El Papa Francisco quería ser Juan XXIV

El exsecretario privado de Juan XXIII dijo que Jorge Mario Bergoglio quería rendir homenaje al Papa “bueno”

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17/03/2014 01:24 Notimex
El Papa ofició una misa ayer en Guidonia Montecelio. Foto: AFP

CIUDAD DEL VATICANO, 17 de marzo.– Jorge Mario Bergoglio quería llamarse Juan y suceder así a Angelo Roncalli, Juan XXIII, el Papa “bueno” que convocó al Concilio Vaticano II y cambió la historia de la Iglesia.

Fue el cardenal italiano Loris Capovilla, el exsecretario privado de Roncalli, quien dio a conocer ese detalle en un artículo publicado en la sección especial del diario L’Eco de Bérgamo, en Italia.

“El papa Francisco es como el papa Juan; se parecen mucho. Sí, el cardenal Bergoglio había pensado en el nombre de Juan, quería ser el sucesor de Juan XXIII. Pero también tenía en mente el nombre de Francisco”, indicó.

Pero recordó que en cuanto fue elegido, Bergoglio recibió un abrazo del cardenal brasileño –arzobispo emérito de Sao Paulo– quien le dijo de manera imprevista “no te olvides de los pobres”.

“Así Bergoglio se decidió por el nombre de Francisco. Pero papa Juan estaba en sus pensamientos”, añadió Capovilla.

Reza por las familiares de pasajeros de avión perdido

El papa Francisco se solidarizó hoy con los familiares de los pasajeros del avión de la compañía Malaysia Airlines que desapareció hace unos días y llamó a rezar por el difícil momento que están pasando.

Desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico del Vaticano y ante más de 100 mil personas que abarrotaron la Plaza de San Pedro, Bergoglio, presidió la bendición con el Ángelus.

“Les invito a recordar en la oración a los pasajeros y tripulación del avión de la Malasia y sus familiares. Estamos cercanos a ellos en este difícil momento”, dijo el Pontífice.

En su reflexión el líder católico estableció que toda la Iglesia, en especial los pastores –obispos y sacerdotes– tienen la misión de consolar a quien está afligido y compartir el peso de las situaciones difíciles.

Ellos deben sumergirse en medio de las necesidades del pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos.

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