Los gobiernos de AL, cercados por la élite

Académicos aseguran que menos de 20 por ciento de los legisladores de cada país de la región proviene de la clase trabajadora

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20/04/2014 02:17 Carmen Álvarez
Ilustración: David Peón

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de abril.- Desde que Luiz Inácio Lula da Silva, un humilde trabajador metalúrgico, dejó de gobernar a los brasileños en 2011, su país volvió a lo que América Latina siempre ha sido: una región básicamente gobernada por un grupo de privilegiados que en nada se parecen a la gente que dicen representar.

A esta conclusión llegaron dos académicos estadunidenses que, después de reunir y analizar varios indicadores, detectaron dónde les “aprieta el zapato” a los congresos legislativos de 18 países latinoamericanos que defienden intereses diametralmente opuestos a los de sus representados.

Una tendencia que los historiadores del siglo antepasado, como el barcelonés Laureano Vallenilla Lanz, y la venezolana Eveling Colina, definieron como un “cesarismo democrático” que comenzó con las repúblicas que se independizaron de España.

Los primeros legisladores de la República, los revolucionarios de 1810 salidos de la más rancia aristocracia colonial, eran ‘criollos indolentes y engreídos’ que gozaban para con el populacho de una consideración tan elevada cual jamás tuvieron los grandes de España (…) y sin embargo proclamaron la soberanía popular instando el apoyo de las clases que habían despreciado”, escribió Vallenilla en Cesarismo democrático y otros textos (Monteávila, 1994, Venezuela).

Hoy, a dos siglos de distancia, los catedráticos Nicholas Carnes, de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, y Noam Lupu, de la Universidad de Wisconsin en la ciudad de Madison, se han dedicado a documentar las evidencias de esa situación.

“Apenas un 5 a 20 por ciento de los legisladores de cada país (latinomericano) proviene de la clase trabajadora”, dice el reporte de este 2014 de una nueva investigación que Carnes y Duke llevaron a cabo en los congresos legislativos de todos los países de la región con excepción de Cuba, Puerto Rico y prácticamente todo el Caribe.

Con el fin de entender y así poder anticipar las actitudes políticas del porcentaje restante de los legisladores que carecen de afinidades con sus representados, Carnes y Lupu rescataron los datos biográficos que habían sido pasados por alto en estudios anteriores, sobre todo un elemento que ellos consideraron clave para determinar el lugar de una persona en la sociedad: ¿cómo se gana la vida?

“El aspecto más importante del lugar de una persona en la sociedad parece ser cómo se gana la vida, no cuánto gana, ni cuánta educación recibió, ni cuál es el lugar de sus padres en la sociedad”, dicen ambos académicos en su recién publicado informe Rethinking the Comparative Perspective on Class abd Representation: Evidence from Latin America.

Entonces se pusieron a estudiar las actitudes políticas de los legisladores surgidos de la élite actual de abogados, académicos y  empresarios que controlan los congresos latinoamericanos, así como de la diminuta representación de la clase trabajadora, mucho antes de que una propuesta de ley fuera sometida a votación.

“Porque todos votan igual. Se someten a la disciplina de sus respectivos partidos”, dijo el propio Noam Lupu vía telefónica a
Excélsior desde Wisconsin.

Sin embargo, es en los debates y en la producción de propuestas de ley donde las exiguas representaciones de la clase trabajadora latinoamericana influyen en la agenda y en el debate. El problema es que lo hacen de manera momentánea.

En ese contexto, este diario consultó al autor del informe, Nicholas Carnes, si al menos los periódicos y las redes sociales podrían jugar, momentáneamente, el papel del Ágora griega en su mejor momento.

“Es ciertamente posible, pero incluso si las redes sociales y los diarios amplifican las voces de los trabajadores, es posible que esas voces sean ahogadas (o ignoradas) en las asambleas legislativas que están dominadas por los ricos. La insuficiencia de legisladores de la clase trabajadora significa que sus puntos de vista están siendo expresados con menos frecuencia en el lugar más importante de todos: en la propia legislatura”, dijo vía telefónica desde Carolina del Norte.

