México debe ser el líder; el acuerdo transpacífico, la nueva prioridad

Expertos creen que nuestro país está obligado a encabezar una adecuación del TLCAN ante el desinterés de EU y Canadá, que ya negocian otros acuerdos

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02/01/2014 05:24 Redacción
Los presidentes de México y EU, Carlos Salinas y George Bush, respectivamente, con el primer ministro de Canadá, Brian Mulroney, durante la firma del TLCAN el 7 de octubre de 1993 en San Antonio, Texas. Los acompañan sus representantes, Jaime Serra Puche, Carla Hills y Michael Wilson.
Los presidentes de México y EU, Carlos Salinas y George Bush, respectivamente, con el primer ministro de Canadá, Brian Mulroney, durante la firma del TLCAN el 7 de octubre de 1993 en San Antonio, Texas. Los acompañan sus representantes, Jaime Serra Puche, Carla Hills y Michael Wilson.

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de enero.- ¿Debe México asumir el liderazgo para llevar adelante al Tratado Norteamericano de Libre Comercio (TLCAN)?

Muchos, en México y entre sus dos socios comerciales, consideran que si México no lo hace no lo harán los otros. Es el caso de un acuerdo exitoso cuyos miembros parecen empeñados en direcciones divergentes.

No son pocos quienes creen, como el gobierno mexicano, que América del Norte debe comportarse como una región económica integrada para incrementar su competitividad con otras áreas económicas, como Europa o el este asiático.

De hecho, esas tres regiones significaron en 2011 el 74.7% del Producto Bruto Mundial (Unión Europea 24.7%, América del Norte 25.6% y este de Asia 24.4 por ciento).

Una reciente comparación hecha por la Institución Brookings, de Washington, precisó que el intercambio entre Estados Unidos y sus socios norteamericanos en 2011 era comparable al comercio entre Estados Unidos con los países del BRIC (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) más Japón y Corea del Sur.

Pero al mismo tiempo hay conciencia de que para muchos, incluido Ildefonso Guajardo, secretario mexicano de Economía, es que el acuerdo ya está desfasado. Guajardo propone ir hacia una mayor integración productiva de la región.

“Vale la pena ver cómo podemos mejorar y cómo podemos ver este proceso de integración y producción que ya está sucediendo en Norteamérica”, dijo recientemente en San Diego.

Otros, como Estados Unidos, parecen seguros de que es el momento de darle mayor alcance. Pero por el momento las cosas parecen ser de otra forma.

Estados Unidos anunció hace años un vuelco hacia el Pacífico y la negociación de una Asociación Comercial del Pacífico (TransPacific Partnership) que se considera también como una coalición para presionar a China.

Pero al mismo tiempo, negocia un acuerdo transatlántico con Europa que podría obligar a cambios en el TLCAN –pero ha rehusado aceptar la incorporación de México a los trabajos–.

En septiembre, durante una visita a México, el vicepresidente Joe Biden subrayó que lo que beneficia a México ayuda a Estados Unidos, pero también recordó una frase del presidente Franklin D. Roosevelt a un grupo de activistas: “Me han convencido, ahora háganme hacerlo”.

Canadá se preocupa por negociar con Europa, por estar presente en las negociaciones de un acuerdo comercial con Asia y mantener presencia en otros bloques comerciales. Mientras tanto, dentro y fuera de Canadá se acusa al gobierno del primer ministro Stephen Harper de no poner atención alguna al TLCAN.

México está en condiciones de buscar el liderazgo para el presunto avance del TLCAN, pero al mismo tiempo dedica energía a su vínculo con la Alianza del Pacífico, un bloque comercial integrado junto con Chile, Colombia, Perú y ahora Costa Rica, al que se considera como una eventual alternativa al TPP.

Trabaja también con Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia en la formulación de un grupo de países de tamaño e intereses similares (MISTA) para multiplicar su impacto, de la misma forma que en su momento lo hicieron los BRICS.

Mantienen posturas

Si algún hecho demuestra que en política ninguna victoria –o derrota– puede considerarse como definitiva, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) lo demuestra.

Veinte años después de su entrada en vigor, los mismo grupos que se oponían mantienen su rechazo. Los sectores que lo apoyaron aún están a favor.

En algunos casos, especialmente en Washington, incluso se trata de los mismos rostros y nombres. Y ambos lados alegan que los hechos, las cifras y la opinión pública respaldan sus puntos de vista.

De hecho, de acuerdo con la Radio Pública Nacional (NPR) estadunidense, “a través de los años las encuestas han sugerido que la mayoría de los estadunidenses no gustan mucho del TLCAN y los sindicatos siguen siendo duramente críticos”.

Pero al mismo tiempo, a 20 años de su entrada en vigencia, el famoso “gigantesco sonido de succión” de empleos estadunidenses que tan ominosamente anunciara el populista Ross Perot durante un debate presidencial de 1992, está por cumplirse.

La razón del encono tal vez sea que el TLCAN fue el primer convenio de su tipo, uno que vinculó a un país desarrollado y uno en desarrollo; uno además que incluyó por primera vez en la historia salvaguardas laborales y ambientales.

Otra parte puede ser determinada menos por el tratado y su desarrollo como tales, que su impacto global: “Para bien o para mal, el TLCAN se ha convertido en una guía para conformar la manera en que unos países desarrollan negocios con otros en el siglo XXI”, consideró Marilyn Geewax en NPR.

Pero también porque si bien despertó preocupaciones a lo que pasa por izquierda en Estados Unidos –impacto sobre salarios, sindicatos, medidas de protección socioeconómicas– también desató la alarma de sectores de derecha, ante lo que consideran como exceso de poder del gobierno federal y la pérdida de soberanía envuelta, según piensan, en acuerdos internacionales.

