La consigna es no entregar las armas: Estanislao Beltrán

Uno de los líderes de autodefensas dice que se irán a casa sólo cuando Michoacán quede limpio del crimen; acusa que las autoridades estatales están todas coludidas

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15/01/2014 05:54 JC Vargas y Miguel García Tinoco/ Enviado y corresponsal
Estanislao Beltrán dice que ni él ni Mireles son los líderes. Que el líder es el pueblo.
Estanislao Beltrán dice que ni él ni Mireles son los líderes. Que el líder es el pueblo.

ANTÚNEZ, Mich., 15 de enero.— El que se asoma con cuaderno en mano responde al sobrenombre de Papá Pitufo. Hombre septuagenario, mediana estatura, tez blanca y barba blanca, quien en ausencia de José Manuel Mireles se presenta ante los medios como el  coordinador general de autodefensas de Michoacán.

“Me llamo Estanislao Beltrán Torres, y que quede claro: aquí no soy el líder, ni el doctor Mireles. El líder es el pueblo y la consigna es no soltar las armas hasta que el estado quede limpio del crimen organizado.”

Su presencia en esta localidad, hoy levantada en armas, es para acercarse a las familias de los muertos de ayer, cuando cuatro personas de esta localidad (Gobernación, sin embargo, confirma sólo uno, y la CNDH informa de dos: Mario Pérez y Rodrigo Benítez) perecieron tras enfrentar al Ejército.

Papá Pitufo abre el cuaderno y pronuncia los nombres de los difuntos: “Mario Pérez Torres, Rodrigo Benítez Pérez y Alberto Flores López. La cuarta era una niña, pero alguien se llevó el cuerpo y no supimos su nombre”.

Lo rodean hombres del poblado y hombres armados de las autodefensas, mismos que insisten en seguir avanzando en territorio que aún pertenece a los Templarios. De hecho, se atrevieron a llegar hasta Nueva Italia, otrora bastión de Los Templarios, lo que desató balaceras en los últimos días.

Beltrán argumenta que la reunión entre Fausto Vallejo y Miguel Osorio Chong fue la chispa que encendió Tierra Caliente. “Deciden desarmar nuestras fuerzas comunitarias cuando el papel del Ejército es acabar con los narcos, y no con el pueblo.

“¿Qué pasó? El lunes por la tarde llegó un convoy de 70 camionetas a Cuatro Caminos para desarmar a nuestros compañeros comunitarios a punta de golpes. Les quitaron las armas, los tumbaron al piso y ya se hablaba de que entregaríamos las armas. Falso. Fue cuando el pueblo (hombres, mujeres, niños y ancianos) se levantó para exigir que nos regresaran las armas. Yo en lo personal le pedí al general Patiño que por favor nos regresaran las armas.”

Algunos videos subidos a la web por pobladores muestran que la madrugada del martes, en Antúnez, soldados cercados hicieron algunos disparos y cuatro personas civiles cayeron sin vida.

“No hubo enfrentamiento con nosotros. Fueron disparos a civiles”, comenta Papá Pitufo, quien  recalcó que entre ellos había niños y ancianos. “Esto se está saliendo de control”, exclama. A unos metros preparan los funerales de dos fallecidos, mientras jóvenes en parejas circulan en pequeñas motocicletas.

A los comunitarios les devolvieron las armas y ellos se mantendrán en alerta “hasta que el estado quede limpio del crimen organizado. Se los repito, en cuanto prevalezca la paz, entregaremos las armas”.

Papá Pitufo reitera que “eso es lo que quieren Los Templarios, que nos desorganicemos y agarrarnos uno por uno. Poner nuestra cabeza en un sitio público y escribir: ‘mira, Papá Pitufo está aquí’ (...) Inmediatamente nos matan a nosotros, a nuestra familia, nos descuartizan”.

Beltrán argumenta que son falsas las acusaciones de que las autodefensas estén vinculados con el crimen. “El apoyo económico que tenemos sale de nuestras parcelas y del pueblo. Tenemos huertas de limón y de ahí sacamos para mantener el movimiento.”

