Corrección política: lo que es común para unos, es insulto para otros
Comerciales, productos y porras que para muchas personas resultan divertidos, para otras pueden representar una ofensa o una violación a sus creencias y hábitos

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de julio Cuando varios miembros de la selección alemana de futbol, aparecieron ante decenas de miles de sus compatriotas con el equivalente de una danza de la victoria en el campeonato mundial de Brasil, provocaron una tormenta porque el baile implicaba una burla contra sus vencidos rivales argentinos.
Los gestos no eran muchos; seis jugadores salieron agachados canturreando “así caminan los argentinos” y tras repetirlo dos o tres veces se erguían y cantaban “así caminan los alemanes”.
Para muchos fue una “rara demostración de orgullo nacional” en un país donde, según la Agence France-Presse (AFP), “el patriotismo estridente es todavía tabú” y donde la prensa apuntó que “la danza de mal gusto de los jóvenes jugadores es un mal reflejo sobre el país”.
Para Alemania, que llegó a la Segunda Guerra Mundial por una doctrina de “superioridad racial”, la postguerra y los años posteriores incluyeron lo que parece un consciente esfuerzo por humildad y calma.
Pero aunque tres o cuatro generaciones después el complejo de culpa parece superado y sus manías eliminadas, aún la persona más correcta se transforma cuando se trata de futbol.
De hecho, según un testimonio, la misma danza es usada por los partidarios de un equipo para burlarse de los otros clubes. Cuando ganan, por supuesto.
Y ciertamente, cuatro días antes de la danza los argentinos todavía se burlaban de Brasil por sus derrotas: “ahora
le toca a papá”. Y queda por supuesto la reacción inicial al famoso grito de “eeeeh pu...” usado por los aficionados mexicanos y popularizado por el torneo mundial.
De acuerdo con una de las más aceptadas definiciones, presentada por el diccionario Merriem Webster, “corrección política” implica conformarse a la creencia de que expresiones y prácticas que podrían ofender sensibilidades políticas (como en cuestiones de raza o sexo) deben ser eliminadas.
Pero muchos creen que se ha llegado a niveles exagerados, en el mundo y en México.
En lo tradicional poco demuestra lo políticamente correcto en México como la ambigüedad respecto a Porfirio Díaz. El coronel Porfirio Díaz, héroe del 2 de abril, tiene dedicadas calles en varias partes de México; el general Porfirio Díaz, dictador, fue satanizado en la historia oficial. Ambos son la misma persona, pero su papel histórico aún está por aclararse, considera el historiador Paul Garner.
Y no es lo único. Si el tema de Díaz es una discusión ya casi tradicional, hay toda una serie de nuevas actitudes.
Cuando hace un par de meses el entrenador de la selección mexicana de futbol, Miguel Piojo Herrera apareció en un comercial filmado con un loro en el hombro, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) pidió su cancelación: aunque no había maltrato al ave, ésta “de cachete amarillo”, una especie considerada en peligro de extinción.
La Asamblea Legislativa del Distrito Federal se pronunció contra los animales en los circos, alegando su explotación.
Las autoridades del Distrito Federal prohibieron la presencia de saleros en las mesas de restaurantes, a menos de que hubiera una petición expresa del comensal.
Pero como anotó un artículo del académico mexicano Agustín Basave, “no percibí una reprobación similar cuando la empresa Catatonia pidió para un anuncio de Aeroméxico que no se presentara nadie moreno sino sólo personas con look Polanco”.
En su mismo artículo, Basave hizo notar que “me habría gustado que se desatara la misma energía social con que se condenaron las fotos de cacería de Lucero cuando se supo del niño mazateco discriminado en el Colegio La Salle, quien solía llegar a su casa con golpes e incluso fracturas producto de las agresiones de sus compañeros y la complicidad de sus maestras, o cuando hemos sabido de tantas otras historias de comportamiento racista contra indígenas o mestizos en este país”.
Ciertamente la despectiva resonancia de los términos “indio” y “naco” contrastan con la reverencia que se tiene, formalmente al menos, hacia las civilizaciones precolombinas.
Para Basave, “la corrección política está creando un mundo más hipócrita y menos libre”.
La queja misma podría ser un eco de las que se hacen con frecuencia, sobre todo desde puntos de vista conservadores, en Estados Unidos o Gran Bretaña, donde se lamenta la pérdida de libertad de expresión en aras de evitar ofensas.
