Obama, afectado por sus propias decisiones

Los estadunidenses han perdido la confianza en el mandatario por el manejo de su política exterior

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WASHINGTON, 13 de agosto.— El presidente Barack Obama “vacaciona mientras el mundo arde”, es la gráfica imagen que medios informativos y críticos del mandatario transmiten a los estadunidenses.

La política exterior se convirtió en el Talón de Aquiles político del presidente Obama, que enfrenta una serie de crisis externa sin el beneficio de un mínimo apoyo bipartisano y con sus críticos en pie de guerra.

Y eso, a pesar de que las encuestas de opinión marcan un muy bajo grado de interés de los estadunidenses.

En ese marco, para el senador Ted Cruz, la necesidad de ataques aéreos contra el Califato Islámico “no fue sino una demostración de los fracasos de la política exterior de Obama” y de su exsecetaria de Estado, Hillary Rodham Clinton.

“Pienso en la posibilidad de una ciudad estadunidense en llamas por la capacidad de los terroristas de actuar en Irak y Siria”, apuntó el senador republicano Lindsay Graham. “Si nos atacan y no hay estrategia para protegernos, (Obama) habrá cometido un error histórico”, agregó.

Para otros, la decisión es reveladora en otra forma: “así es como luce el completo colapso de una doctrina de política

exterior... en ausencia de un estabilizador liderazgo estadunidense, Oriente Medio se ha convertido en una guerra de poder regional entre sunitas y chiitas, en la que prosperan los más radicales y despiadados”, comentó Michael Gerson en The Washington Post.

Que el principal antecedente en política internacional de Cruz y otros de los detractores republicanos de Obama sea ninguno, como precisó la revista política National Journal no resta volumen a los señalamientos condenatorios.

La misma política exterior que ayudó a Obama a destrozar al republicano Mitt Romney es hoy considerada como

controversial: del manejo de los ataques en Benghasi, Libia,

que costaron la vida al embajador Christopher Stevens en 2012, al espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional, la incursión rusa en Ucrania y el canje de presos por el sargento Bowe Bergdahl.

A diferencia de sus antecesores, Obama no ha podido apoyarse en la conducción de política exterior, que es una de las prerrogativas de la Presidencia estadunidense.

Cuando Obama no es acusado de descuidar las relaciones con Latinoamérica y permitir que China se aproveche, es denunciado por el exceso de cautela que lo llevó a evitar intervenciones en Siria y en Libia.

“La capacidad estadunidense para desviar la mirada en asuntos internacionales alcanzó nuevas alturas en julio”, escribió Andrew Kohut, director del Centro Pew de Investigación, cuando a pesar de lo que describió como “un creciente caos” que incluía un avión de pasajeros derribado y la intervención israelí en la Franja de Gaza, sólo tres por ciento de los estadunidenses consideraba que eran temas de preocupación para el país.

La misma encuesta del Pew Center hizo notar que la aprobación al manejo de Obama sobre política exterior va en picada entre el mismo grupo que no considera importante la política exterior.

La política exterior de Obama “no se distingue de nada”, aseguró recientemente el gobernador de Texas, Rick Perry, uno de la docena de aspirantes a la candidatura presidencial republicana en 2016.

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