Retrato hablado: Aurelio Nuño Mayer, negociador de reformas

Durante la campaña el ahora jefe de la Oficina de la Presidencia destacó por sus propuestas novedosas, tanto en lo político como en el marketing. Se le atribuye la frase “mover a México”

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15/12/2013 04:07 Andrés Becerril
Ilustración: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de diciembre.- Tan pronto como Eruviel Ávila tomó posesión de la gubernatura del Estado de México, en septiembre de 2011, Aurelio Nuño Mayer, constructor del discurso del nuevo gobernante, se fue abriendo camino entre los gallones priistas que participaron en el preámbulo y la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto hasta llegar a convertirse en pieza clave del primer círculo político del hoy jefe del Ejecutivo federal.

De coordinador de Difusión y Mercadotecnia de la campaña presidencial, un puesto de media tabla, Nuño Mayer pasó a la coordinación de Educación en el equipo de transición del presidente electo Peña Nieto, y desde el 1 de diciembre de 2012 está a menos de cincuenta metros de Peña, es el jefe de la Oficina de la Presidencia, con estatus nominal de secretario de estado.

Aurelio Nuño, dicen quienes lo vieron trabajar largas jornadas durante la campaña en las distintas oficinas que el equipo peñista tuvo en las inmediaciones de las Lomas de Chapultepec, en especial en el war room de Montes Urales, que con base en la aplicación de sus conocimientos en antropología política se ganó el puesto que tiene hoy.

El Presidente decidió darle la responsabilidad como jefe de la Oficina de la Presidencia, dicen, porque durante su campaña Nuño despuntó como una máquina de ideas novedosas, tanto en lo político como en el marketing; dicen que “mover a México”, una de las frases recurrentes del Presidente, es cuño de él.

Señalan, además, que Peña Nieto tuvo el tino de ver en Nuño a un “tejedor de fino”, y que sumado a la mano izquierda, el poder analítico y teórico que tiene Nuño le sería de mucha utilidad en los planes y proyectos que fue cocinando durante la búsqueda del voto y que terminó plasmando en el Pacto por México.

Las habilidades negociadoras de Nuño no son del dominio público, pero sí los resultados. Aurelio fue instruido por el presidente electo a formar parte del equipo técnico del Pacto por México, cuando éste se estaba cocinando en el fuego de la discreción.

Dentro de ese instrumento que se armó entre los presidentes del PRI, PAN y PRD, Nuño quedó inmediatamente después de Miguel Osorio Chong y Luis Videgaray, que a la postre serían nombrados secretarios de Gobernación y de Hacienda.

No en vano es que tirios y troyanos han señalado por distintas vías que Nuño Mayer  fue quien tomó el timón del proyecto político más ambicioso de Peña, que hoy, 378 días después de su entrada en vigor, a partir del 2 de diciembre de 2012, está completo, de acuerdo con el plan gubernamental: hay Reforma Educativa, Financiera, de Telecomunicaciones, y la joya del sexenio, de la historia: la Energética, y en todas participó Nuño.

La solidez del discurso de Nuño, un chavo que en la precampaña presidencial tenía 34 años —hace tres días cumplió 36—, con toda la pinta, incluyendo su melena de rulos que hoy ya no luce como jefe de la Oficina de la Presidencia, le fue ganando el respeto de los gallones panistas y perredistas con los que fue tejiendo la agenda del Pacto por México, siempre con la instrucción presidencial.

En sus tareas como coordinador de Educación del equipo de transición del presidente electo, Nuño fue quien negoció con Fernando González, yerno de la maestra Elba Esther Gordillo, los términos en que el mandatario plantearía la Reforma Educativa.

Nuño tenía absoluta claridad de cómo podría reaccionar Gordillo ante las postura de su jefe. Antropológicamente, Aurelio estudió a la maestra. Varios años atrás, cuando en 2003 Gordillo protagonizó un sainete en la Cámara de Diputados y fue relevada por Emilio Chuayfet en el liderazgo de la bancada priista y a la postre fue echada del PRI para formar el Panal.

Como profesor de la Ibero y hombre muy cercano a Nuño, José Carreño Carlón conoció el trabajo que hizo Nuño Mayer sobre aquel episodio de Elba Esther. El actual director de la Fondo de Cultura Económica escribió en 2006 que, a partir de la teoría del poder social del antropólogo estadunidense Richard N. Adams (Energía y estructura: Una teoría del poder social), Nuño Mayer estudió el primer capítulo de la fractura en la cúpula del PRI que condujo a la fracasada reforma fiscal de diciembre de 2003.

