el desempeño de más de 1.5 millones de maestros

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26/01/2014 04:59 Lilian Hernández
Ilustración: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de enero.- Tenía 21años, era una socióloga recién egresada cuando le asignaron su primer proyecto de investigación en la Sierra Tarahumara. Hizo las maletas y estuvo viviendo con los rarámuri durante tres meses para hacer un trabajo sobre las escuelas radiofónicas de la región.

Ese viaje marcó su vida profesional, el tema de la educación indígena la atrapó, dándole la sensibilidad de percibir que mientras la desigualdad educativa no disminuya el crecimiento de nuestro país será muy lento.

Desde entonces, su empeño para eliminar la desigualad social que reproducen las escuelas del país la ha llevado a dedicar más de 12 horas diarias, por 40 años, en investigaciones de campo, disminuyendo carencias en salones indígenas y rurales.

Hoy el reto que tiene en sus manos es mayor: Establecer la evaluación para más de un millón 500 mil docentes, con el objetivo de que mejoren su
desempeño y sigan dando clases.

Esa gran tarea pesa sobre una mujer que durante toda su carrera ha soñado con exterminar el sistema de enseñanza que acentúa las diferencias sociales, porque está convencida de que la educación tiene que ser el canal que dignifique a todos los mexicanos y no sólo a los que pueden recibir una mejor formación académica.

Apasionada de la literatura de ficción y la diversidad cultural, Sylvia
Schmelkes del Valle tiene el deseo de darle un giro a la educación que se ofrece en México, haciendo eficiente su tarea: El establecimiento de la evaluación de maestros, alumnos y de todo el sistema educativo.

Educación a todos los rincones

La socióloga y maestra en investigación educativa por la Universidad Iberoamericana es para sus alumnos ejemplo de dedicación, de ímpetu por aprender todos los días, de buscar que sus estudiantes investiguen por sí mismos y vayan más allá de las clases.

Todo ese esmero la ha convertido en la primera presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), como órgano autónomo de la SEP.

Schmelkes fue elegida por los legisladores de entre 400 investigadores y expertos en educación para ocupar dicho cargo, por considerarla una mujer comprometida, esmerada, imparcial, capaz de sentar las bases para la gran tarea de evaluar a los maestros mexicanos y que quiere un México con una educación equitativa.

Impulsada por dos grandes investigadores de la educación en México: Carlos Muñoz y Pablo Latapí, reconocidos por sus profundas y severas críticas al sistema educativo, Sylvia Schmelkes se dio cuenta desde que era universitaria que su labor en la vida sería buscar mecanismos para “cambiar la moneda” de la injusticia que hay en las escuelas.

Su mayor preocupación ha sido revertir la inequidad que se reproduce en los salones de clases, porque no concibe que históricamente el sistema educativo de México beneficie más a los que viven mejor y menos a quienes en sus rostros reflejan la pobreza que los rodea.

Por eso el sueño de la primera presidenta del INEE autónomo es que el sistema educativo ofrezca calidad, pero no a unos cuantos, sino a todos los niños y jóvenes que habitan en cada rincón del país.

Su misión es encausar la evaluación para el Servicio Profesional Docente, verificando que todos los profesores de preescolar, primaria, secundaria y bachillerato cumplan con el perfil que los acredita como los docentes que son capaces de lograr que sus alumnos se preparen para la vida y no sólo para memorizar.

Luchas contra inercias

La asesora del secretario de Educación Pública, Miguel Limón Rojas, en el gobierno de Ernesto Zedillo, es reconocida por sus colegas como una mujer firme, dura y comprometida con la justicia social, de modo que no existe duda que con ella al frente del INEE se cumplirá al pie de la letra la evaluación seria y libre de corrupción de los maestros de educación básica y bachillerato.

La maestra con nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México  confía que su “enorme responsabilidad” aportará un ingrediente para que haya educación de calidad para todos y abonará a la eliminación de las inercias que tienen bajo el yugo a millones de niños y jóvenes que están sin escuela o que van a ellas en condiciones deplorables.

Galardonada por la UNESCO y el Ministerio de Educación, Juventud y Deporte de la República Checa en noviembre de 2008, la profesora estricta, un tanto dura, pero muy cariñosa, como la definen algunos de sus alumnos, entiende que hoy su reto va más allá de estudios de investigación y que definir la evaluación a la que año con año se someterán los docentes implica luchar contra inercias, rechazos, plantones, mítines y oposición magisterial.

No obstante, su misión en el instituto que preside es convertir a la evaluación en el detonante para transitar hacia la equidad educativa con calidad y aunque comprende que la evaluación por sí sola no hace magia, sabe que de su empeño dentro del INEE marcará parte del camino que le urge a la educación mexicana.

Pese a que la mayor parte de su trabajo se ha centrado en la investigación, en el gobierno de Vicente Fox hizo un paréntesis dentro de la academia para dirigir la Coordinación General Intercultural y Bilingüe de la SEP, con lo que se convirtió en la fundadora de una institución para atender a los pueblos indígenas y la educación intercultural.

Cuando el secretario de Educación Pública de ese sexenio, Reyes Tamez, le ofreció dirigir esa coordinación, su conciencia le decía que un indígena era quien debía ocupar esa silla, pero cuando el titular de la SEP le sugirió nombres, no halló a quien pudiera impulsar la educación para ese sector de la población y fue así como decidió emprender ese cometido.

“Oveja descarriada”

Sylvia es madre de tres hijos y profesora de asignatura en la Maestría en Investigación y Desarrollo de la Educación de la Universidad Iberoamericana, quien se considera algo como la oveja descarriada de la familia, por no estudiar alguna carrera vinculada a la administración o a la economía, como lo hicieron su papá y hermanos.

Ella decidió incursionar en las ciencias sociales, porque eso era lo suyo y hoy su cargo en el INEE lo confirma.

En el sexto semestre de su licenciatura, su maestro Carlos Muñoz la invitó a participar en una investigación sobre Reforma Educativa en los años 70 en el Centro de Estudios Educativos.

El trabajo duraba sólo tres meses fichando documentos, pero se prolongó 24 años, en donde tuvo la grande fortuna, como lo resalta, de tener como maestro a Pablo Latapí.

Hoy, su labor dentro del INEE es variado. Hay días de reuniones infinitas, de viajes, de leer y responder e-mails y estar en la oficina teniendo una tarea de mucho pensamiento para determinar acciones.

La presidenta de la Junta de Gobierno del Centro de Investigación e Innovación Educativas de la OCDE de 2002 a 2004 se considera golondrina; trabaja mejor de día y trata de cortar la jornada laboral antes de que sea muy noche, para darse un espacio con la familia, adentrarse a lecturas de ficción o de la diversidad de la humanidad para aprender de otras culturas y cosmovisiones que le han enseñado a abrir sus horizontes.

Pero además sabe que esos breves espacios le dan la energía y la fortaleza para desempeñar mejor su cometido, porque el calendario no perdona y los plazos para evaluar a quienes desean una plaza de maestro, así como a los que ya están en servicio, se acortan, de modo que la presidenta del INEE, junto con su equipo de trabajo, labora contra reloj; de no hacerlo, el sueño de Sylvia Schmelkes se reducirá a promesa en vez de hacerlo realidad.

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