Contrabando, clave en la historia de Estados Unidos

El abuelo de Franklin D. Roosevelt fue el Pablo Escobar del siglo XIX. Y como el suyo hay varios casos.

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CIUDAD DE MÉXICO, 21 de abril.- Dice el refrán que “a los 20 incendiario y a los 40 bombero”, y si eso ocurre en la vida de los individuos también es parte de la historia de las naciones.

¿Cómo explicarse si no la actual preocupación estadunidense por la seguridad respecto a sus fronteras y el tráfico ilegal de personas y sustancias?

Esas son urgencias de un país maduro, que hoy respeta leyes, pero que durante sus años como colonia británica y en sus primeras décadas como nación independiente permitió, pasó por alto, o no pudo evitar, que en su proceso de crecimiento y desarrollo económico sus pobladores violentaran todas y cada una de las posiciones legales que hoy sostienen.

El contrabando contribuyó al surgimiento de importantes familias: los Astor, los Hancock, los Brown... grandes fortunas tempranas se debieron en buena medida a actividades ilícitas, como el contrabando y el tráfico de sustancias ilegales, pero eso no evitó que varios de ellos firmaran el acta de Independencia y fueran luego legisladores o miembros del gobierno.

Más tarde, por ejemplo, “el abuelo del (presidente) Franklin D. Roosevelt fue el Pablo Escobar del siglo XIX”, aseguró Steven Dudley, académico y editor de la página especializada InsightCrime.

Las historias son tantas que las urgencias actuales parecen las de un país que sus antepasados difícilmente reconocerían: su relación con el mundo estaba basada en el contrabando, en el tráfico de personas y sustancias, en comercio ilegal con sus vecinos y en un continuo expansionismo que los hizo peligrosos para quienes estuvieran en su camino, fueran naciones indias, colonias europeas o países americanos que estuvieran en sus fronteras...

Al menos eso es lo que plantean los historiadores Peter Andreas y Robert Kagan, cada uno de ellos en un libro distinto y a partir de posiciones ideológicas diferentes: Andreas es liberal y autor de A Smuggler Nation (Una nación contrabandista), Kagan es neo-conservador y autor de A Dangerous Nation (Una nación peligrosa).

Estados Unidos tiene una estrategia de “haz como lo digo y no como lo hice”, dijo Andreas durante una mesa redonda en la organización Diálogo Interamericano, de Washington, en enero pasado.

Como ejemplo, Andreas consignó que la Revolución Industrial en Estados Unidos ocurrió en gran medida gracias al robo de propiedad intelectual y, de hecho, no reconoció ese tipo de delicadezas legales sino hasta cuando tuvo algo que proteger. En su libro relató por ejemplo cómo diseños de maquinaria textil, lo mismo que la obra de Charles Dickens, fueron pirateados sin rubor por los estadunidenses del siglo XIX...

De creer a Kagan, historiador y experto en temas internacionales, Estados Unidos fue “una nación peligrosa”, aún desde antes de su independencia: “lograr una mínima seguridad... requirió una siempre creciente esfera de control y dominio porque siempre que una marca de seguridad era establecida otras amenazas existían justamente más allá”.

Y de creer a Andreas, la actual preocupación por la propiedad intelectual y legalidad extrañaría también a los estadunidenses de hace 200 años, que mientras fueron súbditos británicos fueron más imperialistas que los propios británicos —al menos en la descripción del historiador— se lanzaron a la

independencia menos como protesta por los impuestos británicos sino por el intento de los británicos de hacer cumplir sus leyes hacendarias y que los colonos pagaran el costo de guerras en las que de hecho resultaron beneficiarios.

Ese es uno de los mitos exitosos de Estados Unidos, al menos internamente. Las guerras entre Gran Bretaña y Francia por territorio de Norteamérica no eran en beneficio de los colonos, dijo Benjamin Franklin, aunque fueron los colonos quienes se lanzaron a ocupar las tierras “abiertas” por la derrota de los franceses y sus aliados indígenas.

Los estadunidenses gustan de presentarse como un país prudente, que no quiere meterse con nadie, aislado aún de un mundo “corrupto y corrompedor”, indicó Kagan.

Pero esa es la visión estadunidense. De hecho, en los siglos XVII, XVIII y XIX los habitantes de las 13 colonias británicas en Norteamérica eran considerados como un grupo peligroso, especialmente por “su agresivo y al parecer insaciable deseo por territorio e influencia dominante”.

