“Mi amigo ya se fue”: Silvia Urquidi
Urquidi habló en entrevista sobre los pendientes que tenía con Juan Gabriel, incluyendo unos emails que quería que viera el Presidente

CIUDAD DE MÉXICO.
Juan Gabriel tenía miedo de caer en cama por alguna enfermedad, por lo que quería morir sobre el escenario. El cantante se lo dijo alguna vez a su amiga y exrepresentante, la abogada Silvia Urquidi, quien en entrevista con Excélsior reveló sus pendientes con el autor, quien murió de un infarto.
“Teníamos programado un viaje a la sierra Tarahumara para diciembre. Además, él tenía el proyecto de hacer una gira ‘puebleando’, como aquellas caravanas con las que se inició con (el promotor y empresario) Guillermo Vallejo: se iban en camión y recorrían el país. Quería que lo ayudara y que le hablara al partido (PRI), porque con éste hicimos otro proyecto, el de las estatuas de la música mexicana, como la de María de Lourdes, Lola Beltrán y la de él, aunque quería la de Lucha Villa y la de Jorge Negrete, que ya no hicimos. Eso se lo pedía al partido, al igual que el de la celebración de sus 45 años de trayectoria en un concierto”, reveló Urquidi en entrevista telefónica.
El tercer pendiente de la abogada con su amigo era mostrarle al presidente Enrique Peña Nieto, una conversación de hace dos años que ella y El Divo de Juárez tuvieron vía email.
Pero no la hizo pública por la controversia que surgió en la campaña presidencial del priista Francisco Labastida en el 2000, en la que Juanga colaboró con un tema que decía: “Ni ‘Temoc, Ni Chente, Francisco será el Presidente. Ni el PRD, ni el PAN, el PRI es el que va a ganar...”
“No es carta. Las cartas ya no las usábamos, sino correos electrónicos, emails. Se trata de una conversación entre los dos (Juan Gabriel y Urquidi) como priistas, porque eso no lo podemos negar. Me contestó, en seis o siete renglones, lo que él hizo con México, lo que pensaba y está redactado de manera muy bella. Ahí me pidió que se lo enseñara al Presidente, aunque no habla del Presidente, sino del Partido Revolucionario Institucional (PRI) como tal. Fue hace año y medio o dos años.
“Tras vivir políticamente lo que sucedió con Labastida, que fue un amigo de ambos y, sobre todo, de Lola Beltrán, por quien nos lanzamos a apoyarlo, vi que él (Juan Gabriel) perdió más que yo, porque lo persiguieron fiscalmente y se quedó sin trabajar todo un sexenio. Así que pensé en no hacerle caso y no mostrar la conversación de emails para protegerlo.
“Sin embargo, hace dos meses me preguntó si ya le había llevado o enseñado el texto al Presidente. Sabía que era una espinita que él tenía y una molestia conmigo, pero yo quería protegerlo en vida. Pero ya me entró la cuestión moral y lo daré a conocer.”
El contenido de esta conversación habla de Michoacán y del compositor orgulloso de nacer en ese estado. En estos diálogos, Juanga expresó a su amiga: “Me dijo que nunca se iría, porque quedaría el legado de sus canciones, así como el PRI tampoco lo haría”.
“Los emails exponen por qué amaba México y su orgullo por ser mexicano. Para él México no estaba mal y quería darle esa motivación al Presidente. Decía que éramos muy desunidos, porque en otros países hubo dictaduras, como en Guatemala, Chile o El Salvador. Él, como viajaba por todo el mundo, se daba cuenta lo que teníamos, pero que estábamos ciegos.”
Manifestó que entre los correos que intercambió con él, también está uno en el que compuso el tema Abrázame muy fuerte, en el que el compositor manifestó el deterioro con sus amistades.
“Necesito primero asimilar lo que está pasando y salí como una vocera, porque aquí vivo y aunque a él no le gustaba tener relaciones públicas, me convertí en parte de eso también, además de andar metida en broncas y ser su amiga”, dijo.
CON SU FAMILIA
Sobre las noticias que afirman que el cuerpo del intérprete fue cremado por sus familiares y llevado a Florida, se limitó a expresar que sabía de estos deseos de sus hijos.
“Ya sabía que querían hacer un evento privado en el rancho de Florida, en la casa familiar en Fort Lauderdale. Es una decisión de la familia, yo soy una tercera persona y respeto lo que ellos quieren.
“No puedo decir si lo cremaron, porque es decisión de ellos. No tengo esa certeza, pero ya hablaré con los muchachos (...) Que querían estar con el cuerpo, sí”.
Reveló que ella manejó por muchos años las cuestiones legales del cantante. Sin embargo, ahora es sólo una observadora.
“No sé nada de los saqueos, sólo me llegó un rumor y la mentira dura hasta que la verdad sale. Por otro lado, hace como dos años, Juan Gabriel me habló un día y me dijo que quería acudir a mi corazón de madre. Estoy viendo, me dijo, que como Iván es el más grande, dejarlo como albacea de todos mis bienes. Le dije que yo no nombraría un albacea, sino que dividiría todo para mis cinco hijos Sólo me respondió ‘ah, muy bien’ y jamás volvimos a tocar el tema.
“Hace unos días le dije a Pablo, su hermano, sobre el rancho de Parácuaro, que me daba gusto que lo siguieran conservando. Y la hija de Pablo me dijo que no sabía qué iba a pasar, porque ese rancho estaba a nombre de Iván, lo cual no sabía. Esto es de familia, mi amigo ya se fue y soy respetuosa de ello”, expresó y aclaró que entre los bienes del músico también está el acervo musical.
Urquidi —quien considera que su amigo se despidió de ella a través de su música en un concierto en el Auditorio Nacional al que asistió—, recordó que en 2013, Juanga le dijo que sólo viviría máximo cinco años más.
“La alegría más grande que yo tengo es que murió como él quería morir, lo cual siempre expresó y lo tengo por escrito de él: quería morir arriba del escenario y de un infarto fulminante. Él tenía miedo de caer en una cama y de que al final de cada concierto le dolían las rodillas y los pies, que tenía que meter en agua después tras el cansancio por todo lo que hacía, por estar muchas horas parado y tanta energía.
“No estaba enfermo de la rodilla, era la edad y cansancio de 20 años. Alberto siempre sufrió de la presión, es un mal de familia, genético, y por eso siempre vivía al nivel del mar, le costaba venir a la Ciudad de México y cuando venía, lo hacía con días de anticipación para adaptarse a la altura. En el Auditorio teníamos escondido un tanque de oxígeno chico, por si cualquier cosa no porque lo necesitara. A él no le gustaba que se hablara de eso. Pablo, su hermano, quien le llevaba 20 años, sufrió hace poco una operación a corazón abierto y estábamos preocupados por él, no por Alberto (Aguilera Valadez, nombre real de Juanga). Varios de sus hermanos murieron de infarto, por eso se fue como él quería, a dos o tres horas de bajarse del escenario”, concluyó.
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