Retrato hablado: Jeb, otro de los Bush que quiere la presidencia

Desde hace 25 años Jeb Bush es señalado como un fuerte aspirante a la Presidencia de Estados Unidos; está casado con una mexicana y goza de amplio respaldo latino.

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CIUDAD DE MÉXICO, 15 de noviembre.- Los ojos y oídos del Partido Republicano, los de muchos demócratas estadunidenses, y no pocos en el mundo están atentos a lo que diga o haga John Ellis Bush, (Jeb).

Después de todo, se espera que Jeb Bush declare pronto sus intenciones de buscar la candidatura republicana a la Presidencia de Estados Unidos.

Hay parte expectación y esperanza, hay un poco de morbo y hasta algo de fascinación con el personaje, segundo hijo del expresidente George H. W. Bush y su esposa Barbara; hermano menor del expresidente George W. Bush; y ahora, el más reciente representante de una exitosa dinastía política.

Durante los últimos 25 años, Jeb ha estado en boca de todos los políticos republicanos y la prensa política estadunidense como alguien que eventualmente buscaría la Casa Blanca. No son pocos, por cierto, quienes creen que él y no George W., debió haber sido el mandatario en la primera década de este siglo.

Pero esa es agua pasada que evidentemente no preocupa a los Bush. En el caso de Jeb, tal vez este sea su momento.

De hecho, si se cumplen los sueños de algunos, los Bush serían la primera familia de los anales políticos estadunidenses que aportara tres presidentes en un lapso de 30 años. O a lo largo de la historia del país, en realidad.

La idea de dinastías es considerada como indeseable por muchos estadunidenses, pero la verdad es que parecen cómodos con ellas. De los Adams a los Roosevelt y los Kennedy. Pero eso mismo hace que Jeb sea, o por lo menos parezca, indeseable para algunos. Las presidencias de su padre y de su hermano —en especial la de éste— son todavía polémicas, por decir lo menos.

De hecho, ese sentimiento parecía generalizado. Hace no muchos años se consideraba improbable que otro Bush llegara a la Presidencia, o pudiera buscarla siquiera. Tanto que Barbara, la matriarca del clan, señaló hace dos o tres años que el país no estaba listo para otro Bush.

Hoy, sin embargo, George W. Bush habla abiertamente de la posibilidad y hasta de que su amistad personal con los Clinton sobreviviría sin problema el que Jeb venciera a Hillary Rodham en las elecciones de 2016.

Jeb terminó en 2007 dos exitosos periodos como gobernador de Florida, uno de los estados importantes de Estados Unidos, pero la tremenda impopularidad acumulada por su hermano George en sus ocho años de gobierno, unido a las demandas de cambio y las esperanzas en torno a Barack Obama fueron factores contrarios.

Familia polémica

Hubo incidentes también en la vida personal de Jeb Bush: un miniescándalo cuando su esposa Columba fue multada por el Servicio de Aduanas al tratar de introducir sin declarar mercancía europea por más de 19 mil dólares: los problemas de adicción de su hija Noelle; las denuncias en torno a sus negocios con personajes más o menos sospechosos.

De acuerdo con Mother Jones, una revista de investigación con inclinación izquierdista, la historia de Jeb “es el sueño de un investigador de oposición: sombreada por vergonzosos episodios familiares, alegatos de infidelidad, comentarios ofensivos hacia votantes negros y dudosos tratos empresariales”.

Nacido el 11 de febrero de 1951 en Midland (Texas), Jeb Bush sigue sus propios consejos. Sin duda escucha el consejo que su padre le quiera dar. Tal vez lo que le sugieren sus hermanos George, Dorothy, Neil, Marvin o Robin. Seguramente tiene presentes los de su esposa Columba Garnica, a la que conoció en 1971 en Guanajuato, México, donde Bush llegó como parte de un intercambio académico, y con quien se casó en 1973.

Todo mundo espera la decisión de Jeb. Después de todo, no son pocos en Estados Unidos los que piensan que debió haber sido él quien fuera Presidente de Estados Unidos durante la primera década de este siglo.

Desde siempre, cuentan algunos de sus biógrafos, parecía el más indicado, o por lo menos el más interesado, en seguir una carrera política.