Claro que en muchos casos se cae en exageraciones y contradicciones. Los mismos grupos estadunidenses que se quejan de que no pueden establecer similitudes entre islamista y terrorista se quejan de ser mal representados cuando se vincula a derechista o conservador con racista.
Y no es extraño que un político estadunidense, como el ahora presidente de la Cámara baja, el republicano John Boehner, se pronuncie por la migración legal antes de atacar a los inmigrantes indocumentados o derrame lágrimas por la separación de familias luego de votar por deportaciones obligatorias.
Pero relatos de cómo una escuela suspendió a un niño de seis años por hacer como que disparaba a un compañero con el dedo han ilustrado también los excesos que se repiten en otros lados, como el menor que fue castigado por llevar soldados de juguete a su salón de clase.
Aún se recuerda el escándalo registrado en Estados Unidos cuando el presidente Vicente Fox afirmó en 2005 que los migrantes mexicanos hacían trabajos que “ni los negros quieren” y luego ante las imágenes del personaje de cómic Memín Pinguín.
La irritación —real o fingida— provocó incluso viajes de líderes de derechos civiles estadunidenses, como el reverendo Jesse Jackson. Pero también una reacción nacionalista en México, donde según el historiador Enrique Krauze “no representaba sentido alguno de discriminación racial sino la posibilidad egalitaria de que todos los grupos pueden convivir en paz” (Washington Post, Julio12, 2005).
Claro que se habla de una sociedad donde el nombre “pieles rojas” asumido por un equipo de futbol americano es considerado despectivo y falto de respeto hacia las tribus indígenas a las que hace poco más de un siglo casi se exterminó y cuyos restos aún hoy están en reservaciones.
Un caso similar se registra ante los fanáticos del equipo Seminoles, de la Universidad de Florida, y su ademán de mover el brazo hacia adelante y atrás en una moción de hachazo, como lo hacen también los seguidores del equipo de béisbol Bravos, de Atlanta.
Hace medio siglo se hubiera considerado de mal gusto exponer las aventurillas sexuales de John F. Kennedy; hoy se consideraría una obligación.
Al margen de las celebraciones de los alemanes, los sentimientos raciales de los europeos en general parecen mucho más a flor de piel en el futbol y la política, con calificativos simiescos a políticos y jugadores del lado contrario.
Y etcétera.
En todo caso los tiempos cambian.
La formulación de “saciedad semántica” creada por el académico canadiense Leon Jakobovits James en 1962 se refiere a un fenómeno sicológico en el que la repetición hace que una palabra o frase pierda sentido para el oyente, al menos temporalmente.
Cuando miles de aficionados mexicanos al futbol se levantaron en sus asientos en el estadio Castelao de Fortaleza, Brasil, para agitar las manos y tratar de distraer al portero contrario con su grito de “eeeeeh, pu...”, fueron muchos los que fruncieron el ceño.
Después de todo, el “pu..” es habitualmente un insulto que pone en duda la virilidad del adversario. Pero en los estadios mexicanos, y ahora muchos del mundo en los que ni siquiera se habla español o se entiende el término, es un simple grito de distracción.
Como la danza alemana de la victoria.
Escándalo de racismo en empresa mexicana
Cuando la empresa panificadora mexicana Bimbo decidió en noviembre de 2013 cambiar el nombre de uno de sus más emblemáticos pastelillos de “Negrito” a “Nito” se vio envuelta en la controversia.
Aunque nunca explicó la razón del cambio, las redes sociales se vieron de inmediato inundadas de opiniones en las que lo atribuían simplemente a “corrección política”, o sea evitar aparecer como ofensivo para personas de raza negra.
La página web Expok destacó sin embargo que “la imagen de ‘Nito’ continúa utilizando estereotipos, especialmente la palabra “funk” y el cabello afro”.
Pero especuló también que la empresa tal vez deseaba evitarse una polémica como la que rodea al equipo de futbol americano profesional Red Skins (Pieles Rojas) de Washington, y se adelantó a los hechos.
Sin embargo, un portal especializado en mercadotecnia hizo notar que la polémica alrededor del cambio generó un mayor interés en el producto y le dio mayor impacto.
—Por José Carreño Figueras
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