Brasil se arma en serio

El país sudamericano implementó un proyecto de renovación y fabricación de armamento con el fin de posicionarse como una potencia en ese rubro

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CIUDAD DE MÉXICO, 17  de junio.- América del Sur, dice Celso Amorim, ministro de Defensa de Brasil, “es un área de paz”.

Pero entonces... ¿por qué Brasil mantiene ahora uno de los más vigorosos programas de armamento del mundo?

El gobierno brasileño anunció en 2012 un ambicioso programa de renovación de sus Fuerzas Armadas que, de acuerdo al menos con el diario argentino La Nación, es “impulsado por su nuevo peso económico y por su deseo de darle mayor proyección a su influencia internacional”.

De hecho, las ambiciones de Brasil tienen bases regionales, tal vez, pero una visión global.

El programa de renovación de equipo incluye lo que ahora se estima como una inversión de hasta 300 mil millones de dólares en un periodo que puede ser de 20 años y uno que según la empresa de análisis estratégico Stratfor hace valer la capacidad de compra de Brasil justamente cuando la baja en el mercado de armas aumenta su importancia como cliente y sus posibilidades de negociar tratos que incluyan la transferencia de tecnología.

Brasil es también un país productor de armas, especialmente ligeras, que adquieren decenas de países en América Latina, África, Asia y Europa. Produce pistolas y fusiles, aviones útiles en la lucha antiguerrillera y vehículos blindados ligeros.

Su “carta a Santa Clós” de aquí a 2031, incluye sistemas de cohetes antiaéreos, submarinos, aviones radar, portaaviones, helicópteros y de creer a por lo menos una fuente, hasta aviones de combate “Sukhoi Su-35”.

Para ser un país con una retórica pacifista, como señaló recientemente la agencia periodística aPublica.org, es una nación que vende toneladas de armas —y a algunos gobiernos que la propia publicación consideró como represivos—.

En términos reales Brasil tiene una importante lista de clientes y de proveedores para comprar o vender armas, y es un país que ha sido criticado por la falta de control sobre sus exportaciones de ese material, aunque Amorim opinó recientemente que los críticos más fuertes son competidores potencialmente desplazados.

De cualquier manera, es el cuarto exportador global de armamento ligero.

Pero al mismo tiempo es una nación con necesidad de establecer bien a bien su control territorial, sobre todo en la región amazónica  donde el tráfico de drogas y la lejanía hacen un peligroso coctel. Igualmente, la necesidad de proteger lo que llaman “la amazonia azul”, la región del océano Atlántico donde las aguas profundas albergan yacimientos petrolíferos de enorme importancia estratégica y económica para Brasil.

Y por supuesto, la necesidad de resguardar las rutas comerciales marítimas entre Brasil y África, donde hay crecientes intereses brasileños...

Pero ni en África ni en su vecindario sudamericano parece haber mayores peligros para el gigantesco país amazónico.

Sin embargo, como dijo Amorim a la BBC, “cuando usted se prepara para la defensa no es para los próximos dos o tres años, sino para 20, 30 o 40 años. Tenemos que estar preparados para defendernos y defender nuestros intereses”.

Para la revista Jane´s, especializada en temas de seguridad internacional y fuerzas armadas, “las próximas décadas probablemente verán la consolidación de Brasil como un significativo poder militar global”.

Y en buena medida, parte de su proyección es la participación de sus militares en las Fuerzas Internacionales de Paz (“cascos azules”) de la Organización de Naciones Unidas, una actuación que confían les ayudará a llegar a un ambicionado puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Brasil como país comprende casi 50 por ciento del área territorial del continente sudamericano, literalmente tiene la mitad de la población y poco más de 40 por ciento del Producto Nacional Bruto de esa región.

Pero su gasto en defensa representó más de la mitad de la inversión de toda América Latina, México y Centroamérica incluidos, aún cuando es ya y de lejos la mayor potencia militar sudamericana.

