El rey Juan Carlos de España cede el poder

El monarca conmocionó al país al anunciar su abdicación en favor de su hijo, el príncipe Felipe de Borbón

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03/06/2014 05:53 Patricia Godoy/ Corresponsal

BARCELONA, 3 de junio.– El rey Juan Carlos de España inició 2014 con la certeza de que éste sería el año del fin de su reinado. El 5 enero, día de su 76 cumpleaños, tomó la decisión de abdicar en favor de su hijo, el príncipe Felipe, tras 39 años como monarca.

Pero fue hasta ayer, casi cinco meses después, cuando esta histórica decisión se materializó en su propia voz. A través de un mensaje televisivo grabado de cinco minutos, el rey comunicó la noticia que sorprendió a la gran mayoría de los españoles.

Dejar el futuro de la monarquía en manos de su hijo Felipe es una decisión largamente meditada y que llega en uno de los momentos más delicados y de más baja popularidad de esta institución.

En un mensaje donde predominó el tono solemne, Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias se dirigió a los españoles para comunicarles que su abdicación se debe únicamente a la necesidad de facilitar el relevo generacional.

“Hoy merece pasar a la primera línea una nueva generación más joven, con nuevas energías y decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando”, proclamó.

El rey Juan Carlos no reparó en elogios a la hora de hablar de su heredero y dijo que el príncipe Felipe está preparado para afrontar el reinado porque “encarna la estabilidad” que necesita la institución monárquica.

Aseguró que su hijo “tiene la madurez, la preparación y el sentido de la responsabilidad necesarios para asumir la jefatura del Estado”.

En su mensaje, el monarca no mencionó ninguna causa relacionada con su debilitada salud –en los últimos tres años ha sido operado ocho veces– ni con los problemas derivados de la imputación de su hija la infanta Cristina y su esposo, Iñaki Urdangarin.

Juan Carlos abandona el reinado de España consciente de que hoy las fuerzas políticas y sociales que reclaman el regreso de un sistema republicano están cada vez más vivas. De hecho, algunas voces consideran que este es el momento indicado para consultar, a través de un referéndum, a todos los españoles sobre si desean o no continuar con un sistema monárquico.

Algo que al día de hoy no parece sencillo porque los dos grandes partidos no parecen estar dispuestos a, como dicen por aquí, “abrir el melón” de un debate republicano, que nadie sabe bien hacía donde conduciría a España.

Polémicas aparte, lo que es un hecho es que la maquinaria de este relevo ya está en marcha y se espera que antes de que termine el mes de junio España tenga oficialmente un nuevo rey.

Aún no hay una fecha exacta, pero se estima que en menos de cuatro semanas el nuevo monarca jurará su cargo en la sede del Congreso de los Diputados, tal como lo hizo su padre hace 39 años en pleno ocaso de la dictadura franquista.

Los tiempos hoy no se parecen a aquella oscura época, pero aún así el heredero de la corona española no lo tendrá nada fácil.

El creciente movimiento que reclama la vuelta de la República, la crisis económica que no parecer tener fin y el desafío soberanista catalán son algunos de los retos que tendrá que enfrentar este joven de 46 años y muy preparado nuevo rey de España.

“Ser rey es un oficio”

Además de propiciar la transición a la democracia, el monarca dirigió el periodo más estable y próspero de España.

Nació en Roma el 5 de enero de 1938, pero no fue rey hasta el 22 de noviembre de 1975, cuando el Parlamento franquista lo coronó monarca, sólo 48 horas después de la muerte del dictador Francisco Franco. La monarquía borbónica se reinstauraba en España más de 40 años después de que su abuelo, Alfonso XIII, abandonara el trono.

Juan Carlos tuvo más suerte que su padre, Juan de Borbón, que nunca pudo cumplir su sueño de ser jefe del Estado español. Durante la recuperación de la democracia en España, en 1978, Juan Carlos sancionó la nueva Constitución democrática aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

Juanito, como siempre le llama su esposa, la reina Sofía –la princesa griega con la que Juan Carlos se casó en Atenas en 1962 – se convertía en un rey de España, legítimo y popular e iniciaba una carrera política que lo convertiría durante casi cuatro decenios en la figura más popular y respetada de la historia reciente de España: el monarca que dirigiría el periodo más estable y próspero del país ibérico.

El nuevo rey afrontaría uno de sus momentos más difíciles el 23 de febrero de 1981, cuando un intento de golpe de Estado comandado por el teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, irrumpió en la Cámara de Diputados de Madrid con la intención de instaurar una dictadura militar. La intentona fracasó, pero con su papel clave en esos días difíciles, la figura de Juan Carlos se agrandó y la democracia española se hizo adulta.

Después de ese episodio, Juan Carlos se convirtió en el mito popular de la convivencia y el consenso entre unos españoles siempre enfrentados desde la trágica Guerra Civil (1936-1939).

Salvada del golpe militar, España –con el rey Juan Carlos como gran rostro diplomático visible– inició un imparable camino de modernización: en 1983 España entraba en la OTAN y, dos años más tarde en 1985, a la Unión Europea (UE). Después de decenios de aislamiento internacional, España volvía a ser un país que contaba con el respeto del escenario internacional y el rey había sido una figura clave.

Corrían buenos tiempos para Juan Carlos. En 1992 España se presentaba ante el mundo como un país joven y renovado que era capaz de organizar los Juegos Olímpicos de Barcelona, de la Exposición Universal de Sevilla y de la Cumbre Iberoamericana en Madrid. En todas las celebraciones de aquel año, el rey tuvo un papel estelar.

Los especialistas en la Casa Real destacan dos grandes fases de su reinado en España. La primera –durante los primeros 30 años– como una figura incuestionable, respetada, querida por su pueblo e, incluso, protegida por los medios de comunicación que, en una especie de pacto de silencio no escrito, jamás publicaban nada malo sobre el rey.

De esta época se destaca la gran cercanía con el pueblo que desarrolló Juan Carlos. El rey destacó por ser un magnífico “relaciones públicas” de España con sus grandes dotes para hacer gestiones económicas, participar en acuerdos empresariales internacionales en América Latina y las monarquías árabes.

La segunda etapa, durante el último decenio, con muchas más sombras que luces, lo ha convertido en una figura cuestionada y cuestionable. Actividades y cuentas poco claras, tropezones no sólo físicos, problemas de salud, casos de corrupción en la familia y una España en declive, con una grave crisis institucional, política y económica, han provocado que el rey haya llegado a la vejez muy lejos de sus mejores días.

“Para un hijo de rey como yo (...) no se trata de saber si me gusta o no me gusta. Nací para ello. Ser rey es un oficio”. Sus palabras, reproducidas en la biografía que el británico Paul Preston publicó en 2003 (Juan Carlos: el Rey de un pueblo), sorprenden hoy más que nunca.

A pesar de que el prestigio de la monarquía está en mínimos históricos, casi nadie esperaba que el 2 junio de 2014, el rey abandonara su “oficio” y pusiera fin a casi 40 años de reinado.

Puede que Felipe sea, como ha destacado una parte de la prensa, “el mejor recambio para una monarquía desgastada”. Lo que nadie puede saber es si, después tantos años de “juancarlismo”, Felipe podrá estar a la altura de su progenitor y convertirá en “felipistas” a casi 47 millones de españoles.

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