Movimientos independentistas; secesiones ponen en jaque a Europa
Territorios que quieren formar nuevos Estados amenazan la estabilidad del Viejo Continente
BARCELONA.
Es sólo uno más de los muchos y grandes desafíos que enfrenta hoy la Unión Europea (UE). Y, aunque no es comparable al de la crisis económica, la llegada de refugiados o la amenaza del terrorismo yihadista, las aspiraciones independentistas de algunas regiones europeas se convirtieron en los últimos años en una importante amenaza para la estabilidad del Viejo Continente.
Dada su compleja historia, su diversidad cultural y lingüística, Europa siempre ha sufrido tensiones territoriales nacionalistas, al este y al oeste, por el norte y por el sur, y en casi todos los países: desde Bélgica a Italia; de Dinamarca a España o Reino Unido.
La mayoría de los movimientos separatistas son minoritarios y no cuentan con capacidad de articular ninguna fuerza política y social de gran relevancia. No obstante, en los últimos años, al calor de la grave crisis económica y fruto de las grandes tensiones sociales que se viven en el continente, algunos de estos grupos secesionistas consiguieron transformar su anhelo en acción política relevante.
Tres casos destacan por encima del resto, aunque poco tienen en común entre sí. Flandes (Bélgica), Cataluña (España) y Escocia (Reino Unido) podrían ser, al día de hoy, los principales puntos de ruptura separatista en el seno de una UE que afronta en los próximos días su 60 aniversario más fracturada que nunca tras la Segunda Guerra Mundial.
ESCOCIA Y EL BREXIT
Escocia, una de las tres naciones que junto a Gales e Inglaterra forman Reino Unido, tiene un relevante peso económico e histórico en Europa. Los escoceses independentistas vieron su aspiración de ser un nuevo Estado más cerca que nunca cuando en septiembre de 2014 celebraron un referéndum, en el que, al final, se impuso el no.
Después de aquel duro golpe para los secesionistas escoceses, vino la votación del Brexit. A pesar de que en Escocia 62% de la población votó a favor de la permanencia en la UE, en el conjunto de Gran Bretaña ganó la opción de salir. Así, ante el actual escenario complejo para una sociedad escocesa europeísta frente a una sociedad inglesa antieuropea, la premier de Escocia, Nicola Sturgeon, ha vuelto a la carga.
Nuestros intereses han sido olímpicamente ignorados, el gobierno británico sólo nos deja una opción: escoger entre la versión más dura del Brexit y la independencia”, expuso Sturgeon hace unos días al reactivar el proceso de un segunda consulta independentista.
Y todo ello en medio de la tormenta del Brexit, y justo en el momento en que Theresa May, premier británica, se dispone a activar de forma oficial la salida de la UE. La respuesta de May a las aspiraciones de Sturgeon fue clara: “Ahora nos toca”, dijo a la BBC, “sería injusto”.
Las últimas encuestas sobre la independencia en Escocia habla de un fifty-fifty, en un momento en el que la economía del país está más débil que hace tres años debido a la caída del precio del petróleo, en el que Escocia basa su economía. Al hilo de una hipotética segunda votación, la pregunta podría ser: ¿qué ganaría, el miedo a perder los subsidios ingleses y la libra esterlina, o a las consecuencias económicas de la salida del mercado único europeo y un Brexit duro? Escocia en la incertidumbre.
FLANDES ESTÁ
EN LA INDEFINICIÓN
Esta región del norte de Bélgica donde se habla flamenco es un potencial e intermitente foco de tensión separatista muy clásico en Europa. Flandes es la zona más dinámica, poblada y rica de Bélgica y, como suele suceder en los casos de tensiones separatistas en Europa (Escocia y Cataluña), money matters (el dinero importa). El flamenco rico ha reclamado, más de una vez en los últimos años, mayor autonomía respecto a Valonia, la mitad francófona del sur de Bélgica, más pobre, menos dinámica y con mayores dificultades económicas.
Pese al gran sentimiento nacionalista, la independencia de Flandes aún no cuenta, de momento, con un apoyo social amplio y mayoritario: el número de electores en favor de una separación sigue en los últimos años, y según todas las encuestas, en una constante de 10 por ciento.
