Acuerdo previo irá de Lima a París
Los países más desarrollados pusieron sobre la mesa que las obligaciones tienen que ser parejas para todos
LIMA, 15 de diciembre.– “El planeta tiene fiebre y hay que bajársela”, explicaba el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Sí, la temperatura se elevaba. Bajo el sol peruano y el calor húmedo, característico de Lima, capital del Perú, se llevó a cabo la Conferencia de las Partes para el Cambio Climático en su vigésima edición.
Veinte años negociando una acción global que permita combatir las consecuencias de esta alteración al sistema climático, de manera coordinada entre más de 190 países en el mundo.
Al principio, la festividad invadía el ambiente. Recién en septiembre, el mundo había escuchado los compromisos de los jefes de Estado y de gobierno en la Asamblea General de Naciones Unidas en NuevaYork.
Allí vimos la mayor marcha por el clima vista en la historia. La gran manzana hervía en torrentes de personas serpenteando por sus calles y avenidas.
La exigencia de respuestas a los gobernantes del mundo, frente a las interrogantes que nos plantean los paulatinos cambios registrados al sistema climático de nuestro planeta, por la febril actividad industrial humana.
Posteriormente sobrevino un acuerdo histórico entre los dos más grandes contaminadores de este planeta: China y Estados Unidos. Ambos se comprometían a reducir sus emisiones contaminantes en 20-26 por ciento para el 2030.
Insuficiente, sí. Pero histórico y esperanzador.
Ademas, se trataba de la reunión previa al histórico acuerdo de París 2015, por lo que tendrían que emerger acciones ambiciosas que sirvan de base al ansiado tratado que universalice la obligación de combatir al cambio climático. Escucharon bien: la obligación.
Responsabilidades compartidas, pero diferenciadas
La realidad comenzó a morder las expectativas hacia la segunda semana cuando el concepto de responsabilidades compartidas, pero diferenciadas, comenzó estancar las negociaciones.
Los países más desarrollados del planeta pusieron firmemente sobre la mesa que las obligaciones tienen que ser parejas y para todos.
Las naciones en vías de desarrollo se apegaron a los textos de la convención, y se plantaron con todo para acentuar la “diferenciación “al grado de sobrecargar de responsabilidades a los más ricos.
Fueron ellos quienes pujaron para que las responsabilidades se centraran en la mitigación y, superficialmente, en la adaptación. Pero el G77, bajo la presidencia boliviana, mantuvo en todo momento las pérdidas y daños como parte de la adaptación.
¿Por qué tanto temor a este último rubro? Porque es el más grande, caro e incierto. Las pérdidas y daños de un desastre pueden ser incalculables, y cargar con esa cruz no es algo que quiera cargar nadie.
En efecto, las negociaciones se empantanaron.
Un estira y afloja. Era comprensible que el norte endureciera su posición para presionar sobre todo a China, el país más contaminante y segunda economía mundial, montada en una posición formal de economía en vías de desarrollo.
Sin embargo, también lo era el hecho real y lacerante que no todos pueden contribuir de la misma manera y que, en efecto, también todos tienen el derecho de desarrollarse.
No obstante ello, también está el derecho de las nuevas generaciones a gozar de nuestros mismos recursos, así como el de los más débiles a contar con el apoyo de los más fuertes, para ejercer el principal derecho de absolutamente todos: el derecho a existir.
México en la COP20
¿México que aportó? Este año aportó sus diez millones de dólares al Fondo Verde que, por cierto, es iniciativa con sello mexicano, que este año alcanzaron contribuciones a los más de 10.2 mil millones de dólares. Ningún moco de pavo.
De hecho, nuestro país es de los pocos que tienen ya una ley específica para el cambio climático, lo cual es técnicamente una aspiración para muchos que se limitan a acciones ejecutivas. Lo nuestro ya pasó por las cámaras o por lo que es un mandato popular.
Sueño y acuerdos
“Ustedes no han venido sólo a disfrutar Lima. ¡Han venido a construir acuerdos!”, espetó Manuel Pulgar Vidal, presidente de la COP20.
Contenido, el paciente Ministro de Medio Ambiente del Perú, dejó ver su molestia desde el presidium de la plenaria, una enorme sala blanca montada en “El Pentagonito”, como popularmente se conoce a Cuartel General del Ejército Peruano, que fue la sede de la cita anual de la cumbre climática.
Eran momentos de tensión que poco a poco enterraban el ambiente incluso festivo con el que había arrancado la COP.
El estancamiento en las negociaciones comenzó a mermar el ambiente. Hacia el final de la COP las conversaciones se tornaron maratonicas. Nadie dormía, los negociadores malcomían. Parece ya una tradición.
El día de la clausura, en el que supuestamente se cerraría la Conferencia, no sucedió. Las conferencias de prensa contempladas, se cancelaban, signo inequívoco que algo no transitaba.
Las puertas se azotaban por los pasillos, los negociadores iban y venían. Todos preguntaban y nadie sabía nada, ni los mismos anfitriones.
Nos fuimos a dormir (es un decir) sin acuerdos. El sábado, todos daban por hecho que caería un acuerdo. Tampoco sucedió. Por los pasillos se podían ver periodistas y miembros de las delegaciones dormidos en los sillones. Caras largas, ojeras más largas. El sábado tampoco llegó el acuerdo, ni el sueño.
In extremis, en la madrugada del domingo llegaba un texto más. Los negociadores, ojerosos y con los ojos inyectados, lo adoptaron. Por fin se había llegado a acuerdos.
Los acuerdos
En esencia, los 195 países de la COP20 acordaron el ansiado borrador que servirá de base para París... antes de mayo del 2015. De la misma manera, presentar sus llamadas Contribuciones Nacionalmente Determinadas para el primer trimestre del año que viene.
Es cierto que no fueron los resultados que todos o los que todo el mundo esperaba aquella mañana de primavera austral cuando un optimismo, casi festivo, desbordaba por los pasillos de la COP.
Pero era un acuerdo, y servirá de base para París, en la COP 21, donde los países se comprometieron a que sería un parteaguas , que derivaría en un acuerdo universal para combatir el cambio climático.
No obstante, el voluntarismo al final de esta COP me hace pensar que nada será jurídicamente vinculante, incluso después París.
La duda persiste: ¿Será este acuerdo suficiente para bajarle la fiebre al planeta, como dijo Ban Ki-moon? Difícilmente. Sólo el tiempo nos hará sentir si fue la dosis de medicina adecuada.
El tiempo de Lima a París.
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