Soldados veteranos deportados piden reconocimiento en EU

Héctor Barajas, uno de los cientos de ex combatientes que cometieron algún delito y fueron expulsados de Estados Unidos, fundó una organización en México que defiende los derechos de esos militares

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22/01/2014 05:50  Manuel Ocaño/Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de enero.- El ex paracaidista del ejército estadunidense Héctor Barajas se propuso abrir este año en Tijuana un albergue para que los ex combatientes de guerra que son deportados no tengan que vivir como indigentes.

“Somos mexicanos, pero crecimos al otro lado de esta barda”, dijo Barajas en entrevista con Excélsior a unos dos metros de donde México confluye con California y el Pacífico en Tijuana.

Vestido con uniforme de gala de paracaidista de la 82º brigada helitransportada, pantalón y casaca azul, boina marrón y camisa blanca, Barajas afirmó que la mayoría de los soldados deportados prácticamente desconocen la cultura mexicana, algunos incluso tienen dificultad para expresarse en español.

“Es difícil porque cuando te deportan vienes sin dinero, no conoces a nadie, ni conoces la ciudad, y si buscas trabajo, te piden por lo menos una identificación del Instituto Federal Electoral (IFE), algo”, pero los soldados regresan sin documentos que los identifiquen en su país de origen.

Sin un albergue o refugio, los soldados deportados tratan de guiar a turistas por Baja California, reúnen botes en las playas para llevarlos a reciclar, en ocasiones ayudan a albañiles mexicanos, lavan carros y ofrecen servicios como jornaleros.

El mismo Barajas vivió esa situación. Llegó de Fresnillo, Zacatecas, cuando era niño, con sus padres indocumentados a la ciudad de Compton, cerca de Los Ángeles, donde creció. Con un ajuste migratorio de 1986 sus padres consiguieron la residencia legal, y Héctor Barajas la obtuvo en 1990, y se enlistó en el ejército en cuanto cumplió 18 años, al terminar la preparatoria. Recordó que el reclutador que lo atendió le aseguró que las fuerzas armadas lo convertirían en ciudadano estadunidense.

Fue paracaidista durante seis años, hasta 2001; recibió varios reconocimientos y fue dado de baja de las fuerzas armadas con honores.

En 2004 una noche disparó un arma de fuego y lo detuvo la policía de Compton. Fue sentenciado a tres años de prisión y el día que terminó su condena lo deportaron.

Barajas afirma que pagó un alto costo “por ignorancia”. Hasta el día que ordenaron su deportación pensaba que sólo expulsaban del país a los indocumentados; creía que por haber sido militar era ciudadano estadunidense, nadie lo aconsejó o representó ante algunas de las cortes que enfrentó.

Momentos difíciles

“Lo más difícil de la deportación es que te separan de la familia”, indicó. Meses después, desesperado, intentó cruzar la frontera de Tijuana para buscar en California a su esposa y a su hija, pero la patrulla fronteriza lo detuvo en el intento, fue llevado a una corte y un juez de migración ordenó su deportación de por vida.

Por un tiempo deambuló en Rosarito, 25 kilómetros al sur de Tijuana, donde encontró trabajo en un asilo para ancianos estadunidenses. Cuando pudo estabilizarse rentó un pequeño departamento y ahí fundó la organización “Veteranos Desvanecidos”, que ahora tiene más de 200 miembros, que se contactan por internet.

Hace unas semanas, Barajas fue con su uniforme a protestar en la garita de San Ysidro, la más transitada que une a México con Estados Unidos. Un par de inspectores de la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza le preguntaron por qué se manifestaba y terminaron por justificar su deportación. Uno de ellos le llamó “criminal” y le dijo que su uniforme era un disfraz.

Irónicamente, el Pentágono todavía considera a Barajas el soldado de carrera intachable y, aunque no hace nada por ayudar a los veteranos en proceso de deportación, mantiene una relación. En agosto pasado, las fuerzas armadas enviaron a Barajas una cita médica para asegurarse de que tiene buena salud, y también informó que tramita una solicitud de préstamo para pagar una carrera universitaria.

Barajas concedió la entrevista junto a un mural que los veteranos deportados pintaron sobre la barda metálica que separa a EU de México. Es una bandera estadunidense invertida, que en código castrense significa que los militares que la pintaron se encuentran perdidos, sin opciones, y piden ayuda.

“Si los veteranos de guerra deportados hubiéramos muerto en combate, nuestros nombres estarían en el muro de honor, y no dirían el soldado mexicano o el soldado residente legal o ciudadano”, criticó Barajas.

Aseveró que cuando se preparó para defender a EU estaban incluidos los oficiales que lo arrestaron, los que lo criticaron y los que lo ofendieron. “La insignia en el uniforme dice Ejército de Estados Unidos, no dice indocumentado del ejército, o residente legal en el ejército”.

Cifras alarmantes

De acuerdo con registros del Pentágono, unos cinco mil de los actuales efectivos son residentes legales, en su mayoría filipinos y mexicanos. Pero la Oficina de Aduanas e Inmigración (ICE) reporta que carece de cifras de veteranos de guerra deportados.

“Nos desvanecen”, dijo el soldado con relación a las autoridades civiles; “mientras somos soldados activos somos parte de su orgullo sin importar nuestra condición migratoria, pero cuando nos deportan, nos desvanecen, somos veteranos desvanecidos”.

La mayoría de los militares que han sido deportados a México y otros países fueron entregados a autoridades de migración luego de ser fichados por delitos de distinta magnitud, pero Barajas conoce casos de deportados a México “porque les rebotaron un cheque, porque se pasaron un alto, o porque un alguacil le pidió a alguien con aspecto descuidado una identificación y no la portaba”.

Barajas pidió al público mexicano que “vean que nosotros queremos a México, estamos orgullosos de nuestras raíces, pero nosotros crecimos al otro lado de la barda, ahí están nuestras familias”.

El fundador de los “Veteranos Desvanecidos” calculó que ahora debe haber cientos de militares en centros de detención en EU a la espera de ser deportados.

Y para el público estadunidense expresó: “que somos veteranos que los seguimos defendiendo donde estemos y que aunque seamos deportados por algún delito, no es diferente al que cualquiera cometería, pero si ya pagamos por ello, no es justo que nos hagan pagar con la deportación el resto de nuestras vidas”.

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