Juan Pablo II y Juan XXIII reformaron la Iglesia

Estos dos papas, que mañana serán santos, fueron clave para la Iglesia católica, ya que además de hacer profundas reformas, también tuvieron una gran influencia en el mundo

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26/04/2014 05:49 Carmen Álvarez e Ilian Cedeño

CIUDAD DE MÉXICO, 26 de abril.- En su breve Papado, de octubre de 1958 a junio de 1963, Juan XXIII transformó profundamente la Iglesia católica por la trascendencia de su Concilio Vaticano II, en el que se giraron invitaciones a religiosos de todo el mundo y a observadores laicos como el matrimonio mexicano de José Álvarez Icaza Manero (1921-2010) y Luz María Longoria Gama, que lograron la aprobación de una normatividad sobre la familia.

Quiero abrir las ventanas de la Iglesia”, dijo el “Papa bueno”.

Mañana, Día de la Misericordia en Juan XXIII, será invocado por los feligreses como uno de los santos católicos más populares, sus biógrafos recuerdan que nunca dejó de comportarse como el “cura de pueblo” que inició su formación religiosa en un seminario franciscano.

Señalan que cuando todavía era el Patriarca de Venecia, Angelo Giuseppe Roncalli acostumbraba quitarse el hábito de cardenal para ponerse un sencillo traje y perderse entre la gente común.

Placer que temió perder cuando conoció que el Colegio Cardenalicio le había dado la mayoría de votos para suceder a Pío XII en la Silla de San Pedro.

“Quiero ser cura de pueblo”, aseveró antes a los jerarcas de la Iglesia que le insinuaron semejante posibilidad.

Pero una vez confrontado al hecho se convirtió rápidamente en el primer Obispo de Roma que visitó las parroquias de su diócesis, llevando regalos de Navidad a los niños enfermos en los hospitales y arriesgando el rechazo inicial de los presos de la cárcel Regina Coeli, a quienes recordó que ellos también tienen el perdón y la misericordia de Dios.

Y a riesgo de parecer extravagante, protegió las sencillas costumbres que heredó de su familia campesina de la provincia italiana de Lombardía que lo educó en el seno de la religión, en el amor filial y la obligada sobriedad de la pobreza que lo identificó con su formación franciscana.

Aunque fue un apasionado de los textos de teología en latín, nunca pudo hablar bien esa lengua ni comportarse con la altivez de los jerarcas de la Curia romana. Por eso sus biógrafos insisten en su incredulidad inicial de saberse elegido para suceder a Pio XII.

Rodeado a partir de entonces de los miembros de las altas esferas de la Curia romana echó mano de la valentía con la que soportó en silencio las dificultades de la vida abandonándose, como acostumbraba en esos casos, a los designios del Jesús Crucificado, y anunció la revolución al interior de la Iglesia. Emprendió el reto con el sustento de su fe que no lo abandonó durante la Primera Guerra Mundial cuando era capellán encargado de ayudar a los heridos y aceptó generosamente ayudar a los soldados tuberculosos a sabiendas de que se arriesgaba al contagio.

En la Segunda Guerra Mundial su prudente actitud de neutralidad le permitió desarrollar, desde su cargo como delegado papal en Turquía, una eficaz labor de ayuda a los judíos de Hungría, recatando a decenas de miles de ellos del exterminio nazi mediante su “Operación Bautismo” que, según la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, superó un mínimo de 24 mil y hasta 80 mil según algunas organizaciones católicas.

Pero fue en el ámbito institucional donde su legado de reformas al funcionamiento de la Iglesia en el Concilio Vaticano II permitió por primera vez la participación de observadores laicos de la sociedad civil para hacerla mucho más incluyente.

Delegación laica mexicana en el Concilio Vaticano II

Y fue precisamente aquí donde el matrimonio de José Álvarez Icaza Manero y Luz María Longoria Gama tuvo un papel tan destacado en el marco de los trabajos del Concilio Vaticano II sobre la familia, que quedó registrado en los reportes de la prensa internacional y de Cencos (Centro Nacional de Comunicación Social), el órgano oficial de comunicación social del Episcopado Mexicano.

