Guatemala puente para el narcotráfico
Aunque el presidente Otto Pérez Molina sostiene que su administración está “trabajando muy fuerte” contra el narcotráfico, el número de decomisos ha decendido sensiblemente y hoy en día el trasiego hacia Estados Unidos es más fuerte

GUATEMALA, 11 de septiembre.– En materia de narcotráfico, Guatemala actúa al son de factores externos, por su ubicación geográfica. Las estructuras mexicanas y colombianas dictan la pauta de las estructuras locales. También las aprovechan cuando son un poder consolidado, que llena vacíos de poder que dejó el Estado. La estrategia les protege ante las autoridades, que pierden legitimidad ante la población. Un ejemplo es el rescate del narcotraficante guatemalteco Ranferí Ponce. En septiembre de 2013 en Izabal (colindante con Honduras y Belice), unos 300 pobladores vapulearon a los policías y soldados que custodiaban a Ponce, lo liberaron, y Ponce se perdió en el mapa.
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, sostiene que su administración está “trabajando muy fuerte” contra el narcotráfico. Su evidencia son los decomisos de 2014. Por ejemplo, en enero, en una pista privada en Izabal, la policía descubrió 500 kilos de cocaína en una avioneta procedente de Venezuela. En junio, la policía encontró 1.2 toneladas de coca en un contenedor que transportaba platanos en el puerto Quetzal (costa del Pacífico); procedía de Ecuador con rumbo a Estados Unidos.
Pero los decomisos también demuestran que Guatemala aún funciona como importante puente para el narcotráfico, principalmente para la cocaína. Entre enero y julio 28 de 2014, las autoridades incautaron 3,281 kilos—sólo 200 kilos menos que lo incautado durante todo 2013, según datos que suministró la Policía Nacional Civil. Estas cifras palidecen ante los 10 mil kilos anuales que la policía incautaba a finales de los años 90. Para entonces, el Departamento de Estado de EU estimaba que por Guatemala pasaban unas 200 toneladas de cocaína al año. Con base en ello, estimaba que sólo el tres por ciento de la droga en tránsito era incautada en Guatemala. Hace cinco años el porcentaje se redujo a uno.
Ahora se estima que entre 600 y 900 toneladas de cocaína pasan por el istmo anualmente; cerca de 90 por ciento, por Guatemala. Es decir, ahora se envía más droga hacia EU, pero en Guatemala se incauta menos. Información oficial de enero de 2014 señala que Guatemala fue el país que menos cocaína decomisó en Centroamérica en 2013.
La reducción en los decomisos se atribuye a que los traficantes encontraron nuevas y más efectivas rutas para traficar, según Elmer Sosa, subdirector de la Subdirección General de Análisis de Información Antinarcótica (SDGAIA) de Guatemala. Algunos analistas opinan que el robo de droga a manos de policías corruptos, o entre narcotraficantes rivales, contribuye a la disminución de los decomisos.
¿Quién y cómo transporta
tanta coca?
Un exinvestigador policial y detective privado asegura que, pese a que surgieron otros grupos, el más dominante todavía es la familia Lorenzana. Tres de sus miembros están capturados (dos hermanos y el padre, Waldemar Lorenzana Lima, quien fue extraditado a EU en abril de este año y se declaró culpable en agosto, pero dos hermanos prófugos todavía administran el negocio. Los Lorenzana tienen su feudo en Zacapa (colindante con Honduras), y trafican en sociedad con Los Huistas, un grupo de Huehuetenango (colindante con Chiapas, México). Ambos grupos actúan bajo la sombra del Cártel de Sinaloa.
Los Lorenzana dominan el trasiego de cocaína en Zacapa y Chiquimula (colindante con Honduras y El Salvador); Puerto Barrios, Izabal, y el noreste de Petén (frontera con Belice). Reciben la cocaína por vía terrestre desde Honduras y vía aérea desde Sudamérica, y la envían a Chiapas, México. Sosa dice que tienen información al respecto, pero carecen de evidencia que la confirme.
El funcionario afirma que el trasiego más problemático es el marítimo por la dificultad para detectarlo. Este también es conducto para el ingreso al país de precursores químicos para la fabricación de droga sintética que, según una fuente del Ministerio Público, es enviada a México y EU.
Las operaciones antinarcóticas han sido más efectivas contra el narcotráfico aéreo. Se disminuyó de 60 vuelos detectados en 2008 a dos interceptados en 2014, según Sosa. El incremento del patrullaje militar al norte del país en 2008 redujo el número de narcovuelos que llegan en el país y los desvió a Honduras, según fuentes del Ministerio de Defensa de Guatemala. Contribuyó a ello la crisis política presidencial de 2009 en Honduras, cuando en ese país se descuidó la vigilancia de zonas completas. Sosa agregó que la capacidad para interceptar vuelos en Guatemala aumentó en 2013, cuando EU donó seis helicópteros para operaciones antinarcóticas.
El cambio aumentó el trasiego por tierra de Honduras a Guatemala, y también la tasa de homicidios en las zonas fronterizas a partir de 2011. No obstante, un asesor gubernamental sostiene que en Playa Grande, Quiché (colindante con Chiapas), todavía aterrizan avionetas procedentes de Honduras con cocaína para los Zetas.