Para colmo, a lo largo de los siglos XX y XXI la influencia de los políticos que sí tuvieron afinidades con las naciones que representan, ha ido a la baja en gran parte de América Latina.

—¿Pero el caso de Lula da Silva en Brasil?

“El caso de Lula es la excepción que confirma la regla”, dijo Lupu, “pero si usted revisa las estadísticas sobre la presencia de trabajadores en Brasil verá que son muy pocos. Y en el congreso, entre los diputados del Partido de los Trabajadores (PT) de  Brasil, ninguno viene de la clase trabajadora. Todos son abogados, profesionistas y la presidenta, Dilma Rousseff es economista”.

“El único miembro del PT que en realidad viene de esta clase que ellos suponen representar ¡es Lula!”, dijo Lupu.

El ensayo de Carnes y Lupu http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/ajps.12112/full revela incluso en su tabla 2, basada en encuestas de la Universidad de Salamanca y en datos de la Organización Internacional del Trabajo, que el congreso brasileño tiene la más baja representación de trabajadores en su sistema legislativo.

Bolivia, Honduras, Nicaragua y Uruguay son los países con mayor presencia de trabajadores en los congresos de la región. México es el que tiene mayor presencia de políticos en su congreso y Argentina y Ecuador son los que tienen mayor presencia de abogados en su Poder Legislativo.

En relación a las agendas de debate y a los votos que impulsan los representantes de los trabajadores en los recintos legislativos, se inclinan a favor de medidas fiscales más distributivas y de más intervención del gobierno en la economía.

Lo que en el caso de Lula, expresidente y fundador del PT, quedó evidenciado en un avance considerable en la reducción de la pobreza, en el índice Gini de distribución del ingreso y en la mejoría de la calidad de vida de la población brasileña integrada en un 45 por ciento por población mulata y de origen africano, la más vulnerable a los abusos de las clases más adineradas.

Sobre la posibilidad de que surja otro candidato con el perfil de Lula y del presidente José Mujica de Uruguay, catalogado como el presidente más pobre del mundo porque regaló la mayor parte de su sueldo a los trabajadores de su país, se transporta en un viejo auto y trabaja la tierra, los dos académicos dijeron que la tendencia del juego político regional juega en su contra.

“Para una persona que proviene de una clase popular es muy difícil ser candidato. Es por cuestiones de finanzas porque los partidos políticos no los incluyen, no los ponen en las listas”, dijo Lupu.

Y porque incluso en la época de Eva Perón, que salía de la residencia presidencial para regalar dinero y obsequios a sus “descamisados”, el andamiaje era muy desigual.

“Es algo más complejo que viene un poco de la pobreza. Fue una manera de movilizar a las masas de clase popular pero también en un ámbito de desigualdad donde los políticos pueden usar los recursos del estado o los patrocinan las clases más ricas para movilizar a las masas populares”, dijo.

Un populismo que se caracterizó, según Lupu, por una “relación  personal” entre la figura del líder y el individuo. “Y en ese ámbito Juan y Eva Perón fueron ejemplares.”

“En ese sentido, el peronismo tuvo una política, una ideología de justicia social, de distribución de los recursos. Obviamente, en los años noventa, el partido cambió bastante”, abundó.

Y en esa misma época Miguel de la Madrid había cambiado la política del PRI, igual que lo hizo Carlos Menem en Argentina y  Carlos Salinas de Gortari empezaba a hablar de su Liberalismo Social.

“Liberalismo Social que efectivamente es una contradicción pero también una manera metódica de justificar un cambio de políticas económicas.  En la ciencia política se le ha llamado a esto ‘neopopulismo’. Un populismo de centro-derecha con el que Menem, Salinas y el peruano Alberto Fujimori justificaron de una manera metódica el cambio de política”, dijo Lupu.

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