Retrato hablado: François Fillon, la esperanza que se esfuma
El líder derechista era favorito para sentarse en el Palacio del Elíseo, pero un escándalo en torno a su mujer podría cavar su tumba política

CIUDAD DE MÉXICO.
Conservador, católico y con fama de bien portado, François Fillon quiso ser periodista e hizo sus pinitos en la France Presse cubriendo corridas de toros en Madrid. Pero acabó por agarrar el toro por los cuernos para dedicarse, no obstante, a su pasión: el Derecho, que le llevó por las ramas de la política.
Mal no le fue. Fillon es hoy el nuevo rostro de la derecha francesa de cara a las presidenciales de mayo y junio. Sin embargo, el Penelopegate, un escándalo en torno a su mujer Penelope, podría cavar la tumba política del que fue favorito para sentarse en el Palacio del Elíseo.
El conservador, de 62 años, nació en Le Mans, en el departamento de la Sarthe (noroeste de Francia), en la cuna de una familia de clase media alta. Su padre, notario y su madre, historiadora. De ésta heredó la constancia y de su progenitor, los valores gaullistas, porque si alguien figura en el pedestal de Fillon es el fallecido expresidente Charles De Gaulle. “Recorté la fotografía del general De Gaulle de un diario y la pegué en la pared de mi habitación, cuando tenía catorce años”, contó en su autobiografía Faire.
Nada más licenciarse de Derecho, a los 22 años, su padre le colocó como asistente del diputado local, Joël Le Theule, un político homosexual, al que Fillon defendía a capa y espada ante los continuos ataques hacia su orientación sexual.
Le Theule hizo subir a su pupilo como la espuma y ante la muerte inesperada de su mentor, Fillon, a sus 27 años, se convirtió en 1981 en el diputado más joven de la Asamblea Nacional. Además, fue alcalde en el Valle de la Sarthe, se afilió al partido gaullista de Philippe Séguin, y votó contra el Tratado de Maastricht en 1992.
El joven político no hacía más que subir escalones. Ejerció como ministro de Educación durante el gobierno del expremier Édouard Balladur (1993-1995) y en la Presidencia de Jacques Chirac (1995-2007), Fillon se lució como ministro de Telecomunicaciones, de Asuntos Sociales y otra vez de Educación, hasta dar el salto como premier con el camaleónico expresidente Nicolas Sarkozy (2007-2012).
EN SEGUNDO PLANO
El protagonista y el secundario. Sarkozy y Fillon. El primero siempre humilló a su peón y el segundo, entre sangre, sudor y lágrimas, aguantó los desplantes del explosivo expresidente de la República, quien se enorgullecía de llamar “inútil” y “cobarde” a su títere.
Lo que no te mata te hace más fuerte, y mientras los escándalos de corrupción ahogaban la carrera de Sarkozy –quien perdió las elecciones, en 2012, contra el actual presidente socialista François Hollande–, Fillon tejía los hilos para aventurarse a la carrera por el Elíseo.
Yo existía antes de Nicolas Sarkozy, creo haber contribuido mucho en su elección en 2007. Por aquel entonces no había muchos políticos de derechas que le apoyaran”, aseguró Fillon en una entrevista con la France Info, que recogió el medio digital El Español.
El exprimer ministro fue el primero en presentar su candidatura a las primarias hace cuatro años. En los sondeos figuraba como el último de la fila porque el gran Sarkozy había vuelto al campo de batalla y la pelea era entre éste y el expremier Alain Juppé, pero la sorpresa estaba por llegar.
Fiel a sus convicciones católicas, Fillon no se mordió la lengua al oponerse acérrimamente al matrimonio homosexual (Le Theule fue la excepción) y al aborto, lo que no despertó simpatías en la Francia de la igualdad, fraternidad y libertad.
Sin embargo, sus banderas estrellas de cancelar la jornada laboral de 35 horas–medida simbólica de los socialistas–, reducir el número de funcionarios y tachar del mapa, con la ayuda de Rusia, al Estado Islámico fueron suficientes para invertir los roles de la película, y dejar a Sarkozy en un segundo plano... y humillado en la primera vuelta el pasado noviembre. La corrupción le pasó factura a Sarkozy frente a un Fillon con una carrera limpia como los chorros del oro, que lo llevó a vencer a Juppé en segunda vuelta tras conseguir 67% de los votos de más de cuatro millones de electores.
Es una victoria construida sobre mis convicciones. Desde hace tres años recorro Francia con mis convicciones, y mi iniciativa fue comprendida por los franceses”, manifestó Fillon, líder del partido Los Republicanos, en su discurso de la victoria, según El Confidencial. Y es que el conservador siempre presumió de decir la verdad y de ser muy directo. Sarkozy tiene constancia de ello cuando, durante la Presidencia de éste, Fillon dijo sin tapujos que “Francia estaba en quiebra y abocada al fracaso, si no hubiera una transformación radical”.
Y transformación la hubo, pero en el camino de rosas de Fillon, cuya carrera está en la cuerda floja debido al escándalo que envuelve a su mujer galesa Penelope, con quien tuvo cinco hijos.
PENELOPEGATE
¿Quién se imagina al general De Gaulle investigado por la justicia?”, cuestionó Fillon durante las primarias. Ahora, el político es esclavo de sus palabras porque el semanario satírico Le Canard Enchainé destapó el pasado enero el Penelopegate, una investigación que acusó a la esposa del candidato de haber recibido unos 500 mil euros de dinero público en empleos, supuestamente, ficticios.
Al parecer, Penelope fue “asistenta parlamentaria” de Fillon y del suplente de éste, Marc Joulaud, en la Asamblea Nacional. Ésta también “se desenvolvió en el mundo de las letras” y ejerció como “consejera literaria” de la revista cultural La Revue des Deux Mondes, propiedad del empresario Marc Ladreit de Lacharrière, amigo cercano del líder conservador.
El pasado mes de enero, la policía gala interrogó al matrimonio de moda y Fillon reconoció que “fue un error emplear a su mujer, pero que todo transcurrió en un marco legal y no hay nada que ocultar”, según el diario Le Monde.
Las autoridades francesas también trataron de sacarle la sopa a Michel Crépu, exdirector de la La Revue des Deux Mondes, quien afirmó que “no tenía constancia de que Penelope Fillon hubiera desempeñado el cargo de asistente literaria”, informó el rotativo español El Mundo.
Fillon insistió en que está “siendo víctima de una campaña de desprestigio” y cada vez está más solo ante el peligro. Unos 200 colaboradores de su partido Los Republicanos renunciaron, entre ellos el portavoz, el tesorero y el director de campaña.
Es un asesinato político sin precedentes. Pero no me asesinan a mí, sino a las elecciones presidenciales. El estado de derecho ha sido sistemáticamente violado. Ha desaparecido la presunción de inocencia”, lamentó Fillon, según El Confidencial.
Hasta ahora, el panorama es incierto. Sólo hay una investigación preliminar de la Fiscalía parisina y Fillon continúa en las filas para llegar a ser el mandamás del país europeo. Pero, el balón está cada vez más lejos de la portería porque el Penelopegate allana el terreno para que el candidato independiente Emmanuel Macron sea el goleador frente a la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional y el cabizbajo Fillon.
Mi decisión es clara: soy candidato y continuaré hasta la victoria”, aseveró el persistente Fillon, quien un día soñó con ser como Charles De Gaulle.
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