Nuño Mayer —sigue el texto de Carreño Carlón en el diario La Crónica—, explica el fracaso de la Reforma Fiscal y la salida de Elba Esther Gordillo de la coordinación de los diputados del PRI, como consecuencia de su incapacidad para entender la estructura de poder de una coordinación legislativa, ya no delegada por el Presidente, sino producto de una compleja composición de poder asignado y delegado por los mandos de su partido, los gobernadores, los sindicatos y los sectores.

A finales de los 90, Nuño leyó a Adams, por consejo del doctor Roberto Varela, fundador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En 2005, el mismo Aurelio Nuño explicó en la revista Alteridades, de la UAM, cómo su maestro Varela lo acercó a Richard N. Adams. Sucedió después de que el joven Aurelio le echó un rollo sobre diseños institucionales y constitucionales para entender la estabilidad política y el buen funcionamiento de la economía de mercado.

“No recuerdo si alcancé a terminar mis alegatos o si él me interrumpió en algún momento… palabras más palabras menos, (la respuesta de Varela a Nuño) fue: ‘después de escucharte me queda muy claro que la ciencia política sigue sin evolucionar y sirve de muy poco para analizar y entender la política’.”

“Evidentemente me quedé helado”, escribió el entonces aspirante a politólogo, recordando el episodio de finales de los 90.

Después que Nuño contraargumentó, el antropólogo Varela le dijo: “El problema de los politólogos es que se dedican a estudiar estructuras de poder y no han sido capaces de desarrollar una teoría que explique qué es el poder. Sin una estructura clara y precisa sobre el poder, los análisis institucionales y de diseños constitucionales se reducen a argumentos ingeniosos y aparentemente lógicos que se pueden acomodar con facilidad al gusto del autor”.

Varela remató: “Deja de perder el tiempo y mejor lee a Adams”, el antropólogo estadunidense que se convirtió en el autor de cabecera del jefe de la Oficina de la Presidencia.

Nuño, que además de licenciado en Ciencia Política por la Ibero, tiene un posgrado con nivel de maestría en Ciencias Sociales Latinoamericanas en el St. Anthony’s College, considerada como la más sofisticada de las escuelas de graduados de la Universidad de Oxford, llegó al equipo de Peña Nieto a través del actual secretario de Hacienda, Luis Videgaray. De hecho, siempre se ligó a Nuño como hombre cercano a Videgaray.

Nuño empezó a trabajar como asesor de Peña cuando éste era gobernador del Estado de México, y Videgaray secretario Finanzas del gobierno mexiquense.

Hace 13 años, cuando el ahora   jefe de la Oficina de la Presidencia tenía 23 y estudiaba en la Ibero —donde fue presidente de la Sociedad de Alumnos de Ciencias Políticas y Administración Pública—, entró a la actividad política, ya cuando el PRI era oposición.

Mientras trabajaba como vicecoordinador de Planeación Estratégica de la banca del PRI en el Senado, en la LVIII y la LIX legislaturas, entre 2000 y 2006, cuando el líder de los senadores priistas era Enrique Jackson, en la universidad Nuño estaba al frente del proyecto Modelo Legislativo, que tenía como objetivo que los universitarios se acercaran al Senado para que conocieran cómo funciona ese poder como institución suprema del pacto federal.

En noviembre de 2005, Aurelio Nuño entró a la agrupación política nacional Agrupación Social Democrática, que encabezaba el ex diputado federal Jesús Ramírez Stabros, donde fue el secretario estatal de Capacitación Política en el Distrito Federal.

Entre las tareas en las que participó Nuño durante su paso por el Senado fue la estructuración y operación de la bancada del PRI en la casona de Xicoténcatl, como partido opositor al régimen panista que había ganado la Presidencia con Vicente Fox.

Aurelio Nuño estuvo en muchos de los actos a donde iba Peña Nieto como candidato presidencial, siempre en absoluta discreción. Solamente observaba, casi todo se lo llevaba en la memoria, pocas veces hacía alguna anotación.

Ahora, a menos de cincuenta metros de la oficina del Presidente de México, Nuño Mayer recibe cada noche los reportes del trabajo hecho en cada una de las secretarías de Estado, durante el día. Es además, quien varias veces al día tiene acuerdo con el presidente Peña Nieto para ponerlo al tanto de los pormenores de la administración de su gobierno.

 

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