Nolan Bushnell, el Rockstar del videojuego

El fundador de Atari y de Chuck E. Cheese convirtió en estrellas a los pioneros del videojuego, pero ahora ve eclipsados sus logros por denuncias de conductas sexuales inapropiadas, basadas en su propio testimonio

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Ilustración: Horacio Sierra

CIUDAD DE MÉXICO.

Nolan Bushnell no se parece a Leonardo Di Caprio. No físicamente, al menos. Por eso, sonó raro que la revista Variety  publicara el 9 de junio de 2008 que el famoso actor interpretaría el rol estelar en la biografía fílmica del fundador de Atari, un proyecto de Paramount del que después no se informó nada.

Lo cierto es que el hoy ganador del Oscar habría tenido bastante tela de dónde cortar en la historia del pionero de los videojuegos, con la que habría logrado una interpretación similar a la de otros personajes polémicos a los que dio vida.

La vida de Bushnell se parece más a la trama de El lobo de Wall Street y El Gran Gatsby, si de lo que se trata es de retratar a un joven visionario y carismático que fundó una empresa en la que el placer corporal era parte de la cultura de trabajo, en cuyas oficinas se permitía beber cerveza, fumar mariguana, andar descalzo y en bermudas, y donde la conclusión de cada proyecto se festejaba con una borrachera. Paradójico que en ese ambiente casi orgiástico surgieran productos que hicieron felices a millones de niños y que hoy evocan nostalgia.

Y justo aquel pasado hedonista regresa para pasarle factura: el movimiento #MeToo rememoró conductas sexuales y laborales inapropiadas relatadas por el propio Bushnell, y de las cuales éste ofreció una disculpa vía Twitter.

Con esa sombra en una historia donde también han brillado luces, Nolan Bushnell llega mañana a sus 75 años de vida.

Infancia es destino

Una respuesta simple, que sea clara y precisa, siempre tendrá más poder que una respuesta compleja y verdadera”. Con esta sentencia resume Bushnell la creencia generalizada de que el juego E. T. fue el culpable de que la industria de los videojuegos colapsara en 1983, tema del documental Atari: Game Over (Zac Penn, 2014).

Pero esa misma frase es aplicable a la vida misma de Bushnell, de quien se han publicado tantas cosas, salidas tanto de su ronco pecho como de sus conocidos, en las que no importa que sean precisas, sino que correspondan con el estereotipo del ingeniero que, pretendiendo ser artista, se volvió empresario multimillonario.

Un ejemplo es su propio lugar de nacimiento. La mayoría de libros y notas periodísticas consignan que Nolan Kay Bushnell nació el 5 de febrero de 1943 en Clearfield, Utah, la cuna de sus padres. Pero la página They Created Worlds del bloguero Alexander Smith encontró que en realidad nació en la cercana población de Ogden, porque así lo consignó un diario local en su sección de acontecimientos comunitarios.

De acuerdo con el relato que dio a David Sheff para el libro Game Over, desde niño Nolan se volvió aficionado a la ciencia ficción y en el garage de su casa intentaba recrear los objetos de los que leía. A los seis años construyó su versión de un panel de control para una nave espacial. Fue también el más joven operador aficionado de radio en su estado natal.

Pero un relato más detallado de aquellas andanzas infantiles y adolescentes aparece en el capítulo “El Padre de la Industria” del clásico La Gran Historia de los Videojuegos de Steven L. Kent. Ahí se compendian varios de los hechos claves que marcarían su personalidad, como el haberse distanciado del mormonismo de su familia, la muerte de su papá –un contratista de obras, cuyos proyectos Nolan debió continuar cuando apenas tenía 15 años–, y su afición por la filosofía y el debate.  Pero una frase de Kent define mejor a  Bushnell: “Demostró una profunda necesidad de divertirse”.

Dos anécdotas lo documentan. La primera fue que, siendo adolescente, le puso luces eléctricas a un papalote para hacer creer a sus vecinos que era un ovni. Y ya en la universidad pensó en un truco para que sus compañeros de habitación no usaran sus productos de higiene: sustituyó un bote de desodorante por uno de pintura en aerosol. Un alumno cayó en la trampa y terminó con las axilas pintadas de verde.

Nolan relató a Kent que tuvo dos escuelas: la formal fue la Universidad de Utah, una de las más prestigiadas en informática. La no tan formal, pero más influyente para su futuro, fue el parque de diversiones Lagoon, en el que tuvo que trabajar para costear parte de la colegiatura, que perdió jugando póquer. Y fue en ese local donde aprendió todos los trucos necesarios para hacer que la gente dejara sus monedas, según confesó a Walter Isaacson, biógrafo de Steve Jobs, quien lo entrevistó para el libro Los innovadores.