Brasil busca construir submarinos nucleares, y de hecho la presidenta Dilma Roussef anunció la construcción de cinco;  desea proyectar su armada en las rutas comerciales con África

donde ya ayuda a las naciones de la costa atlántica en la lucha contra la piratería, hacer sentir su peso en las operaciones de paz de Naciones Unidas y por supuesto, siempre, su viejo sueño de ser reconocido como una potencia regional y mundial.

De hecho, hoy por hoy maneja el décimo presupuesto militar mundial, aunque ciertamente muy lejos de los gastos de Estados Unidos (645 mil millones) o China (125 mil millones), los sitios uno y dos en esa estadística.

De acuerdo con la Red de Seguridad de América Latina (Resdal), en 2012 las Fuerzas Armadas brasileñas estaban compuestas por 339 mil 368 hombres y el presupuesto militar era de 35 mil 512 millones de dólares, menor que los algo más de 39 mil millones de 2011.

En contraste, los presupuestos que le siguieron son los de Colombia, con 7.9 mil millones de dólares, y México, con 6.2 mil millones de dólares. Ambos países enfrentan problemas de seguridad internos que Brasil no tiene...

La respuesta es simple.

“Siendo sin duda la principal potencia en el Hemisferio Sur, Brasil está buscando tener los medios suficientes para en un futuro no tan lejano, comportarse como tal”, comentó Iñigo Guevara, maestro en seguridad internacional por la Universidad de Georgetown y miembro del Colectivo de Análisis para la Seguridad con Democracia (Casede).

La idea tiene lógica. Por un lado, el gobierno brasileño sabe que las industrias de defensa tienen un considerable potencial para el desarrollo tecnológico y la industria brasileña, tras varios descalabros entre 1960 y 1980, ahora parece determinada a compensar: por un lado se ha convertido en un importante productor de armas ligeras, lo que le permite jugar en el mercado internacional y ejercer un grado de influencia.

La influencia, añadió Guevara, “es una variable difícil de cuantificar pero que todo país necesita para ser considerado una potencia media o incluso regional... Brasil no está compitiendo con sus vecinos o con otra potencia emergente: la estrategia de Brasil consiste en tener la suficiente capacidad en un futuro a mediano plazo para poder actuar de manera independiente”.

Pero es difícil que los países vecinos de Brasil no se sientan intranquilos con el coloso en desarrollo en medio de ellos.

Brasil anunció ya la modernización de su Armada y de su Fuerza Aérea, la construcción de dos portaaviones como buques centrales para

dos flotas (la de la costa sur y la de la costa norte)... en el marco de un programa de modernización estimado en 300 mil millones de dólares en una década.

Pero expertos militares creen que aún a pesar del progreso económico brasileño, es probable que al menos una parte de esos proyectos nunca se cumplan en aras de presiones internas para incrementar la inversión social.

De acuerdo con el profesor Guevara, en todo el tema “existen dimensiones políticas domésticas que también hay que considerar. El desarrollar un submarino de propulsión nuclear ha sido un sueño brasileño desde los años 70 y está íntimamente relacionado con un sentimiento de triunfar en donde antes sólo hubo fracasos.

“La cantidad de requisitos y proyectos en marcha es impresionante y muchos tienen una razón operativa real —como la compra de radares y sistemas antiaéreos para brindar seguridad durante el mundial de futbol y los juegos olímpicos, o el sistema de vigilancia y monitoreo de sus fronteras SISFRON; otros, como el proyecto para construir un avión caza de nueva generación FX2 o el mega proyecto para construir dos portaaviones están más enfocados a una cuestión de orgullo nacional, que muy probablemente sea atendida si existe la capacidad presupuestaria”.

En declaraciones a Excélsior, Guevara recordó que “debemos tener en cuenta que la mayoría de estos proyectos se escribieron entre 2007 y 2010, cuando el crecimiento económico de Brasil llegaba a dos dígitos, por lo que el apetito era similar, y ahora algunos de ellos han tenido que ser reevaluados o puestos en pausa por unos años y algunos muy probablemente serán cancelados”.

Brasil en todo caso es la principal potencia en el Hemisferio Sur, al menos en la cuenca del Atlántico, y ahora parece empeñado en buscar los medios suficientes “para comportarse como tal”, concluyó.

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