El accidente que creó algo muy prendido; fósforos de fricción
Hoy se cumplen 190 años desde que el químico John Walker vendió su invento a un abogado llamado Hixon
CIUDAD DE MÉXICO.
En la actualidad, obtener fuego al instante es tan sencillo y cómodo, que pocos o casi nadie se pregunta el origen de lo que hoy conocemos como cerillos o fósforos.
Éstos se convirtieron en uno de los principales insumos en cada hogar e incluso en algunas industrias durante los siglos pasados.
Fue por accidente como el químico John Walker, de origen británico, descubrió hace 190 años, la manera de hacer fuego al instante mediante la fricción, cuando se encontraba trabajando para descubrir un nuevo explosivo, por lo que probaba diferentes químicos y los mezclaba utilizando madera.
En la vara quedaron residuos, que quiso limpiar frotándolos contra el piso, lo que generó el fuego al instante. Posteriormente descubrió que los restos de la mezcla eran clorato de potasio, almidón y sulfuro de antimonio, entre otras sustancias, con lo cual dio inicio a lo que ahora se conoce como cerillos.
De acuerdo con la BBC, Walker comenzó a comercializarlos con el nombre de “luces de fricción”, los cuales estaban hechos de cartón y, posteriormente, de madera, los cuales envasaba junto con un papel de lija para poder encenderlos. Sin embargo, no se consideraba a sí mismo el inventor, por lo que se negó a patentar el descubrimiento.
Según el sitio thisisstockton.co.uk, fue el 7 de abril de 1827 cuando Walker hizo la primera venta de sus cerillos a un tal señor Hixon, un abogado local, aunque en realidad Walker ganó poco dinero con su invento. Poco después, en Londres, Samuel Jones “copió” y mejoró la idea, lanzando su propio producto en 1829 con el nombre de “Lucifers”, el cual tuvo gran éxito.
Sin embargo, los también conocidos como fósforos, cuya palabra de origen griego significa “portador de luz”, eran poco seguros e ineficientes, pues al prenderlos lanzaban chipas peligrosas, su combustión era inestable y tenían mal olor.
Es por ello que una serie de investigadores buscaron sustituir los químicos por otros que pudieran ser mejor controlados; no obstante, su manejo en la fabricación también resultaba peligroso, pues en Francia se descubrió que los obreros en las plantas cerilleras adquirían severas enfermedades óseas.
Su manejo doméstico también resultaba un riesgo, pues por un tiempo se utilizaba fósforo blanco, el cual tenía un alto grado de toxicidad, por lo que entre 1872 y 1901 se prohibió utilizar dicha sustancia en la fabricación de los cerillos.
Es así que el poder encender fuego con sólo un movimiento y de manera segura requirió de muchos años e investigaciones. En 1844, el sueco Gustaf Erik Pasch logró conseguir lo que hoy en día se conoce como cerillos de seguridad, los cuales requieren de una lija que es integrada en cada una de las cajitas para poder encenderse.
De acuerdo con la empresa La Central, una de las más importantes en la fabricación de fósforos en México, menciona que la primera fábrica de cerillos que se instaló en el país fue en 1885, en Veracruz, luego de que los hermanos León y Manuel Mendizábal concretaran una sociedad con José y Pedro de Prida.
La primera empresa fue nombrada como Compañía Industrial de Fósforos y Cerillos, que al estar “muy cercana a la Estación Central del Ferrocarril en el puerto de Veracruz, se le empezó a nombrar La Central”.
En 1890 abrieron una nueva planta en la Ciudad de México, aunque actualmente está ubicada en Hidalgo. Los diseños de las cajetillas, en las que imprimían la imagen del ferrocarril, obras de arte y paisajes, son de colección.
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