Ultraderecha toma más vuelo

Los líderes de esta corriente política en Europa creen que el triunfo de Donald Trump marca el inicio de la construcción de una nueva era

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BARCELONA.

En mitad de la noche electoral en Estados Unidos la victoria de Donald Trump aún no es oficial. No cuenta todavía con los votos electorales suficientes para ser Presidente, pero su progresión parece llevarle a la victoria. Al otro lado del océano Atlántico, en la fría madrugada del otoño parisino, hay alguien que se frota las manos y se atreve a ser la primera persona en felicitarle.

Se trata de Marine Le Pen, la presidenta del Frente Nacional francés y máxima exponente de la nueva derecha xenófoba europea. “Felicitaciones al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y al pueblo americano”, escribe en Twitter la líder de la extrema derecha francesa, una política de gesto agrio y actitudes racistas, a la que las encuestas le auguran un más que buen resultado en las próximas elecciones presidenciales que Francia celebrará en la primavera de 2017.

Le Pen fue la primera, pero no fue la única. Otro de los dirigentes de la derecha radical europea, el poco diplomático primer ministro húngaro, Viktor Orbán, declara al conocer la noticia del triunfo de Trump que “el mundo será un lugar mejor con el nuevo Presidente”. Así, las felicitaciones al magnate norteamericano por parte de los ultraconservadores del Viejo Continente se suceden: “El pueblo (estadunidense) está recuperando su país. Nosotros también lo haremos”, escribe en internet el líder ultraderechista holandés, Geert Wilders, bien posicionado en la carrera electoral de su país.

La derecha radical de Alternativa para Alemania (AFD), partido en auge en el panorama político germano, también hace una advertencia premonitoria: la victoria del Trump “es una señal de aviso a todo el establishment”. Lo mismo hace el británico Nigel Farage, del eurófobo y racista Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) y que será el primer político internacional en ser recibido por el nuevo presidente de Estados Unidos, tuitea que 2016 “es el año de dos grandes revoluciones, la del Brexit y la elección de Trump”. Farage confiesa, incluso, que si el republicano le ofrece un trabajo, no le importaría ser embajador suyo en la Unión Europea.

Un mundo en construcción

Son algunas de las reacciones extremistas en Europa por la victoria de Trump. Hubo muchas más, pero para el analista político Jordi Vaquer la frase que mejor resume el estado de ánimo de la derecha más radical, conservadora y xenófoba europea es el mensaje que escribió el francés Florian Philippot, número dos de Marine Le Pen: “Su mundo se derrumba. El nuestro se construye”.

Más allá de las palabras y los encabezados de prensa, ¿la victoria de Trump da alas a la extrema derecha en Europa? Vaquer, director del think tank Open Society Iniciative for Europe, opina que sí, ya que, según explica a

Excélsior, “el triunfo de Trump les ofrece un modelo de éxito y normaliza esa opción política como una alternativa de gobierno y no sólo de protesta”.

En ese mismo sentido, Juan Pablo Soriano, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), considera que la llegada de Trump a la Casa Blanca además de “normalizar el discurso nacionalista-populista-xenófobo” también encumbra la lógica de “achacar todos, o casi todos, los problemas al establishment, ya sea de Washington o Bruselas”.

Las causas del auge

Los partidos populistas de ultraderecha no son un fenómeno novedoso en Europa. Siempre han estado ahí como una minoría radical, en los márgenes, pero en los últimos años han cobrado gran fuerza.

Debido a la crisis económica y a la falta de soluciones políticas estos movimientos han capitalizado el malestar de unos votantes cada vez más desesperados frente a una realidad económica cambiante e imprevisible. “La mayoría de esta gente –explica Jordi Vaquer– es de clase media baja y obrera que ha sentido que desde hace décadas no comparte la prosperidad”.

Para el profesor Soriano son justo esas “incertidumbres las que generan un mundo interdependiente y complejo”, las que favorecen “el fortalecimiento de las identidades nacionales como refugio o trinchera”.

