EU infiltró jóvenes latinos a Cuba para impulsar cambio político

El gobierno estadunidense envió jóvenes de Perú, Costa Rica y Venezuela a la isla con la excusa de llevar programas de ayuda sanitaria; el trasfondo era político

Por: AFP

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La portavoz del Departamento de Estado de EU, Jen Psaki (Foto: Archivo AFP)
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WASHINGTON, 5 de agosto.- Estados Unidos reconoció ayer que envió a jóvenes latinoamericanos a Cuba en un programa para promover la organización social y la democracia en la isla, bajo la apariencia de iniciativas cívicas y de salud.

Hay programas en el mundo orientados a desarrollar una sociedad civil más vibrante y capaz, consistente con los programas mundiales de promoción de la democracia. Y obviamente este programa estaba en línea con eso”, dijo la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki.

La existencia de ese programa había sido revelada ayer mismo por un reportaje de la agencia de noticias estadunidense The Associated Press, que reforzaba el carácter reservado de la operación ya que serviría para impulsar la organización de grupos opositores al gobierno cubano.

Psaki afirmó en cambio que el objetivo era cooperar en temas de interés social en Cuba “pero independiente del gobierno” en La Habana.

El programa, desarrollado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), impulsó actividades culturales, limpieza en las comunidades y siembra de árboles, además de un taller sobre prevención del sida.

En referencia específica al taller sobre el sida, Psaki señaló que sirvió a dos propósitos: “promover la organización de la sociedad civil y permitirle a las personas tener acceso a información que de otra manera no habrían tenido”, señaló la portavoz.

La divulgación de información sobre el sida fue “el beneficio secundario”, apuntó.

La USAID, que no detalló el costo ni la duración exacta del programa, dijo a través de su portavoz Matt Herrick que “no es secreto, ni encubierto” y que utiliza fondos aprobados por el Congreso.

Pero Psaki señaló que en algunos países, como Cuba, los programas de la USAID “operan de manera discreta para garantizar la seguridad de los involucrados”.

Según el reporte, desde 2009 y al menos por dos años, la USAID envió una docena de jóvenes de Venezuela, Costa Rica y Perú a las universidades cubanas para reclutar a eventuales líderes en movimientos de protesta contra el gobierno cubano.

Por asumir todos esos riesgos, a algunos jóvenes viajeros les pagaron muy poco, cinco dólares la hora.

El texto resaltó que los jóvenes extranjeros carecían de un adecuado entrenamiento en operaciones clandestinas y de una plan de seguridad mientras realizaban actividades que son ilegales en Cuba.

El programa incluso continuó después de que La Habana arrestara en 2009 al contratista estadunidense Alan Gross, condenado a 15 años de prisión por contrabandear a ese país equipos de espionaje.

Para la misión, USAID contrató a la firma Creative Associates International, una compañía basada en Washington, para provocar disenso entre los cubanos como parte de un programa cívico en un esfuerzo de Estados Unidos en contra del gobierno comunista de Cuba.

La misma empresa fue fundamental para la creación de una especie de “Twitter cubano”, una red de mensajes de texto llamada ZunZuneo que fue descubierta al público por The Associated Press en abril, y que estaba diseñada para que estuviera al alcance de cientos de miles de cubanos.

Sigue el éxodo de la isla

Enfrentados a complicadas condiciones de vida, los cubanos continúan emigrando masivamente 20 años después de que unas 37 mil personas se lanzaran al mar para intentar llegar a Estados Unidos, en la llamada “crisis de los balseros”.

La ola se generó en medio de una crisis económica y de la mayor protesta contra Fidel Castro, el 5 de agosto de 1994, y condujo a negociaciones secretas entre Cuba y Estados Unidos.

Ese día, antes del amanecer, la policía desalojó a potenciales emigrantes del puerto, pero éstos se concentraron en el Malecón a la espera de yates que –según emisoras anticastristas de Miami– llegarían de Florida a recogerlos, como en el éxodo de Mariel de 1980.

Sin embargo, los yates no llegaron.

