Los medios de derecha ejercen su dominio

La prensa conservadora aplica una extraordinaria presión sobre el debate político estadunidense, y en específico sobre los republicanos, que ha llevado incluso a que algunos políticos dejen de apoyar iniciativas que pudieran beneficiar a su partido

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Los republicanos se han enfrentado en varios debates, en los que cada vez hacen más evidentes sus posturas conservadoras. Fotos: Especial/AP
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Los republicanos han perdido el voto popular en cinco de las últimas seis elecciones presidenciales, incluido George W. Bush.
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CIUDAD DE MÉXICO.

Hace dos años y luego de perder las elecciones presidenciales por segunda vez consecutiva ante el demócrata Barack Obama, un reporte interno del Partido Republicano propuso ser más inclusivo.

De hecho, en lo que se definió entonces como “autopsia” de una elección desastrosa, se afirmó que una de las razones de la derrota había sido el tono de dureza usado por el candidato Mitt Romney contra las minorías y los inmigrantes.

El estudio recomendó suavizar el tono ante las minorías étnicas y de hecho tratar de abrirles las puertas.

Pero la idea nació muerta ante la oposición que despertó entre republicanos conservadores azuzados por medios tradicionales y electrónicos de derecha, así como por locutores y comentaristas de radio que como Rush Limbaugh, Bill O’Reilly, Sean Hannity o Michael Savage y medios que van de Breitbart News y Drudge Report al Washington Times o el Pittsburgh Gazette  ejercen una extraordinaria influencia sobre el debate político estadunidense.

De hecho, los medios de derecha estadunidenses influyen de tal forma sobre el debate político que conforman y califican la agenda del  Partido Republicano, en algo que preocupa incluso a analistas conservadores.

La realidad es definida por un conjunto multimedia de blogs conservadores interconectados que se promocionan entre sí, por programas de radio, revistas y, por supuesto, por Fox News. Cualquier cosa que entre en conflicto con esta realidad será rechazada porque procede de los medios izquierdistas, y por ello no debe confiarse ipso facto. (¿Cómo sabes que son de izquierdas? Pues porque están  en desacuerdo con los medios conservadores)”, escribió Julian Sánchez para el grupo libertario Cato Institute.

Ese círculo cerrado de ideas es simplemente un proceso de retroalimentación que excluye opiniones divergentes, y ése es el factor que hoy aflige a los republicanos, tanto que el propio Sánchez aseguró que los medios conservadores se han alejado de la realidad, y su apetito por temas fuertes afecta su necesidad de investigar cuidadosamente.

Peor que eso, el impacto de los medios derechistas y las personalidades que los constituyen se han convertido en una especie de “guardianes de la pureza” que no admiten desviaciones ideológicas.

De acuerdo con los politólogos, Norman Ornstein y Thomas Mann, personajes y grupos que hace medio siglo hubieran estado simplemente en el extremo del debate ideológico, hoy están en el centro gracias a las redes sociales y a la falta de un proceso de discriminación que en palabras de los analistas, les permitió “secuestrar a un partido”.

Hay este constante coro de escepticismo respecto a todo lo que haga el establishment”, consignó la reportera Jackie Calmes en un estudio hecho para el Centro Shorenstein sobre los Medios, la Política y la Política Pública en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard.

El tema es que según el título del reporte, lo que menos preocupa a los integrantes de esa elite de comentaristas conservadores o derechistas es la gobernanza. “Las voces más ruidosas ahogan a las sensibles y no hay espacio para discusiones serias”, anotó el estudio de Calmes al citar a informantes republicanos que pidieron anonimato para no enfrentar la animadversión de los comentaristas.

De hecho, la capacidad de esos personajes para hacerse escuchar entre sectores del público estadunidense y crear situaciones de tormenta para aquellos que no estén de acuerdo con ellos o no reciban su aprobación está en el centro de su poder.

Uno de los posibles efectos es propiciar que aspirantes marginales se conviertan en candidatos a puestos legislativos, montados menos sobre sus programas de gobierno que sobre el rechazo absoluto a propuestas provenientes de fuentes ajenas, especialmente liberales o moderadas.

Para ellos, es aceptable cualquier resultado que detenga o por lo menos disuada a un republicano de negociar o acercarse al centro.

“Los republicanos del establish-

ment dicen que aspiran a empujar a su partido más cerca del centro político de la sociedad —en inmigración, derechos homosexuales, cambio climático y más—, parecido a la forma en que los demócratas se moderaron lentamente de un partido izquierdista en los setenta a uno de centro-izquierda en la era Clinton (1992-2000)”, reportó Calmes.

Pero la influencia de los medios derechistas es tal que no sólo bloqueó ese movimiento sino que en opinión de varios analistas ha tenido un considerable costo político para los republicanos.

De acuerdo con por lo menos un análisis, los republicanos han perdido el voto popular en cinco de las últimas seis elecciones presidenciales (incluso la de George W. Bush en 2000, aunque ganaron el voto del colegio electoral).

El punto es simple: los medios conservadores han empujado a los republicanos a la derecha, hacia una postura ideológica derechista anti-gobierno, anticompromiso, adversa a cualquier tipo de negociación y atacan a cualesquier persona que parezca abrirse hacia el centro.

“Si uno se desvía mínimamente de la extrema derecha es golpeado de inmediato por los medios conservadores”, lamentó Trent Lott, que fue líder de la mayoría republicana en el Senado en los 90.

La consecuencia es que a veces pareciera que los republicanos sólo hablan entre sí, y de hecho eso les impide ampliar su posible audiencia.

“Uno solía decir que ‘usted tiene derecho a su propia opinión pero no a sus propios hechos’... Ahora todos tenemos derecho a nuestros propios hechos, y los medios conservadores usan ese derecho para sumergir a su audiencia en un ambiente absoluto de seudo-hechos y presunta información”, comentó David Frum, un exredactor de discursos para el presidente George W. Bush (2000-2008).

De acuerdo con el reporte de Calmes, la influencia de los medios conservadores en el Partido Republicano es lamentada por los propios supuestos beneficiarios del impacto político de medios que aprovechan quizá mejor que ningun otro sector de la penetración de internet.

Pero los medios y las personalidades mediáticas conservadoras no tienen intención de aflojar en su influencia.

“No necesitamos un nominado que crea que puede ganar sobrepasando a quienes escuchan este programa u otros en la radio”, dijo Laura Ingraham, anfitriona de  una emisión de teléfono abierto.

Un ejemplo de esa determinación sería el fracaso de Jeb Bush, quien entró el año pasado a la carrera por la nominación presidencial republicana favorecido por su apellido, como hijo y hermano de dos presidentes, por su propio trabajo como gobernador de Florida y una formidable red de financieros que aportaron mas de 100 millones de dólares a su campaña.

Pero algunas de sus posiciones, en especial sobre migración, fueron vistas como conciliatorias y por tanto como anatema para los medios de derecha.

Bush debió abandonar la campaña el 20 de febrero de este año luego de muy pobres resultados en las tres primarias iniciales de la temporada electoral.