Cambios culturales y crisis

De ahí que otra de las causas que explica el auge de la extrema derecha tenga que ver con el sentido nacional e identitario: “Hoy en Europa hay personas que no aceptan muy bien los cambios culturales ni la diversidad religiosa y étnica y ven la inmigración como una amenaza”, comenta Vaquer.

Pero también hay motivos de índole político. Uno de ellos, explica Soriano, es “la incapacidad de la socialdemocracia Europea de construir un discurso y unas políticas que le permita responder a las angustias de manera efectiva”. Por otro lado, el fracaso del proceso de integración en Europa que “no ha logrado emocionar, convencer e incorporar a los más jóvenes”, también contribuye a este sombrío panorama en el que resurge con fuerza la extrema derecha racista y populista a la que el euroescepticismo, la prolongada crisis económica, la ola de refugiados o el miedo al terrorismo islámico en Europa no han hecho más que avanzar, con excepciones como España y Portugal.

La conquista electoral

Se ha visto en Reino Unido con el giro ultraconservador del Brexit y podría suceder en Francia. También en Alemania, donde la ultraderecha de Alternativa por Alemania ya es la tercera fuerza en las encuestas. Además siguen las políticas autoritarias, racistas y retrógradas de Viktor Orbán al frente de Hungría o la fuerza popular de los seguidores neonazis de Amanecer Dorado en Grecia y no se puede olvidar el caso de Suiza y Austria, con una ultraderecha fuerte, y Holanda, con el Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders que podría ser la fuerza más votada en los comicios de 2017.

Pero los partidos de extrema derecha racista han tomado impulso, sobre todo, en muchos países del norte de Europa donde han logrado significativos avances electorales. Partidos y movimientos que ondean las banderas del populismo, el nacionalismo, el euroescepticismo y la xenofobia para presentarse como defensores de los valores tradicionales: “No hablamos de movimientos uniformes –comenta el analista Vaquer– pero son movimientos de votantes que no confían en el sistema y están preocupados por la seguridad y la inmigración”.

También sucede en Dinamarca, un país tradicionalmente abierto que ha construido las leyes de inmigración más duras de Europa, con el poder, cada vez más importante, del Partido del Pueblo Danés (DPP), segundo en las últimas elecciones danesas. También en Finlandia, con la formación nacionalista Partido Finés, que se ha consolidado como segunda formación y con el líder del partido ultra, Timo Soini, como ministro de Exteriores del país.

Llegaron para quedarse

Ante este panorama, es inevitable preguntarse si son movimientos pasajeros o llegaron para quedarse. “No hablamos de una fiebre pasajera, están aquí para quedarse; están en parlamentos, ayuntamientos, tienen espacios mediáticos, les apoyan intelectuales”, apunta Jordi Vaquer. En ese mismo sentido, el politólogo Juan Pablo Soriano opina que “en el corto y mediano plazo estos actores políticos no desaparecerán”.

Un tsunami populista y ultraconservador de carácter xenófobo recorre, como aquel viejo fantasma del pasado, el actual mapa político de la Vieja Europa y  tiene la cara de Donald Trump.

Un avance que preocupa  

BERLÍN.– El primer ministro francés, Manuel Valls, advirtió, en un foro económico organizado por el diario alemán Süddeutsche Zeitung, que el avance de la ultraderecha puede llevar a la disolución de Europa.

“Europa puede morir”, dijo Valls. En su país ve una amenaza de parte del Frente Nacional de Marine Le Pen.

“Naturalmente tenemos en Francia una amenaza”, indicó el político en referencia a la buena situación en las encuestas del Frente Nacional.

Lo que ocurra en Francia, según Valls, afecta a la Unión Europea (UE) en general, como segunda economía de este bloque comunitario, y a la arquitectura de seguridad mundial puesto que el país es una potencia atómica y miembro permanente del Consejo de Seguridad.

Para el jefe del gobierno francés el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadunidenses muestra que lo que muchos ven como imposible puede ocurrir.

Ante la amenaza del populismo de derechas, el premier hizo una llamada a superar los egoísmos nacionales en Europa y a impulsar proyectos comunes.    -EFE