El Partido Nacionalista Flamenco, que ganó las elecciones federales en 2014, es la fuerza política que canaliza los anhelos independentistas de esta región. Y de momento, más que una independencia, centran sus expectativas en asentar su gran poder en una Bélgica federal.
CATALUÑA
Y SU “PROCÉS”
Es todo lo contrario a lo que sucede en Cataluña, la próspera región del noreste de España y su motor económico –representa casi 20% de la economía española–. Aquí, el independentismo catalán, que hace 15 años era una fuerza casi testimonial, creció exponencialmente.
Pero desde 2009, y al hilo de la profunda crisis económica en España y de las reiteradas acciones de los diversos gobiernos centrales de Madrid contra los derechos políticos, lingüísticos, educativos y de inversiones en infraestructuras, las aspiración separatista se reactivó con una fuerza nunca antes conocida en su historia.
El separatismo es hoy una amenaza muy seria para España y muchos analistas aseguran que es, sin duda, el principal problema que afronta el país ibérico. Pero, ¿hay posibilidad real de una ruptura real de Cataluña y España? Si uno recurre a las leyes españolas parece imposible. Si uno sólo escucha y lee los medios de comunicación en Cataluña y sigue las declaraciones de los políticos independentistas: la nueva “República catalana” está a la vuelta de la esquina.
Lo que sí está claro en Cataluña es que la gran mayoría de la población (más de 80% según algunos sondeos) desearía poder votar en un referéndum sobre una hipotética independencia que acabaría con años de incertidumbre política y social en eso que aquí en Cataluña llaman el “procés”.
De cualquier forma, desde el gobierno de España, encabezado en los últimos años por Mariano Rajoy, se han negado a discutir al estilo inglés-escocés sobre el referéndum que se pide desde Cataluña. El gobierno de Madrid se escuda en que es imposible celebrarlo, según la actual Constitución española. Rajoy, en una muestra más de su método habitual de
inacción política, espera que el tiempo y el cansancio disipen la actual niebla independentista catalana.
El “procés” independentista catalán se ha convertido en un teatro de la discordia. Reclamos legales, sentencias, prohibiciones, recursos y cruce de acusaciones... Los puentes de comunicación entre los gobiernos de España y Cataluña parecen rotos. Y de hecho, hace pocos días el expresidente catalán Artur Mas y dos de sus colaboradoras políticas más cercanas, fueron condenados e inhabilitados para ejercer cargo público por el Tribunal Supremo español. El motivo: promover una consulta –el 9 de noviembre del 2014– “ilegal” sobre la independencia y haber “desobedecido” al Tribunal Constitucional.
Esta condena aviva, aún más si cabe, los ánimos de los independentistas que desde el Parlamento catalán, donde tienen mayoría, parecen estar decididos a seguir adelante. De hecho y, a pesar de tener al gobierno de España en contra y de no contar con apoyo ni en los países de la UE, ni de ningún gobierno relevante del resto del mundo, quieren convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña (legal o ilegal) en los próximos meses.
LA SOBERANÍA
PLENA YA NO EXISTE
Los anhelos independentistas de Escocia y Cataluña topan contra la política real de los intereses internacionales. No se puede olvidar que una hipotética Escocia independiente necesitaría, para seguir en el seno de la UE, el apoyo de todos los miembros, incluida España. El país ibérico, como consecuencia de su propio desafío independentista en Cataluña, ya ha advertido, en voz de su ministro de Asuntos Exterior, Alfonso Dastis, que “no alentará ningún movimiento secesionista” en Europa.
El historiador vasco-alemán Ludger Mees, considera que en el mundo actual “las independencias perdieron su significado práctico”. Y por eso no parece nada claro que hoy sea posible crear un nuevo estado independiente dentro de la UE. “Eso era el siglo pasado –asegura– la soberanía plena ya no existe”, ni para Cataluña ni para España, ni para Escocia, ni para Reino Unido, ni para Flandes, ni para...
EL EDITOR RECOMIENDA






