¿Cómo mejorar el mundo en 19 pasos?: Los consejos del Consenso de Copenhague

El Dr. Bjorn Lomborg reunió a 82 de los economistas más reconocidos del mundo para evaluar y definir los beneficios sociales de cada dólar invertido en problemáticas sociales

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¿Cómo mejorar el mundo en 19 pasos?: Los consejos del Consenso de Copenhague

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de mayo.- Imagine entrar a un restaurante muy lujoso y encontrarse con un menú espectacular, lleno de platillos únicos y una gran selección de vinos importados. Pero inmediatamente usted se da cuenta de que en ese menú no vienen los precios ni los tamaños de las porciones. A menos de que tenga un presupuesto ilimitado seguramente va a sentirse incómodo ordenando ¿cierto? ¿Pediría un Filet Mignon? ¿Pediría una entrada? ¿Le alcanzaría el dinero para un postre? ¡Vaya predicamento!

Créalo o no los gobiernos del mundo se enfrentan a un problema muy parecido a la hora de fijar presupuestos para temas como la lucha contra la pobreza, la desigualdad, erradicar la desnutrición infantil, mejorar tecnologías, bajar el desempleo y mitigar el calentamiento global, entre muchas otras necesidades. El dilema de las naciones no es muy distinto al del comensal que busca saciarse con un presupuesto limitado, ambos tienen que definir sus prioridades para obtener el mayor valor por su dinero. En el caso de los gobiernos hablamos de inversiones que aporten el mayor beneficio social posible, pero el problema es que muy a menudo desconocen cuánto van costar estos programas sociales y qué beneficios se pueden a obtener a corto, mediano y largo plazo con ellos. Esto fue lo que nos explicó el Dr. Bjorn Lomborg–presidente para el Centro de Consenso de Copenhague–durante su visita a México para hablar sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un plan de asistencia para el desarrollo que plantea la ONU para mejorar la calidad de vida de la humanidad en los siguientes 15 años. La tarea del Dr. Lomborg y su instituto es hacer investigación económica para convencer a las Naciones Unidas de darle mayor importancia a aquellos objetivos que permitan los mejores beneficios para la población mundial, la economía y el medio ambiente por cada dólar invertido: “Lo que intentamos hacer es poner precios y tamaños en cada una de estar oportunidades maravillosas para la sociedad (justo como el comensal en un restaurante). Así sabrás cuánto cuestan y cuánto te quedará para otras cosas que quieres comprar después.”

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Sustainable Development Goals: SDG) que se discuten actualmente serán la continuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Millennium Development Goals: MDG), un acuerdo de 8 puntos que se firmó en el año 2000 entre los miembros de las naciones unidas y que llega a su fin este mismo año con un éxito bastante considerable si se toma en cuenta que más de 700 millones de personas dejaron de estar en situaciones de pobreza extrema y unos 2,300 millones ya tienen acceso a fuentes más limpias de agua.

Sin embargo algunos otros objetivos no pudieron ser cumplidos; países como México han fallaron en reducir la mortalidad materna en 75% como estaba previsto, al igual que buena parte de los países en África subsahariana y algunos en el continente asiático con otras metas (Ver: UN Millennium Development Goals Progress Chart). Si bien no todos los objetivos del milenio se cumplieron, es innegable que los humanos tienen una mejor calidad de vida que hace 15 años, por lo menos en una buena parte del planeta; y China, al igual que la India han sido un gran ejemplo de cuplimiento. Lo que ahora preocupa a los economistas es que el plan de desarrollo que se propone para los siguientes 15 años es demasiado ambicioso y ambiguo. El éxito de los objetivos del milenio se debió en buena medida a que se trató de un plan breve y conciso: aquel documento contenía 18 metas de desarrollo, resumidas en 374 palabras, mientras que el plan para 2016­2030 que se negociará junto con México del 25 al 27 de septiembre al interior de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York resalta por tener 169 objetivos, resumidos en 4,369 palabras. Este aumento en el presupuesto y en las metas es con lo que no concuerdan los expertos, quienes aseguran que los 2.5 billones ($2, 500, 000, 000, 000 usd) que se invertirán en el mundo durante todo este tiempo servirán de poco si los gobiernos no establecen prioridades de gasto.

“Desafortunadamente cuando estás estableciendo metas de desarrollo para el mundo entero es muy fácil acabar diciendo: vamos a prometerle todo, a todo el mundo, todo el tiempo. Pero evidentemente eso quiere decir que no vas a tener prioridades y no vas a tener un sentido de qué es realmente importante.” Así lo expresó el Dr. Lomborg, quien además se encuentra entre las 100 personas más influyentes de la revista Time, y resalta por la gran polémica internacional que desataron sus libros El Ecologista Escéptico y Cool It: La Guía del Ecologista Escéptico al Cambio Climático, dos títulos que proponen soluciones inéditas al calentamiento global (y que ciertamente tocaron fibras sensibles entre la opinión pública) basados en la premisa de que el cambio climático es un fenómeno real y preocupante, pero que los millones de dólares que se emplean en mitigarlo no tendrán efecto a menos que se inviertan en mejorar la calidad de vida de los humanos, especialmente en los países pobres, algo que eventualmente tendrá un impacto mucho mayor en la lucha contra el problema ambiental.