Algunos de los argumentos en México fueron eco de ese debate. De hecho podría hacerse un caso en cuanto al surgimiento de organizaciones de la sociedad civil a la sombra del activismo estadunidense y su interés en encontrar interlocutores válidos en México.

Lo cierto es que de los tres países miembros del TLCAN, México es el único donde las encuestas señalan una marcada tendencia favorable al libre comercio y adonde se dirigen los llamados para desatar un activismo que revitalice el acuerdo.

Un acuerdo surgido del rechazo europeo

Cuando en enero de 1990 el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari visitó Europa con la idea de “vender” a México como un socio comercial ideal y bien situado, encontró una realidad geopolítica brutal: los europeos no estaban interesados.

Era el momento en que los países de la Europa del este salían de la alianza que los ataba a la aún existente Unión Soviética y se abrían al exterior. Y los países de Europa occidental, encabezados por la entonces Alemania Federal, estaban listos para recibirlos.

Salinas de Gortari visitó Londres, Bruselas, Bonn y Davos, el pueblo suizo donde año con año se celebra el Foro Económico Mundial y se reúnen los grandes factores de la economía. Pero en todos ellos encontró la misma respuesta: “no”.

Al final del encuentro el entonces mandatario dio a su equipo una instrucción: hablemos con Estados Unidos.

De hecho, algunas crónicas cuentan que en Davos, el presidente Salinas de Gortari, aún en pijama, tocó una madrugada la puerta de la habitación de su secretario de Comercio, Jaime José Serra Puche, para pedirle explorar la idea de un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

La reacción estadunidense fue de interés. El gobierno del presidente George H. W. Bush dijo sí a las primeras aperturas hechas por Serra Puche y por el entonces todopoderoso consejero presidencial José Córdoba Montoya.

Esa respuesta no fue una sorpresa. Después de todo, ya el presidente Ronald Reagan (1980-88) había expresado interés en un acuerdo comercial y el académico Sidney Weintraub había escrito en 1984 un libro llamado justamente “Free Trade between Mexico and the United
States”.

Canadá se sumó prontamente a los trabajos, aunque más bien era una forma de evitar que un acuerdo con México resultara en desventajas para Canadá, que ya tenía un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

Las negociaciones duraron tres años, y de hecho trascendieron al gobierno de Bush.

Su sucesor, William J. Clinton, puso dos condiciones para continuar los trabajos: un acuerdo sobre temas laborales y uno sobre cuestiones ambientales que fueron agregados al texto principal.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte entró en vigor el primero de enero de 1994, entre augurios de desastre por sus críticos y anuncios de jauja por sus partidarios.

Ni uno ni otros tuvieron razón, aunque algunos de sus ya tradicionales adversarios insisten en que el TLCAN provocó la pérdida de 700 mil empleos en Estados Unidos, mientras los defensores aseguran que más de 6 millones de empleos estadunidenses dependen ahora del comercio
con México.

El tratado incumplió promesas

Los países de Norteamérica están más interconectados que nunca, pero muchos en los tres países creen que la promesa del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) está lejos de cumplirse.

Una Red Norteamericana de Organizaciones No Gubernamentales precisó que se necesita de instituciones y planes de nivel continental que “mitiguen” el impacto de un mercado “más integrado y menos regulado” en los tres países del TLCAN (Canadá, Estados Unidos y México).

“A pesar de una creciente interacción, y tal vez debido a ella, en los últimos años ha habido cada vez más fricciones y decepciones entre nuestros tres países”, subrayaron los grupos integrantes de la Red en un documento sobre la sociedad civil en la región.

En el texto, advirtieron que la integración socioeconómica de los tres países avanzó a un ritmo mucho mayor que su comercio e inversión con el resto del mundo, y que “esa interdependencia incrementada implica que la inestabilidad o la recesión económica en un país norteamericano afecta dramáticamente a los otros dos”.

Como ejemplos, la Red apuntó a la crisis del peso mexicano en 1994 y la crisis financiera estadunidense de 2007 y 2008, que tuvieron un impacto “aún si los otros países siguieron políticas responsables”.

Pero subrayó también que la “promesa” del TLCAN no se ha cumplido: “muchos mexicanos pensaron que el TLCAN cerraría la diferencia de ingresos con sus vecinos pero ese hueco no ha disminuido”, precisó el documento.

Al mismo tiempo, “muchos canadienses pensaron que EU aceptaría las decisiones de la cortes del TLCAN sobre disputas comerciales pero EU han rechazado determinaciones sobre madera suave y camiones”.

El documento de la Red Norteamericana de Organizaciones No Gubernamentales fue divulgado durante una conferencia que sobre “La Promesa del Tratado Norteamericano de Libre Comercio y la Realidad Norteamericana” se celebró en noviembre en Washington.

“La creciente interdependencia ofrece oportunidades y costos adicionales”, puntualizó el documento al subrayar que esa situación “requiere una nueva conciencia tanto entre líderes como pueblos; una nueva forma de pensar en nuestros vecinos”.

La evaluación de las ONG consideró que el proceso de integración económica alcanzó su pico en 2001, incluso debido al fracaso de los gobiernos de los tres países en la creación de “una nueva agenda trasnacional”.

De acuerdo con ese punto de vista, temas como transportación  infraestructura, inmigración, trabajo y armonización regulatoria, que son considerados como cuestiones de política interna “pero que ahora están mas allá del alcance de legislaturas domésticas”.

El documento convocó a los tres países a encontrar fórmulas para resolver esa problemática “y convertir a Norteamérica en una más competitiva plataforma en un mundo de regiones”.

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