Cencos cubrió la cuarta y última sesión del Concilio Vaticano II, del 14 de septiembre de 1965 al 8 de diciembre de 1965.

Una investigación doctoral de la historiadora Raquel Pastor Escobar de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, surgida de un taller de historia oral del Instituto Mora, sobre este capítulo de México en el Concilio constituyente más innovador de la historia de la Iglesia católica, revela que Álvarez Icaza Manero y Longoria Gama rebasaron su rol original de observadores para convertirse en protagonistas.

“Subimos hasta el lugar más importante del Concilio y ya en ese lugar estábamos en contacto con la Comisión Teológica Mixta que estaba formada por todos los que definían si se aprobaba algo o no. Allí Luzma se hizo muy famosa porque en un cierto momento, cuando hablaron unos padres dijo: —Pues a mí no me gusta lo que ustedes están diciendo, me molesta mucho esa expresión de Santo Tomás de que el matrimonio es para la procreación de la especie”, dijo el propio Álvarez Icaza en entrevista con la investigadora.

El registro oral de Pastor Escobar revela que los sacerdotes que afirmaban que el papel del sexo en el matrimonio obedecía a tres fines, el fin primario que era la procreación de la especie, el secundario la complementación conyugal y el terciario, el remedio a la concupiscencia. Posición que Longoria Gama rechazó inmediatamente.

—Yo he tenido muchos hijos sin ninguna concupiscencia, todos son producto del amor, afirmó.

“Causó mucho impacto Luzma porque lo expresó de la siguiente forma: ‘y con todo respeto les digo señores padres conciliares que sus madres los concibieron sin este temor de la concupiscencia’. Fue muy comentado todo esto, lo tradujeron a todos los idiomas y cada vez que llegaba la cosa a un sector de determinada lengua se morían de risa. Con ese motivo Luzma se volvió muy importante”, contó Álvarez Icaza Manero a la historiadora.

El testimonio oral y documental de 18 páginas que rescató Pastor Escobar, revela que las propuestas de la representación mexicana ante el Concilio Vaticano II no tuvieron el apoyo de los obispos mexicanos, pero se abrió camino entre la delegación francesa con monseñor Larrain y con las delegaciones africana y belga que lo sometieron a votación, discusión y aprobación, hasta ser rechazadas en la votación final.

Sin embargo Álvarez Icaza y Longoria Gama acudieron a la última instancia del Concilio Vaticano II para ser consideradas nuevamente. El papa Paulo VI las respaldó y finalmente fueron aprobadas.

La propuesta que Alvarez Icaza y Luz María Longoria Gama lograron aprobar contenía un párrafo que decía: “en última instancia, son los esposos, frente a Dios, quienes deben asumir la responsabilidad de la planeación de la familia”.

Y al final del Concilio Vaticano II Luz María Longoria recibió del Papa una condecoración como “representante de las madres de todo el mundo”, según quedó registrado para la Historia de México en el Boletín Número 12 del órgano oficial del Episcopado Mexicano bajo el título Auditores Mexicanos con Su Santidad.

 

Juan Pablo II, pontífice amado y criticado

Un papa querido por miles, pero criticado y cuestionado por muchos otros, así fue Juan Pablo II, uno de los dos pontífices que serán canonizados mañana.

Juan Pablo II no sólo causó polémica al pronunciarse en contra del aborto y el divorcio, también desató controversias al hablar sobre temas políticos.

Karol Wojtyla nació en 1920 en Wadowice, en el sur de Polonia, en el seno de una familia humilde y fue el primer pontífice no italiano desde la elección del holandés Adriano VI en 1522.

Durante su pontificado se publicó el nuevo Catecismo Universal de la Iglesia, se reconoció el Estado palestino y en 1994 el Vaticano estableció relaciones diplomáticas con Israel.

