Maldita Vecindad lleva 'el circo' a la Carpa Astros
A 25 años de publicar su segundo álbum de estudio, anoche el grupo toca en vivo los temas que lo componen en un emotivo concierto a un costado de Tlalpan
CIUDAD DE MÉXICO.
Entre un faquir, tragafuegos, zancos, malabaristas, contorsionistas, danza aérea y danzoneros, Maldita Vecindad y Los Hijos del 5to. Patio regresaron El Circo a la Carpa Astros.
El grupo musical que fusiona rock, ska, reggae, punk, danzón y boleros tocó en vivo su segundo álbum de estudio, aquel publicado el 24 de septiembre de 1991, hace 25 años.
Ante tres mil 200 personas, con la carpa en sold out de acuerdo a los organizadores, Maldita Vecindad llevó a los oídos de sus seguidores los temas en el orden en el que fueron grabados para el material discográfico.
El viaje en el tiempo duró 130 minutos con un concierto dividido en dos partes: la primera con un recorrido musical por las rolas de otros discos de la banda y, tras un breve intermedio, la segunda hecha de la euforia de El Circo, construida con la energía prácticamente intacta de sus exponentes.
El vocalista Ronaldo Ortega, mejor conocido como Roco o Roco Pachukote, hizo un llamado de paz, de baile y de libertad a lo largo de la celebración a un costado de la avenida Tlalpan de la Ciudad de México, donde la vida nocturna parece no tener fin.
“Esta es una noche muy especial carnales, porque ya saben que estamos aquí. ¿Saben que hace 25 años en este nuevo Carpa Astros presentamos El Circo carnales? Vamos a calentar motores. ¡Bienvenidos todos!”, expresó Roco ante los gritos de emoción de un público de diferentes generaciones, desde los 50 hasta niños de carreola y biberón.
Un millón consumen El Circo
Afuera de la Carpa Astros, la celebración a la Virgen iluminó las calles aledañas con flores, mariachis, grupos de cumbia y baile en las banquetas, acompañado de ponche y tamales o algún otro menú gastronómico mexicano. Adentro, la Maldita Vecindad recibió un Disco de Doble Platino por un millón de copias vendidas de El Circo, tras su relanzamiento en vinil en noviembre pasado.
Pachuco hizo honor al atuendo de los integrantes de la agrupación. Sax, con su melena larga y su saco blanco, corrió hacia el público y cayó sobre él. Tras una pequeña sacudida y con la energía recargada, continuó tocando los metales, ya arriba de la tarima, con dos instrumentos colgados al cuello.
Roco presentó después Un poco de sangre: “25 años después seguimos pensando y cantando con una actitud crítica ante los gobiernos corruptos, represores, injustos y destructores de la comunidad. Hace 25 años hicimos esta canción porque no se hablaba de los niños en situación de calle”.
“Dedicamos esta canción para quienes luchan por un país justo, libre, democrático y especialmente a los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa, para los autónomos como Cherán y los caracoles zapatistas que viven ese otro mundo posible. No queremos que se derrame una sola gota de sangre más”, añadió.
Toño fue dedicada a los músicos y artistas que llenan las calles de la ciudad y con Solín, un faquir dejó boquiabiertos a los asistentes con una espada en la garganta y otras hazañas, mientras los malabaristas de bastones del diablo con puntas de fuego y los lanzafuegos dejaban el ambiente cálido para Kumbala, en la que una bailarina subió sobre un aro y una cuerda para danzar y seducir las miradas con su vestido rojo y dos parejas de danzoneros bailaron.
Un gran circo marcó la pauta para los zancudos vestidos de bufones y una contorsionista en un costado, sumándose al espectáculo.
Pata de perro, Crudelia y Maré vibraron antes del homenaje al compositor e intérprete Juan Gabriel con su versión de Querida. La banda se acercó a dar las gracias, se inclinó y tocó con sus manos su corazón en reciprocidad al cariño hecho de ovaciones, alaridos y petición de una rola más, que no llegó.
“Gracias por venir a esta función absolutamente especial en el corazón nuestro donde caben todos ustedes. ¡Paz y baile!”, expresó Roco a manera de despedida.
EL PREÁMBULO
En la primera parte del concierto, a las 20:04 horas del domingo, Bailando y Quinto patio ska fueron la carta de presentación de Maldita Vecindad.
“La música es el puente donde siendo distintos nos podemos encontrar. ¡A gozar esta noche. Está Maldita en la casa!”, gritó Roco entre imágenes de movimientos sociales y revolución en las tres pantallas del escenario.
La proyección cambió con Mujer. La imagen de la Guadalupana, a unos minutos de su día festivo, se combinó con la diosa de la madre tierra, como un breve homenaje a quienes otorgan vida.
“Esta canción la hicimos en nuestro primer disco y tiene un significado profundo a la madre Tierra y a las mujeres. ¡No más violencia a las mujeres, no más feminicidios, no más destrucción a la madre Tierra! Que la energía de la madre y el amor incondicional nos abrace a todos aquí y ahora”, lanzó el vocalista arropado por la música y su peculiar estilo de baile.
El ska fue impetuoso, pero respetuoso, entre los asistentes más cercanos al escenario. No faltó la cerveza, pero hubo paz. Volaron algunos vasos de cerveza, pero sobre todo asistentes en saltos como pasos de baile.
Roco; Pato, en la guitarra; Aldo Acuña, en el bajo y Sax, en los metales, los cuatro integrantes pioneros, invitaron a una ceremonia para sacudir la negatividad. Todos levantaron los brazos y agitaron las manos con una sola petición hecha por la banda: que lo bueno llegara a la familia, al país y al mundo.
Así sonó su versión de Lo pasado, pasado ―interpretado originalmente por José José―, seguida de Los agachados y El tieso y la negra soledad, en la que fueron invitados al escenario un grupo de niños y la cantante chilena Moyenei Valdés, con quien Roco ha colaborado antes formado Sonidero Mestizo.
La primera parte finalizó con No les creo nada, Don Palabras y El cocodrilo ―dedicada a quienes crearon una cultura de barrio, Chava Flores, Pérez Prado, Tin Tan, Agustín Lara y Pedro Infante―.
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