Francia busca recuperar su influencia

Un informe de la Asamblea Nacional detalla la manera en que el país ha dejado de figurar en los órganos del grupo donde se toman las decisiones

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La llegada de 23 diputados del partido Frente Nacional al Parlamento Europeo debilitó aún más al bloque francés en esa asamblea. Foto: Archivo

CIUDAD DE MÉXICO.

Una semana antes que François Villeroy de Galhau, presidente del Banco de Francia, fuera mencionado como probable ministro de Finanzas de una atribulada Unión Europea, un informe de la Asamblea Nacional señalaba el dolor de una Francia enferma de influencia perdida.

El espectáculo comenzó el pasado 2 de febrero cuando los diputados Christophe Caresche, un socialista, y Pierre Lequiller, un conservador, entregaron al pleno de la Asamblea un diagnóstico en el que coincidieron en consignar el problema de una nación que a lo largo de las dos últimas décadas aprendió a callar y a ocupar las últimas butacas del teatro político europeo.

“El 20 de junio de 1848, Víctor Hugo, entonces diputado de la Asamblea Constituyente, proclamaba en un debate sobre los talleres nacionales: ‘lo que París aconseja, Europa lo medita; lo que París comienza, Europa lo continúa’. Dos siglos más tarde, pocos parlamentarios se atreverían a afirmar con el mismo aplomo la primacía de la influencia de nuestro país en la conducción de los asuntos europeos”, indicó el nostálgico preámbulo del documento.

La Francia de Rabelais, de Descartes, del Rey Sol y su corte de Versalles, de Voltaire y los enciclopedistas que incubaron para el mundo la revolución burguesa, la Francia de Balzac, de Lautrec y La Goulue, de Proust, de Camus, de Nathalie Sarraute, de Piaff, de Bardot, de Jacques Brel y Coluche, se quedó sin voz o, peor aún, no tuvo nada qué decir para penetrar en los círculos de poder en la Unión Europea.

Bajo el título Sobre la influencia francesa en el seno de la Unión Europea, el duro informe de la Comisión de Asuntos Europeos arrojó las evidencias del retroceso de una nación que no ha cesado de perder influencia en ese cuerpo, así como en el Consejo Europeo, en el Parlamento Europeo y en la administración de la eurozona.

Hoy la cúspide de la toma de decisiones está en manos de un luxemburgués, Jean-Claude Juncker, que preside la Comisión Europea y la vicepresidencia es desempeñada por el holandés Frans Timmermans.

El alemán Martin preside el Parlamento Europeo. Otro alemán, Manfred Weber, preside el grupo del Partido Popular Europeo (PPE) y el italiano Gianni Pittella preside el grupo de los Socialistas y Demócratas (S&D).

El polaco Donald Tusk preside el Consejo Europeo, la italiana Federica Mogherini es la Alta Representante de la Unión para los Asuntos Extranjeros y Política de Seguridad.

El italiano Mario Draghi preside el banco central europeo y el griego Georges Dassis preside el consejo económico y social.

Medido en porcentajes, el retroceso de Francia en las instituciones de gobierno de Unión Europea es notable: en el Consejo Europeo se redujo de 17.24 por ciento en 1973 a 8.2 por ciento en noviembre de 2014; en el Parlamento Europeo bajó de 20 por ciento en 1979 a 9.85 por ciento en la actualidad con 74 diputados.

Jugando en la cancha contraria

Para debilitar todavía más la influencia de Francia, en 2014 llegaron al Parlamento Europeo 23 diputados del derechista Frente Nacional, quienes se han rehusado a reconocer la legitimidad de la institución de la que forman parte y en la que participan.

Esa postura “los marginaliza, evidentemente, y ‘amputa’ de facto a la delegación francesa de un tercio de sus miembros”, dice el informe.

Y si de lo que se trata es de la pérdida de influencia cultural, el uso de la lengua francesa ha descendido en picada.

En 1997, 40 por ciento de los documentos de trabajo de la Comisión Europea estaban redactados originalmente en francés. Pero a fines de 2014, tan sólo 5 por ciento de los documentos de trabajo habían sido escritos originalmente en la lengua de Molière.

Lo paradójico de este asunto fue que algunos de los documentos escritos en la lengua de Shakespeare fueron redactados por franceses.

Para ilustrar ese cambio cultural entre los franceses asignados a los órganos de gobierno de la Unión Europea, el informe menciona la polémica que suscitó en diciembre de 2014 el envío de un correo del comisario francés al ministro de Economía y de Finanzas de Francia, redactado enteramente en inglés.

“Es otra anécdota más que revela la omnipresencia del inglés en el seno de las instituciones europeas”, dice el informe.

En cuanto el Tribunal de Justicia, último bastión de la lengua francesa en el corazón de las instituciones europeas, la perspectiva tampoco es alentadora.

La reforma de esta institución en 2015 anuncia una situación de sobra conocida por los defensores de la francofonía, que han sentido en carne propia el impacto de la expansión de la Unión Europea hacia el Este.

El fenómeno está a punto de repetirse. Aumenta el número de magistrados, dos por cada uno de los 28 estados miembros y rápidamente el recinto recurre a una lingua franca, a un idioma que todos entiendan: el inglés.

Las cifras del informe sobre la evolución y el uso de las distintas lenguas en la Unión Europea, son contundentes.

De 1997 a finales de 2014, el uso del inglés creció de 45 a 81 por ciento. El uso del alemán bajó de 5 a 2 por ciento y el uso de “otras lenguas europeas” aumentó de 9 a 12 por ciento para la redacción de los “documentos de origen” que circulan por las oficinas de la Comisión Europea.

Francia, en calidad de sospechosa

Ante esa situación, los coautores del documento dedicaron el inciso B de su primera parte a la influencia que se gana con “el ejemplo y la credibilidad”. Para ilustrar el concepto recurrieron a una frase que el investigador de Ciencias Políticas, Christian Lequesne, puso en su artículo: “Quelle place pour la France en Europe? Réforme, crédibilité, influence” (¿Qué sitio para Francia en Europa? ¿Reforma, credibilidad,

influencia?).

“La influencia de Francia, como la de cualquier otro estado de Europa, está completamente ligada a su capacidad de tener éxito primero en casa” , dice el informe.

En cuanto a la percepción de credibilidad que de Francia tienen los expertos y los políticos europeos consultados por los autores del documento, coincidieron en que son los propios franceses los que juegan en contra de sus propios intereses.

“Francia está hoy en calidad de ‘sospechosa’ en el ámbito económico y presupuestario a los ojos de sus socios europeos”, dijeron las fuentes consultadas por los autores del informe; “ya se encuentra en una situación crónica de déficit público excesivo en relación a los criterios de convergencia de la Unión económica y monetaria”.

“Existe el riesgo también de que Francia vea su política europea inspirada solamente en la búsqueda de un compromiso presupuestal que le sea favorable (aún cuando vaya) en detrimento de sus otros intereses”, opinaron los expertos consultados por miembros de la Comisión de Asuntos Europeos de la Asamblea Nacional para la redacción de este informe.