Muchos historiadores lo consideran incluso clave en la reorganización de las fronteras europeas, por la desaparición de la Unión Soviética y la caída del telón de acero, un proceso al que se le adjudica una cercanía e influencia decisivas.

Karol Wojtyla comenzó a estudiar filosofía en Cracovia en 1938, pero abandonó los estudios tras la ocupación de Polonia por parte del ejército alemán en 1939.

El padre de uno de los papas más querido por los fieles católicos fue oficial del ejército polaco y a él se le atribuye la educación en los principios de la fe y la compasión de Wojtyla, valores que dijo tener presentes durante toda su vida, hasta su muerte el 2 de abril de 2005.

Fichado por la Gestapo, trabajó como obrero en unas canteras de piedra por las mañanas, al tiempo que estudiaba durante la noche.

Wojtyla fue nombrado obispo titular de Ombi (Polonia) y auxiliar de la Arquidiócesis de Cracovia en 1958; arzobispo de Cracovia en 1963 y cardenal en 1967.

En 1962, participó en el Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, hasta su clausura en 1965.

Tras la muerte del papa Juan Pablo I, Karol Wojtyla fue elegido sucesor con el nombre de Juan Pablo II. Tenía 58 años y se convirtió en el Pontífice más joven del siglo XX.

Tomó posesión de la Silla de San Pedro el 22 de octubre de 1978 y eligió para su Pontificado el lema “Todo tuyo soy yo”, una frase que lo acompañó durante sus años al frente de la Santa Sede.

El papa Juan Pablo II, preocupado por la renovación de la Iglesia y paladín de la familia, defendió el valor de la vida y criticó los métodos anticonceptivos, el divorcio, el aborto, la eutanasia y los experimentos de clonación humana, opiniones que le valieron críticas de sus detractores.

Lo intentaron matar. El 13 de mayo de 1981 salió con vida de un atentado perpetrado en Roma por el joven turco Alí Agca; posteriormente perdonó al autor del ataque, un suceso sobre cuya trama original hubo un debate que continúa.

Durante su pontificado realizó mil 339 beatificaciones, entre ellas las de los papas Pío IX y Juan XXIII, y 482 canonizaciones.

Buscó que los jóvenes se acercaran a la Iglesia, por lo que fundó las Jornadas Mundiales de la Juventud.

A Wojtyla se le atribuyen numerosos milagros, como el de la monja francesa Marie Simon Pierre que sufría parkinson y cuya curación, carente de explicación científica, fue esencial para su beatificación, en 2011.

El segundo confirmado por el Vaticano para cumplir con los requisitos de la canonización fue la curación de una mujer de Costa Rica, Floribeth Mora, que había sufrido una seria lesión cerebral incurable, y que sanó inexplicablemente.

“México, siempre fiel”

Cuando miles, tal vez millones de mexicanos, saluden mañana la santificación de Juan Pablo II con espejos tornados para reflejar la luz del Sol, cumplirán con un rito muy especial.

Fueron los espejos los que en alguna medida simbolizaron la relación que Juan Pablo II, el recién electo Karol Wojtyla, estableció desde su primer viaje con el “México, siempre fiel” que definió durante la misa celebrada en la Catedral metropolitana en aquel 26 de enero de 1979.

El Pontífice fue recibido por el entonces presidente, José López Portillo, quien se dirigió a él como “distinguido visitante”, sin darle trato de jefe del Estado Vaticano, ya que México no tenía relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

Fueron los espejos los que iluminaron su partida el 31 de enero, pero también el entusiasmo de los mexicanos ante un Papa “guadalupano”, el “Papa Amigo”, que según testimonios tenía en su oficina, sobre su escritorio, una figura de la virgen morena.

Fue en ese viaje cuando ante las multitudes que movilizó, en México y procedentes de Estados Unidos y Centroamérica, comenzó a ser visto como un “Superstar”.

Esas multitudes estuvieron ahí, por él, en cada uno de los otros cuatro viajes que hizo a México a lo largo de los 25 años de su pontificado, en 1990, 1993, 1999 y 2002, respectivamente.

