Monseñor Óscar Arnulfo Romero, elevado a los altares
Ante miles de fieles católicos beatificaron al llamado “padre de los pobres”, quien en 1980 fue asesinado por ultraderechistas
SAN SALVADOR, 24 de mayo.— Monseñor Óscar Arnulfo Romero, asesinado hace 35 años por un escuadrón ultraderechista, fue declarado ayer beato, en un acto multitudinario en el que se resaltó su amor por los pobres y lucha por la justicia.
Romero fue beatificado en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, enviado del papa Francisco, quien en febrero aprobó el decreto que reconocía el martirio del arzobispo de San Salvador.
“San Romero de América”, como desde hace años llaman a Romero los salvadoreños, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un comando de ultraderecha mientras oficiaba misa en la capilla del hospital de cáncer Divina Providencia de San Salvador.
El largo camino de Romero hacia los altares comenzó en 1990, y el papa Francisco desbloqueó en 2013 el proceso, estancado desde 1997, cuando el Vaticano aceptó la validez de la causa.
La beatificación quedó definida cuando Amato derramó incienso sobre la reliquia del mártir, consistente en la camisa ensangrentada que vestía el día de su asesinato, flores y una palma que significa “la victoria de los mártires”.
Los devotos no pudieron contener la emoción, y lágrimas, aplausos y gritos inundaron la plaza Salvador
del Mundo, a donde cerca de 300 mil personas se congregaron.
Fieles hondureños, costarricenses, mexicanos, estadunidenses, argentinos, chilenos, panameños, guatemaltecos y nicaragüenses, entre otros, estuvieron presentes en la plaza.
Los vítores dedicados a Romero y las pancartas que exhibieron fragmentos de sus homilías, muy críticas de los poderes que dominaban a El Salvador en su época, se pudieron ver a lo largo del acto religioso, en el que participaron también el postulador de la causa, Vicenzo Paglia, y el arzobispo de San Salvador, Luis Escobar Alas.
Durante la beatificación, que se prolongó unas tres horas, Escobar Alas invocó a Romero “con fe y esperanza, para que Dios nos conceda la esperanza de poder construir una sociedad nueva, con justicia para todos”.
La reliquia del arzobispo mártir de San Salvador fue llevada ayer hasta la plaza Salvador del Mundo en una urna de cristal, desde el museo del hospital de la Divina Providencia, en cuya iglesia mataron a Romero.
A partir de ahora, la reliquia pasará a la Catedral Metropolitana de San Salvador, desde donde se irá trasladando a diferentes iglesias y museos para que pueda ser visitada por los fieles.
En la beatificación estuvieron los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Honduras, Juan Orlando Hernández; de Panamá, Juan Carlos Varela; y el anfitrión, Salvador Sánchez Cerén.
También el vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; de Costa Rica, Helio Fallas, y el viceprimer ministro de Belice, Gaspar Vega, además de delegaciones de México, Brasil, Colombia, Chile, EU, Italia y Nicaragua.
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