Otros factores de cambio
Pese a la captura de otros socios importantes del Cártel de Sinaloa desde 2011 hasta la fecha, Sosa sostiene que ese cártel mantiene una presencia fuerte en Guatemala porque a éste pertenece la mayoría de la droga incautada.
Los Zetas, en cambio, tienen menor presencia. “No me atrevo a decir que ya no hay Zetas en Guatemala, pero sí que bajaron su perfil”, dijo Sosa. Como en México, Los Zetas tomaron a la fuerza plazas que sus antiguos jefes del Cártel del Golfo les encomendaron cuidar—salvo algunas rutas que permanecen en manos de socios leales al Cártel del Golfo. Sin embargo, Sosa sospecha que la captura de 2013 de Miguel Treviño Morales, exjefe de Los Zetas, disminuyó las capacidades del grupo en Guatemala.
Un asesor gubernamental reveló que se fortalecieron los grupos guatemaltecos, porque las estructuras corruptas de gobierno ahora “trabajan” con todos los grupos —lo cual enfrió los conflictos entre estructuras rivales. Por algo en 2013 Pérez Molina admitió públicamente que la corrupción está incrustada “en 50 por ciento de las instituciones del Estado”, también infiltrado por el narcotráfico y crimen organizado.
Dos aspectos hacen vulnerable al gobierno ante el narcotráfico: la falta de fiscalización de las fuentes de financiamiento de los partidos políticos y campañas proselitistas, y el pago de facturas políticas con cargos públicos, como diputaciones, por ejemplo, y el desinterés en una fiscalización más fuerte de la policía.
En 2008, el diputado del entonces partido oficial (Unidad Nacional de la Esperanza) Manuel Castillo fue condenado a una pena de cárcel por el asesinato de tres diputados salvadoreños y su piloto en 2007. La investigación estableció que Castillo estaba vinculado al narcotráfico. El caso perjudicó políticamente al partido oficial por la crítica que generó en la oposición y opinión pública.
La metamorfosis de los Zetas
En la administración presidencial pasada (2008-2012), los capturados por pedido de extradición fueron exclusivamente socios del Cártel de Sinaloa, y el centenar de socios Zetas capturados eran mandos medios y bajos reemplazables. Sin embargo, aunque versiones extraoficiales señalaron que el gobierno anterior de proteger a Los Zetas, el presidente de la época, Álvaro Colom, desmintió la acusación. Sí reconoció, en cambio, que Treviño era “el número uno” del narcotráfico en Guatemala en 2010.
Fue hasta en el tercer mes de gobierno de la actual administración (abril 2012) que cayó el principal socio de Los Zetas en Guatemala: el finquero Walter Overdick, extraditado a EU. En junio de 2012, casi en un balance de fuerzas, también cayó Walter Alirio Montejo, un Huista extraditable (socio del Cártel de Sinaloa) y, en 2014, cayó otro hijo de los Lorenzana, también extraditable. Estos casos comprueban que se mantiene una constante en Guatemala: los narcos de alto perfil son capturados hasta que EU los pide en extradición, y no cuando pueden ser juzgados en el sistema de justicia en Guatemala.
Desde mediados de 2011, hubo un relativo relajamiento de tensiones entre los grupos del narcotráfico hasta que siete personas fueron acribilladas y calcinadas en diciembre de 2012, incluyendo a una fiscal y tres policías, y que ocho policías murieron acribillados y otro más, desmembrado, en junio de 2013 (presuntamente en venganza por el robo de un cargamento de droga). Las autoridades acusan de estos hechos a un grupo que dirigía Eduardo Villatoro Cano, alias Guayo Cano, extraditado en octubre pasado a Guatemala desde Tuxtla Gutiérrez, México, donde lo capturaron. El Ministerio de Gobernación lo vinculó con el Cártel del Golfo, aunque dijo que no tenía nexo alguno con el cártel mexicano del mismo nombre, pero el Ministerio Público lo asociaba con Los Zetas desde 2012.
Narcotráfico y violencia
El impacto del narcotráfico en la tasa de homicidios es relativo. Las matanzas ocurridas en los últimos seis años no son la norma. En 2012, el ministro de Gobernación de Guatemala, Mauricio López Bonilla, dijo que entre 50 y 60% de los homicidios eran atribuibles a las extorsiones de pandillas y maras, y que la mitad de ese porcentaje eran miembros de estos grupos; el resto, víctimas inocentes.
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) vincula las drogas sólo a uno de cuatro motivos tras la tasa de homicidios de 34 por cada 100 mil habitantes en Guatemala. Mientras tanto, Guatemala comparte el “top 5” de países más violentos del mundo con Honduras, Venezuela, El Salvador y Belice, según la ONU.
Este año la viceministra de Antinarcóticos de Guatemala, Eunice Mendizábal, anunció que está en marcha el Plan Estratégico de Seguridad con los países vecinos para “blindar” las fronteras del país (con apoyo de EU). Pero, sólo el tiempo dirá si la administración actual es más efectiva contra la corrupción interna y los factores externos que escriben el papel de Guatemala en el narcotráfico.