Se le cuestiona si alcanza para comprar armamento de grueso calibre, blindar camionetas y alimentar a miles. Responde sin alterarse que tiene una huerta de limón “y también somos ganaderos.  Ahorita el kilo de limón está a diez pesos y nos va bien”.

Dice que también se hacen de recursos recuperando huertas en poder del crimen, y que muchas de las armas usadas se arrebatan a Los Caballeros Templarios.

“¿Plazo para irnos?, no lo hay. Puede ser un día, dos, tres o cuatro semanas. Dejaremos el lugar hasta que esto quede limpio. En Michoacán no podemos confiar en ninguna institución porque todas están coludidas.”

La Ruana tampoco quiere someterse

Los grupos de autodefensa “no entregarán las armas hasta que el gobierno federal dé garantías y nos convenza de que está trabajando para los ciudadanos, afirmó Hipólito Mora, líder de los civiles armados en  el municipio michoacano de Felipe Carrillo Puerto, conocido como La Ruana.

“Siempre pedí la seguridad; estoy en parte agradecido con el Ejército, pero lo que queremos es muestra de que quieren acabar con Los Caballeros Templarios, que han dañado mucho a los michoacanos. Que terminen con ellos y nos vamos a nuestras casas”, expresó.

Entrevistado por Adela Micha para Grupo Imagen Multimedia, Mora rechazó que apoyen la postura del coordinador de los grupos de autodefensas, José Manuel Mireles, en el sentido de dejar las armas. “Eso que dijo, de que estábamos dispuestos a dejar las armas, no lo habló conmigo ni con los demás líderes, y todos están en desacuerdo”.

Sobre los encuentros con el gobierno, Hipólito Mora acusó que al inicio del movimiento, en febrero del año pasado, entregaron 21 halcones-templarios al gobierno, “pero un brillante agente del Ministerio Público federal los dejó libres al día siguiente. En cambio, nosotros tenemos un puño de detenidos que ya tienen diez meses encerrados; gente pobre que sus esposas se la pasan llorando porque no saben cómo darle de comer a sus hijos, los techos de sus casas son plásticos para protegerse del sol y la lluvia.

 “Ha habido reuniones, pero no avances. Hemos platicado, pero no se ha visto nada. Es igual que siempre, no se mejora en nada la situación. El problema viene desde hace diez años. Confiábamos en que las autoridades actuarían ante lo que estamos viviendo; esperamos, y nunca el gobierno del estado actuó. Había asesinatos, amenazas, golpizas, cabezas tiradas en las carreteras en los centros de ciudades. Esto que estamos viviendo lo puedo definir como un infierno, pero no de ocho días, sino de diez años.

“Si un chamaco se pasaba un tope, le ponían tablazos y le cobraban dos mil pesos. Si alguien tomado tiraba un balazo, iban por él y le cobraban 25 mil pesos. Eran jueces, licenciados, sacerdotes, ellos (el crimen organizado) eran todo; las autoridades ya no podían hacer nada. Luego se apoderaron de las empacadoras de limón. Ya no podíamos mantener a nuestras familias.

“Cuando nació el movimiento, las personas presentaban denuncias contra criminales; algunos regresaban, otros no. Los que llegaban, se los llevaban y no los veíamos más. Por eso estamos luchando, porque queremos libertad, tranquilidad. Nosotros hemos hecho su trabajo. Que el gobierno trabaje contra los criminales, y cuando eso sea, nos vamos a ir a nuestras casas y volveremos al trabajo.

“Antes del 24 de febrero, aquí llegamos a ver a templarios, que tenían empleados a su servicio, les daban 500 pesos a cada uno y les decían que se fueran a Apatzingán con letreros que decían ‘no queremos policías ni Ejército’, pura gente pagada.”

Mora reiteró: “Queremos que el gobierno muestre que no está corrompido, ¿por qué no atacar primero a los Templarios? ¿Por qué quieren desarmarnos? Me metí a hacer algo ilegal, como portar el arma, por mi familia. Sabemos que es ilegal estar armados, pero para defender a su familia cualquier padre en el mundo se defenderá, ya sea legal o ilegalmente. He perdido la confianza en el gobierno, pero tienen todo para combatir al crimen organizado, nos iremos cuando nos presenten a Los Caballeros en la televisión”.

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