'Monseñor Romero, un mártir de la esperanza'
El cardenal de Chile, Ricardo Ezzati, ofició la misa para conmemorar el centenario del natalicio del beato

SAN SALVADOR.
El cardenal chileno Ricardo Ezzati, enviado del papa Francisco, destacó el legado que como “mártir de la esperanza” dejó el asesinado arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, al presidir ayer una misa por el centenario de su natalicio.
Acompañado de cardenales, obispos y sacerdotes, Ezzati contó que el pontífice, al nombrarlo su enviado, exaltó la figura de Romero, quien fue declarado beato el 23 de mayo de 2015.
Ya se cumplen 100 años del nacimiento del beato Óscar Arnulfo Romero, obispo y mártir, ilustre pastor y testigo del Evangelio, decidido defensor de la Iglesia y de la dignidad del hombre”, escribió el Papa.
Como “hijo de la amada tierra de El Salvador, habló a la gente de nuestros tiempos de la obra salvífica de nuestro señor Jesucristo y de su amor hacia todos, especialmente hacia los pobres y descartados”, agregó.
El cardenal dijo en la catedral de San Salvador que Romero “experimentó un singular camino espiritual que lo llevó a propagar la justicia, la reconciliación y la paz”.
Recordó que nació el 15 de agosto de 1917 en la Ciudad Barrios, a los 13 años ingresó al seminario menor de San Miguel y a los 20 pasó al seminario San José de la Montaña, en San Salvador.
El 4 de abril de 1942 se ordenó como sacerdote en Roma. Luego de ser párroco de diferentes iglesias y obispo de Santiago de María, el papa Pablo VI lo nombró arzobispo de San Salvador el 3 de febrero de 1977, cuando su país vivía un periodo de confrontación social.
Venciendo la timidez, pasó a ser la voz de los sin voz” y dijo “no a la violencia del régimen, no a la violencia guerrillera, sí a una paz basada en la justicia”, afirmó Ezzati.
Por denunciar la represión y la injusticia social, Romero fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba una misa, el 24 de marzo de 1980.
El crimen permanece impune porque la justicia nunca lo investigó.
Una comisión creada por la ONU concluyó en 1993 que “existe plena evidencia” de que el mayor Roberto D’Aubuisson, fundador del partido Alianza Republicana Nacionalista y fallecido en febrero de 1992, fue quien “dio la orden de asesinar al arzobispo”.
Para Ezzati, Romero es un “mártir de la esperanza” para los más pobres del continente, el pueblo salvadoreño, la Iglesia y “todos los que luchan por la justicia, la reconciliación y la paz”. Ha sido llamado “San Romero de América”.
El enviado papal lamentó el sufrimiento presente en El Salvador, que tras una guerra civil (1980-1992), afronta una violencia que este año ha dejado un promedio de 54 muertes por cada 100 mil habitantes.