La idea de Lomborg es ingeniosa, él junto con el Centro de Consenso de Copenhague reunieron a 82 de los economistas más reconocidos del mundo, expertos sectoriales y un grupo de ganadores del premio nobel para evaluar y definir cuánto beneficio social puede detonar cada uno de los 169 objetivos que plantea la ONU para 2016­2030 por cada dólar invertido, en otras palabras, ponerle precio y tamaño a cada uno de los problemas de la humanidad, tal como en el menú de aquel restaurante lujoso. Estas sugerencias se plasmaron en un estudio llamada Los Objetivos de Desarrollo Inteligentes 2016­2030, con el que se busca convencer a los países de firmar sólo aquellas metas que prometan un mayor impacto en costo­beneficio para sus habitantes y ayuden así a la mayor cantidad de gente posible en los próximos 15 años.

Administración básica, ¿cierto? El gran problema es que muy a menudo los problemas que ocupan las primeras planas y son políticamente correctos–piense en el derretimiento de los glaciares, las guerras, el ébola, y la muerte de los osos polares–no son necesariamente en los que vale más la pena invertir para salvar al mundo (lo cual no significa que éstos no sean problemas preocupantes, sino que la inversión directa en ellos es ineficiente al tratar de solucionarlos); y sobre esto hay un claro ejemplo: hasta la fecha han muerto 16 mil personas por el brote de ébola en África occidental, mientras que cada año mueren 1.3 millones de personas por tuberculosis. El mensaje no es permanecer indiferente ante el ébola, sino que reducir el número de muertes por tuberculosis—una enfermedad prevenible y curable—debería ser una prioridad para el gasto público si se busca dar salud a la mayor cantidad de gente posible.

El grupo encontró que a través de la optimización de recursos se podría hacer mucho más por la economía, las sociedad y el ambiente que repartiendo esos 2.5 billones de forma equitativa entre todas las necesidades del mundo (algo que traería menos de $10 dólares de valor para beneficio social por cada uno invertido). Concluyó por otra parte que tan sólo 20 de aquellos 169 objetivos que sugiere la ONU son tan efectivos que su impacto en el desarrollo social tendría un valor de entre $20 y $40 dólares por cada dólar, mientras que algunos otros generarían menos de $1 por cada dólar de gasto.

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Algunos de las metas sugeridas por la investigación son bastante lógicas: eliminar gradualmente los subsidios a las gasolinas (salvo para algunos sectores que dependan directamente de éstos, p. ej. los trabajadores del campo), algo que el FMI (Fondo Monetario Internacional) estima que le cuesta al mundo 10 millones de dólares por minuto, dinero que podría usarse para la investigación en energía o hacer llegar combustibles modernos a una parte de las 3 mil millones de personas que se calientan y cocinan con materiales tóxicos como carbón, paja o excremento animal, lo cual además provoca la muerte prematura de 4.3 millones de personas cada año por contaminación del aire al interior del hogar en el mundo (OMS, 2014).

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“Enfocarnos en lo que es más inteligente, en vez de lo que se siente bien moralmente, podría ser la mejor que podemos hacer para los siguientes 15 años.”

­Bjorn Lomborg

Muchos de los objetivos inteligentes están planteados no sólo en cuanto a su valor costo­beneficio, sino a la probabilidad de que puedan completarse para 2030, y para esto el Centro de Consenso de Copenhague ha señalado 19 metas que resultan ser tremendamente efectivas en la práctica y que han sido divididas en tres áreas básicas: personas, planeta y prosperidad.

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Fuente: Copenhagen Consensus Center 2015

Evidentemente algunas de estas sugerencias son más prometedoras que otras. Tome por ejemplo garantizar el acceso universal a la anticoncepción–equivalente a $120 en beneficio social por cada $1 invertido–, permitir la migración de trabajadores calificados y reducir la malnutrición infantil ($45), proteger los arrecifes de coral ($24), proveer redes de banda ancha móvil en países en desarrollo ($17) o permitir el libre comercio entre los países de la APEC –Foro de Cooperación Económica Asia­Pacífico, México incluido ($1870)-. Por el contrario, algunas otras propuestas suenan bien intencionadas y sorprendentemente no funcionan como áreas de inversión, p. ej: duplicar la energía renovable en el mundo ($0.8 de beneficio por cada $1 invertido), aumentar las áreas protegidas ($0.85), tratar de cumplir la meta de 2ºC en emisiones de CO2 o aumentar los índices de natalidad en países ricos (menos de $1. Las metas que se proponen adoptar por Los Objetivos de Desarrollo Inteligentes 2016­2030 son una sugerencia para que los gobiernos del mundo administren mejor sus presupuestos y ayuden a la mayor gente posible. Quizás no todos los países escogerán estos 19 objetivos inteligentes, pero aun así bastaría que naciones como México se comprometan a cumplir tan sólo una de estas 19 metas cuidadosamente seleccionadas para que inviertan su dinero en algo que verdaderamente funcione para el bienestar de su gente, el ambiente y la economía.

Finalmente, ante la pregunta de qué podemos hacer los ciudadanos al respecto el Dr. Lomborg responde: “Empieza por decirle a tu presidente: Vas a ir a Nueva York en septiembre para firmar un documento con 169 metas y objetivos de desarrollo, esa es una cantidad de promesas imposible de cumplir, así es que concéntrate en las más efectivas. Si tan sólo pudiéramos a más gente diciendo esto, habrá mucho más probabilidades de que estemos haciendo un bien para el mundo.”

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