Andreas recuerda por un lado la participación estadunidense en las “guerras del opio” en China y por otro que el tráfico de alcohol fue parte indispensable de la “diplomacia” estadunidense respecto a las tribus indias.

La guerra de Independencia de Texas y la Guerra México-Estados Unidos de 1847 tuvieron muchos actores, incluso la decisión texana de defender su libertad de tener y traficar esclavos, el deseo de políticos expansionistas y esclavistas sureños —incluso el presidente James Polk— de incrementar el peso político de los estados con economía basada en la esclavitud.

Y por décadas, la relación con México ha sido teñida también por el contrabando: sustancias ilegales de un lado, armas y otras mercaderías del otro.

A Dangerous Nation fue publicado por Kagan en 2006. El historiador difícilmente puede ser considerado como un pacifista: entre otras cosas, fue asesor internacional de las campañas presidenciales de los republicanos John McCain (2008) y Mitt Romney (2012).

El propio Kagan relata que “en los tardíos 1820, una comisión mexicana concluyó que los estadunidenses eran un muy ambicioso pueblo siempre listo a ocupar sobre sus vecinos sin una chispa de buena voluntad”.

La comisión en cuestión fue encabezada por el general Manuel Mier y Terán. Su reporte fue prácticamente ignorado...

Pero los mexicanos no fueron los únicos, agregó Kagan: “las tribus indias que fueron continuamente rechazadas a través del continente tenían la misma opinión, por supuesto. Pero igual pensaban los españoles, los franceses, los rusos y los británicos, que por turno fueron empujados fuera de tierras y vías fluviales por lo que diplomáticos franceses describieron como un populacho estadunidense “numeroso”, “belicoso” e “inquieto”.

Andreas, a su vez, comienza su libro con la descripción de un incidente: “los agentes se acercaron a decomisar el cargamento ilícito, pero los traficantes se dieron vuelta, dispararon contra el oficial de más alto rango e incendiaron su vehículo... Con las cortes locales irremediablemente corruptas y comprometidas, las autoridades querían extraditar a los perpetradores del incidente, pero eso sólo los hizo más retadores y violentos, y nunca fueron capturados o perseguidos”.

La migración crecerá menos

Los flujos migratorios de México a Estados Unidos probablemente aumentarán en los próximos años, pero difícilmente regresarán al nivel de los 466 mil anuales de la década de los 90.

Un reporte del Migration Policy Institute (MPI) de Wa-shington, estimó que la migración mexicana a EU en el periodo 2011-2017 podría llegar a unos 266 mil anuales, debido a factores económicos en EU y demográficos en México.

El estudio consideró que la crisis económica mexicana de 1994 y la fuerte demanda por mano de obra tuvieron impacto en la migración mexicana de la última década del siglo XX, así como la incrementada vigilancia fronteriza, la mejoría económica mexicana y la crisis económica estadunidense se reflejaron en la menor llegada de mexicanos a partir de 2007.

De hecho, precisaron que el desplome en la demanda laboral de los sectores agrícola y de construcción tuvo un impacto negativo para la migración mexicana.

Aludieron también a los cambiantes índices demográficos mexicanos, aunque sin profundizar. Doris Meissner, especialista del MPI, señaló recientemente que el crecimiento de población de México ha comenzado a sentir el impacto de las políticas de control natal iniciadas en los años 70 y eso se refleja en la menor cantidad de candidatos a emigrar.

“La posibilidad de una reforma migratoria legislativa, que cada vez parece más probable, podría ciertamente cambiar el escenario”, indicaron los autores del documento, los economistas mexicanos Daniel Chiquiar y Alejandrina Salcedo.

Chiquiar es director de la División de Mediciones Económicas del Departamento de Investigación del Banco de México, y Salcedo es la gerente de Oficina de la División de Investigación de Bienes Raíces del Banco Mundial.

En su análisis, Chiquiar y Salcedo examinaron tres periodos recientes de migración mexicana: de 1990 a 2000, considerado como de alta migración, de 2000 a 2007 de freno a la migración, y de 2007 en adelante, de flujos reducidos.

La primera etapa combinó la crisis en México y la demanda en EU; la segunda, el incremento de vigilancia fronteriza y su efecto negativo sobre la llegada de migrantes, y la tercera, el impacto de la crisis económica mundial.

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