Al mediodía comenzaron las protestas, con choques entre potenciales emigrantes y policías y obreros movilizados por el gobierno. Los disturbios cesaron horas después cuando Fidel Castro llegó al lugar.

La tensión venía creciendo desde el 13 de julio, cuando un remolcador secuestrado por 68 personas para irse a Estados Unidos se hundió luego de que otras embarcaciones lo interceptaran para impedir su fuga, ahogándose 37

personas.

En los días siguientes hubo otros secuestros. Guardacostas estadunidenses interceptaron lanchas en el mar y acogieron a los secuestradores.

Castro exigió a Washington que no estimulara la emigración ilegal, pero el 12 de agosto, tras el intento de secuestro de un tanquero, ordenó a las unidades navales que permitieran la salida de balseros.

Miles de cubanos se lanzaron al mar en los días siguientes. Se ignora cuántos murieron tratando de alcanzar Florida, a 150 km de Cuba.

El 19 de agosto el entonces presidente estadunidense, Bill Clinton, anunció que los balseros rescatados por la Guardia Costera serían confinados en la base norteamericana de Guantánamo.

Mientras tanto, Clinton y Castro emprendieron negociaciones secretas, que culminaron el 9 de septiembre con un acuerdo que establecía que Washington otorgaría 20 mil visas de migración a cubanos cada año.

Cuatro días más tarde, Castro prohibió de nuevo las salidas ilegales.

Desde entonces el éxodo no ha cesado, aunque quedó atrás la fase más dura de la crisis económica.

Cuba emprendió reformas con el presidente Raúl Castro, quien sustituyó a su hermano Fidel en 2006. Pero cada año se van de la isla unas 40 mil personas, según cifras oficiales, sólo que ahora casi todos lo hacen en avión, de manera legal.

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Gross dice adiós a su familia

Alan Gross, el estadunidense detenido en Cuba, siente que no vale la pena seguir viviendo y se ha despedido de su familia.

Gross fue arrestado en Cuba en 2009 cuando trabajaba clandestinamente para instalar acceso a internet. Su abogado, Scott

Gilbert, dijo ayer que su cliente “se ha retraído” y le ha dicho que “la vida en la prisión no merece vivirse”.

Siente que no puede tolerar mucho más la vida en la cárcel y se ha despedido de su esposa y una hija, dijo el abogado.

El estadunidense había dicho anteriormente por medio de su defensor que sus 65 años, que cumplió en mayo, serían los últimos que celebraría en La Habana, “de un modo u otro”.

Gross se despidió de su esposa y su hija menor durante una reciente visita a Cuba. Gross, que vivía en Maryland antes de su arresto, les había dicho a sus dos hijas que no fueran a verlo en la prisión.

El detenido dejó de hacer ejercicio y su salud no es buena, dijo Gilbert, que planea visitar a su cliente esta semana. La cadera le está fallando y ha perdido la mayor parte de la visión en el ojo derecho. Su “deterioro emocional ha sido severo”, dijo el abogado, particularmente tras la muerte en junio de la madre del detenido, de 92 años.

Gross hablaba frecuentemente con su madre por teléfono, y cuando hizo una huelga de hambre de nueve días en abril fue ella quien lo convenció de que la dejara. Gross había pedido al gobierno cubano permiso para regresar a Estados Unidos para el funeral pero se lo negaron.

Su esposa, Judy Gross, dijo en una declaración ayer que nunca ha visto a su marido en tal mala condición desde que entró en la cárcel. Escribió que “su decisión de decirnos adiós fue descorazonadora”.

Gross ahora se niega a recibir funcionarios de la sección de intereses estadunidenses en La Habana.

Fue arrestado cuando trabajaba como subcontratista para la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que promueve la democracia en la isla. Cuba considera que los programas de USAID son intentos ilegales por socavar su gobierno, y Gross fue juzgado y sentenciado a 15 años de prisión.

El abogado de Gross difundió ayer una carta de 300 rabinos al presidente Barack Obama instándolo a actuar para conseguir la liberación del detenido. Gross, que es judío, trabajaba con los judíos en Cuba para darles acceso a internet cuando fue detenido.

–AP

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