Juan Pablo II fue el papa de la Iglesia católica que realizó más viajes pastorales alrededor del mundo durante su pontificado: 104 viajes apostólicos fuera de Italia, por 129 países, y 146 recorridos por diversas regiones italianas.

La Arquidiócesis de México informó que se espera que asistan a la ceremonia de canonización de Juan Pablo II unos cinco mil mexicanos, además de algunos cardenales, entre ellos Norberto Rivera.

Con información de José Carreño Figueras y Agencias

 

Juan Pablo II conocía pesquisa contra Maciel

CIUDAD DEL VATICANO.— Juan Pablo II fue informado de las investigaciones hechas por la Congregación para la Doctrina de la Fe contra el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, iniciadas al final de su pontificado, reveló ayer el exportavoz papal Joaquín Navarro-Valls.

En un encuentro con periodistas, en la sala de prensa del Vaticano, el exportavoz papal recordó que la investigación canónica de las denuncias contra Maciel por abusos sexuales a menores comenzó todavía cuando Karol Wojtyla estaba vivo.

Pero aclaró que a su fallecimiento, en abril de 2005, el proceso no había sido terminado, al menos en cuanto a la determinación final de la Doctrina de la Fe.

“El primer paso fue mandar a (Charles) Scicluna, (promotor de justicia de la Doctrina de la Fe), a hablar con todas las personas. Esto ocurrió durante el pontificado de Juan Pablo II y el Papa fue informado de este proceso”, indicó.

“Comprobar un caso de estas dimensiones tomó tiempo, aunque estaba referido a una sola persona tenía muchos involucrados. Cuando todo el material recopilado por Scicluna fue traído aquí y se llegaron a las conclusiones, ya el Papa había fallecido.”

Aseguró que al inicio del pontificado de Benedicto XVI él habló con el Papa y le señaló que el caso debía ser comunicado a la opinión pública.

“Juan Pablo II no tuvo en la mano el resultado de esta investigación pero sabía que había comenzado el proceso, para ir a fondo en ese caso”, ponderó.

—Notimex

Vaticano alista la ceremonia

En el Vaticano se alista la ceremonia religiosa para canonizar mañana a los papas Juan Pablo II y Juan XXIII. La Iglesia católica palpita una fiesta que ya es llamada como la de “los 4 papas” por la presencia de Benedicto XVI y el actual papa Francisco.

“Estoy agradecido a Juan Pablo II por su incansable servicio, su guía espiritual, por haber introducido a la Iglesia en el tercer milenio de la fe y por su extraordinario testimonio de santidad”, afirmó el papa Francisco, en un  mensaje al pueblo polaco, de donde era nativo Juan Pablo II.

Además, Francisco llamó a Juan Pablo  II “un gigante de la fe” que “abrió a Cristo a sociedad, al ámbito cultural, así como a sistemas políticos y económicos”.

La Ciudad del Vaticano ya comenzó a poblarse de fieles de todas partes del mundo, además confirmaron su presencia los reyes de España; los presidentes de Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Horacio Cartes; y de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, que llegó ayer.

—EFE y AP

El“Abogado del diablo”, figura clave

Durante el papado de Juan Pablo II se concretaron 482 canonizaciones y mil 339 beatificaciones, pese a que el proceso de beatificación y posterior santificación de un “Siervo de Dios” es un estricto y prolongado juicio.

De acuerdo con especialistas eclesiásticos, el elevado número de declaraciones de beatos y santos, además de la aceleración de estos procesos, se debió en gran medida a la desaparición de una figura importante en las declaraciones de santidad: el “Abogado del diablo”.

Si bien este título pareciera referirse a una ocupación de carácter maligno, no es más que la forma en la que se referían a la persona que se encargaba de exigir pruebas de las virtudes, milagros e incluso posibles faltas del cristiano a canonizar.

Esta se estableció en 1587 por Sixto V y fue Juan Pablo II en 1983 quien decidió extinguirla.

—Por María Fernanda Navarro

 

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