Y hoy por hoy, se asegura que sería quizá el único republicano que podría tender un puente entre ese partido y la minoría hispana. Para ser electo —y reelecto— como gobernador en Florida alcanzó hasta 66 por ciento del voto latino.

Bush, después de todo, habla un español casi perfecto, tiene un grado en estudios latinoamericanos en la Universidad de Texas en Austin; vivió en México y Venezuela y ha hecho negocios con muchos latinoamericanos.

Bush empezó su carrera profesional en 1975, cuando ingresó al Texas Commerce Bank gracias a la intervención de James Baker, un cercano amigo de su padre que luego ocupó altos cargos en los gobiernos de Ronald Reagan y Bush padre.

En 1977 fue enviado a Caracas para impulsar los negocios del banco, pero regresó en 1980 como voluntario en la campaña de su padre por la candidatura presidencial republicana, que perdió ante Reagan aunque éste lo hizo su vicepresidente.

Fue al final de esa campaña que él y su familia se mudaron a Miami, donde hicieron su casa y comenzó a relacionarse con grupos de negocios locales, varios de ellos latinos y especialmente de origen cubano.

De acuerdo con él, parte de la razón de la mudanza fue que sus suegros se habían establecido ahí; parte también, porque le ofrecía la posibilidad de obtener una posición económicamente cómoda.

Es en esa época también cuando comienza a militar en el Partido Republicano y en 1986 está a la cabeza de la organización en el condado (municipio) de Dade, que incluye Miami y que tuvo un papel de importancia en la elección de Bob Martínez como gobernador de Florida. Entre 1987 y 1988 Jeb fue el secretario de Comercio del estado, pero renunció para sumarse a la finalmente victoriosa campaña electoral de su padre.

En 1994 Bush se postuló para gobernador de Florida, pero perdió por 64 mil votos, 1.5 por ciento del voto frente al demócrata Lawton Chiles. Ese mismo año, su hermano George W. era electo gobernador de Texas.

En 1998 su nuevo intento triunfó frente al demócrata Buddy McKay. La dinastía tiene dos gobernadores; George en Texas, Jeb en Florida.

Su posición en Florida lo ayuda también a refrendar su interés en América Latina. Después de todo, la ciudad de Miami gusta de presentarse como la capital financiera y de farándula de la región.

Sin duda, sería uno de los pocos —por no decir el único— políticos estadounidenses de su nivel que sepa algo de América Latina y tuviera un interés genuino en la región.

Y es por cierto el único presunto aspirante presidencial republicano en este ciclo que tiene antecedentes abiertamente en favor de la reforma migratoria —aunque a veces haya buscado matizarlo— y la necesidad de que los republicanos auspicien esa propuesta.

Su hijo George Prescott Bush —George P. para sus amigos— acaba de ser electo Comisionado de Tierras en Texas, y ya hay quien sueña con la idea de que se convierta en el primer presidente de origen hispano en la historia de los Estados Unidos.

Amén de George P. y Noelle, los Bush-Garnica tienen un hijo menor, un joven abogado con su mismo nombre, pero apodado Jebby, que tiene sin embargo su pequeño escándalo a cuestas: en 2000, cuando tenía 16 años, fue sorprendido en un estacionamiento teniendo relaciones sexuales con una chica de 17.

Y no es que la vida de Jeb Bush haya sido una historia sólo de éxitos y logros al amparo del políticamente poderoso apellido. Por lo pronto, ya algunos populistas republicanos, como la fundamentalista Phillys Schafly, llaman a bloquear el paso de lo que el ala populista de la derecha republicana considera como otro representante más de la elite.

Y no es que el segundo de los cinco hijos del matrimonio del expresidente George H.W. Bush y su esposa Barbara haya esperado turno o nada por el estilo. Simplemente, para él las cosas se dieron así.

Pero desde siempre, Jeb parecía el más indicado, o por lo menos el más inclinado a seguir una carrera política. Pero cuando su hermano George se postuló, Jeb no tuvo problema en sumarse entusiastamente en su apoyo y su trabajo.

Y ahora, como todo mundo, el clan está a la espera de la decisión de Jeb.

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