California Dream

A partir de aquí viene el recuento de todos los datos de cajón que toda biografía de Bushnell debe mencionar: su estancia universitaria, en la que se enamoró de Spacewar, un entretenimiento electrónico de moda entre ingenieros y estudiantes de la época, que sería el abuelito del videojuego Asteroids.

Aquella afición sembró en Bushnell la inquietud de crear una diversión similar, y con esa inquietud emigró a Silicon Valley, California, el Hollywood de la industria electrónica, como la llaman Marty Goldberg y Curt Vendel en el libro Atari Inc. Bussiness is Fun.

En aquella tierra prometida, Nolan trabajó primero para la fabricante de cinta magnética Ampex. Ahí conoció a dos personajes claves: Ted Dabney y Allan Alcorn. Con el primero planearía la formación de su propia empresa en 1972, a la que pretendía bautizar como Syzygy, una palabra del griego antiguo que remite a la alineación de planetas, pero que no pudo usar porque ya estaba registrada. Su segunda opción fue Atari, término usado en el juego japonés Go como equivalente a “jaque mate”.

Mucho más decisiva sería la contribución de Alcorn, el programador de Pong, una especie de tenis electrónico que desde su estreno saturó las máquinas tragamonedas. Fue el primer gran hit de Atari que convirtió a Bushnell en celebridad que daba entrevistas por doquier. En una de ellas se le apodó el P. T. Barnum de Silicon Valley, en alusión al empresario fundador del circo moderno.

Un hito más de Bushnell fue la creación de la consola casera Atari 2600, cuyo éxito no cosechó él, sino el gigante del entretenimiento Warner, al que le vendió la compañía en 1976. La clásica mentalidad y conducta corporativa de aquel consorcio chocó con la cultura forjada en Atari, donde los ingenieros eran tratados como estrellas de rock, un ambiente transgresor en el que encajó el jovencísimo Steve Jobs, quien trabajó ahí dos años antes de fundar Apple. De acuerdo con el libro Art of Atari de Tim Lapetino, Bushnell fue capaz de crear un turno nocturno en el departamento ingenieril, con tal de hacerle un lugar a Jobs.

 

Legado en entredicho

Bushnell nunca tuvo química con Warner, que lo expulsó de Atari en 1978. Así, Nolan concentró sus esfuerzos en su segunda creación más famosa, el restaurante infantil Chuck E. Cheese, cuya mascota es un ratón y donde experimentó la fórmula de entretener a los niños con videojuegos mientras esperaban su pizza .

Bushnell dejó aquella empresa en 1984 y desde entonces ha fundado otras compañías relacionadas con la electrónica. Pero su principal labor en los años recientes es seguir cultivando su leyenda. .

Aunque dijo en 2016 que la biopic con Di Caprio sigue firme, él mismo ha sido protaganista de numerosos documentales sobre tecnología. El más reciente y completo es Easy to learn, hard to master: the fate of Atari  (2017), en el que él mismo se describe con estas palabras: “Amé la tecnología, pero también decidí que quería ser popular y así, por alguna razón, siempre tuve una habilidad y suerte para reinventarme a mí mismo”.

Aunque esa misma película describe que “los negocios no eran realmente su fuerte, sino el reconocimiento de aquello que fuera genial”, hace un lustro publicó con su firma una contribución a la literatura empresarial: el libro Encontrar al nuevo Steve Jobs.

Aunque lo pretendiera, nunca llegó a ser más popular que  su obra cumbre, Atari, que tras haber sobrevivido a quiebras y traspasos hoy está en manos de una compañía francesa. Los juegos clásicos siguen vigentes en versiones para XBox, Play Station y la serie de consolas Atari Flashback, de AT Games.

El icónico logo también se dejó ver en enero pasado en el CES 2018 de Las Vegas con una versión de Pong en mesa real, como las de hockey de aire.

La remembranza de esta gloria quedó eclipsada la semana pasada por las acusaciones de la activista Brianna Wu, quien denunció que en la vieja Atari se ponían nombres clave de mujeres atractivas a los proyectos de desarrollo, mientras que directivos de la compañía invitaban a empleadas a desnudarse en sus suites. Para desacreditarlo no recurrió al testimonio de alguna de ellas, sino que utilizó las propias entrevistas que dio Bushnell. Así logró que no se le diera el Pioneer Award del Game Developers Conference, aun cuando mujeres que trabajaron con él salieron en su defensa.

El último tuit de Bushnell previo a este escándalo es del 27 de noviembre, cuando recordó el 40 aniversario de su boda. “Lo haría todo otra vez”, escribió entonces. Aunque quizá haya partes de ese pasado que no volvería a jugar.

cva