La mariguana no es más peligrosa que el alcohol: Obama

El presidente de EU recordó su consumo de la hierba cuando era joven; "es un mal hábito, pero no más peligroso que el fumar tabaco o ingerir alcohol", consideró

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20/01/2014 05:36 AP, AFP y DPA
Barack Obama, presidente de Estados Unidos (AP)
Barack Obama, presidente de Estados Unidos (AP)

WASHINGTON, 20 de enero.– El presidente Barack Obama opinó que la mariguana no es más peligrosa que el alcohol, “en términos de su impacto en el consumidor individual”.

Como ya se ha documentado bien, yo fumé mariguana cuando era un menor de edad y lo considero un mal hábito y un vicio, pero no es muy diferente de los cigarrillos que fumé desde que fui un joven hasta gran parte de mi vida adulta. No creo que sea más peligrosa que el alcohol”, dijo el Presidente en una entrevista con la revista The New Yorker.

Fumar mariguana “no es algo que yo aliente y le he dicho a mis hijas que creo que es una mala idea, una pérdida de tiempo y que no es muy saludable”, dijo Obama.

El gobierno de Obama ha permitido a los gobiernos estatales que experimenten con la regulación de la mariguana. Los estados de Colorado y Washington aprobaron leyes que legalizaron la mariguana y que entraron en vigencia recientemente.

El Presidente dijo que fue importante que la legalización de la mariguana avanzara en esos estados para evitar una situación en la que sólo unos pocos son castigados, mientras que una gran parte de la gente ha violado la ley en un momento u otro.

Obama agregó que le preocupa el número desproporcionadamente alto de detenciones y encarcelamientos entre minorías por consumo de mariguana.

A los menores de clase media no se les encierra por fumar mariguana, pero sí a los jóvenes pobres”, dijo. “Y los jóvenes negros y latinos tienen más probabilidades de ser pobres y menos probabilidades de tener los recursos y el apoyo para evitar sanciones excesivamente severas”, añadió.

El mandatario dijo en la entrevista que los consumidores de drogas no deberían ser encerrados por largos periodos de tiempo, mientras la gente que elabora las leyes sobre las drogas “probablemente ha hecholo mismo”.

Sin embargo, Obama instó a que la sociedad tenga un enfoque cauteloso hacia la evolución de las leyes sobre la mariguana, al afirmar que la gente que cree que la legalización de la mariguana resolverá problemas sociales “probablemente exagera el caso”.

“Y el experimento que va a estar ocurriendo en Colorado y Washington va a ser, creo yo, un reto”, dijo el Presidente.

Obama también diferenció a la mariguana de las drogas “más duras”, respecto a las  cuales afirmó que “perjudican gravemente al consumidor y tienen costos sociales importantes”.

Para el Presidente de Estados Unidos, el gran problema es definir dónde poner el límite a la permisividad con las drogas.

Sus palabras dan aliento

Ethan Nadelmann, director ejecutivo de la Alianza por Políticas Antidrogas, una organización sin fines de lucro con sede en la ciudad de Nueva York, elogió los comentarios de Obama, al decir que el hecho de que el mandatario considere importantes las nuevas leyes de Colorado y Washington “realmente alienta el movimiento para terminar con la prohibición de la mariguana”.

Los críticos de las nuevas leyes han planteado inquietudes sobre la salud pública y la aplicación de la ley, al preguntarse si una disponibilidad ampliada de las drogas significará que haya más menores de edad consumiéndolas, más casos de personas drogadas que conduzcan vehículos y más delincuencia.

Se cumplen cinco años de esperanzas y decepciones

El mundo sigue mirando con fascinación al presidente de Estados Unidos, Barak Obama, que hoy cumple cinco años en el cargo. Sobre todo en el extranjero, las expectativas en el carismático líder siguen siendo grandes, aunque sus críticos lo acusan de exceso de pragmatismo y falta de decisión.

El hombre que aquel 20 de enero de 2009 llegó a la Presidencia de Estados Unidos augurando esperanza y cambio prometió en su discurso del pasado viernes poner límites al controvertido espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), pero tras sus palabras enseguida cundió el desencanto.

Y es que Obama criticó en 2007 al gobierno de su predecesor George W. Bush por ponderar equivocadamente “entre la libertad que valoramos y la seguridad que pedimos”, pero después no volvió a cuestionar la constitucionalidad del espionaje masivo.

Y esa forma de actuar se ha convertido casi en un modelo durante sus cinco años en la Presidencia: a un argumento le sigue un contraargumento; a una de cal, otra de arena. Así, mientras por un lado destaca la importancia de la esfera privada como uno de los valores más preciados de la democracia, por otro lado considera que “Estados Unidos, al ser la única superpotencia del mundo, tiene obligaciones especiales” en la lucha contra el terrorismo que requieren medidas excepcionales.

Mientras prohíbe la tortura de sospechosos de terrorismo, continúa los bombardeos con aviones no tripulados.

Y es que Obama parece haber aprendido que no puede parar la violencia con sus discursos, sino que “tiene la responsabilidad de proteger a Estados Unidos”, afirma un comentarista conservador en televisión.

Los activistas de derechos humanos consideran que Obama es un sobre todo un hombre de grandes palabras, como cuando el año pasado dijo que ya no llevaría a cabo una “guerra global contra el terrorismo sin límites”. Desde entonces, sólo esas palabras parecen eliminadas de su vocabulario, pero no ha tomado medidas al respecto.

Es cierto que puso fin a las guerras de Irak y Afganistán, pero también lo es que financieramente no tenía alternativa. Y es que el leitmotiv de la política de Obama parece ser un pragmatismo cada vez mayor. “No soy especialmente ideológico”, dijo una vez, algo que decepcionó a muchos seguidores que esperaban que Obama arriesgara algo cuando en aquella mágica noche electoral en Chicago en noviembre de 2008 gritó: “Ha llegado el cambio a América” y cuando en la noche de su reelección volvió a proclamar: “Lo mejor está por venir.

En Washington se le critica por haberse convertido en un funcionario sin capacidad de acción: tan combativo al inicio de su segundo mandato y tan humilde hoy en día. “El Presidente de Estados Unidos no es el gran emperador del mundo, sino sólo un hombre”, dijo en una entrevista con la televisión alemana ZDF.

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