Vicente Fernández, pasajes de un ídolo
Dividido en cinco secciones, hoy sale a la venta El adiós de un grande, libro que cuenta diversos momentos profesionales y personales de El Charro de Huentitán

GUADALAJARA.
Vicente Fernández empezó desde abajo: repartiendo leche, dando serenata y haciendo lo que más le apasionaba: cantar. Así, poco a poco construyó un patrimonio familiar, pero sobre todo uno de canciones de música ranchera que ha trascendido fronteras.
El camino no fue fácil, pero tuvo momentos dulces como el amor con su esposa María del Refugio Cuquita Abarca. Estos pasajes son los que relata en el libro El adiós de un grande, que hoy se pone a la venta con seis mil ejemplares en todo México.
Con poco más de 154 páginas que plasman imágenes elegidas del álbum familiar de El Charro de Huentitán, muchas de ellas trabajadas con photoshop por él mismo, la publicación también tiene relatos, líneas del tiempo y un contenido dividido en secciones como La función debe continuar, Una gran mujer, El amanecer de los Fernández, El ídolo de México y La leyenda.
Me gusta ordenar cómo quiero salir. No es toda mi vida, sino pasajes de ella. Yo no podría escribirlo (el libro), pero como tengo mucho qué platicar, mucha historia, si me preguntan, me suelto. Así que lo que iba diciendo lo iban escribiendo. Me convencieron de hacerlo y lo hice en cuatro horas, bueno yo (ríe).
Son las partes bonitas, como el nacimiento de mis hijos y cuando le dije a mi esposa que se casara conmigo. Las feas ya no tiene uno por qué contarlas, porque además ya las saben como cuando nacieron Vicente y Gerardo a los seis meses y nos fuimos de arrimados con mi suegro. A Vicente lo pusimos en una canastita con unos focos de esos que iluminan las carnitas, porque valía 150 pesos la incubadora y no teníamos”, expresó Fernández en entrevista con Excélsior.
El cantante abrió las puertas de su rancho Los Tres Potrillos en Guadalajara, Jalisco, para platicar de este libro que finalmente vio terminado tras cuatro meses de producción y cuyo primer ejemplar dedicó a su esposa, con un mensaje escrito en puño y letra en la primera página, que se reservó para sí. “Mi mujer es la mitad de Vicente Fernández”, dijo.
Sentado cómodamente en uno de los patios del rancho —con vista a las caballerizas con una variedad de equinos, pavorreales, perros, palomas y la Arena VFG a un costado— Fernández habló de sus experiencias de vida previo a su despedida formal de los escenarios el 16 de abril en el Estadio Azteca.
Siento que cumplí. El trabajo no es morir, sino nacer. ¿Morir? Todos vamos a morir, pero nacer no todos lo logramos. Lograr lo que yo a través de mi vida, siento que fue un regalo muy grande de Dios y lo atesoro. Tengo a mi mujer, mis hijos (Vicente, Gerardo, Alejandro y Alejandra),
mis 11 nietos.
Ha sido muy bonita mi carrera, muy exitosa, pero también me quitó a mi madre de 47 años cuando no tenía para pagar las curaciones del cáncer y me iba a ver quién me daba una propina en los cabarets, restaurantes o cantando serenatas. No fue fácil. Aquel que hace una carrera muy fácil, así se le desbarata”, acotó.
Don Vicente recordó sus inicios en su primer palenque, cuando un empresario le hizo una seña para finalizar sus interpretaciones. Fue ahí donde nació la frase que lo ha caracterizado: “yo no vivo de los empresarios, mientras ustedes no dejen de aplaudir yo no
dejo de cantar”.
¿Y si el público nunca deja de aplaudir, romperá con su promesa? No. Vicente Fernández bajará de los escenarios en vivo, pero no se separará de la música. En el estudio de su rancho continuará grabando nuevos discos, pues tiene más de 200 canciones en la mesa, y videos. Además quiere componer, dibujar, probar los beneficios de las redes sociales y avanzar con su aprendizaje en el retoque de imágenes con photoshop, que tanto disfruta.
Tras luchar contra cáncer en el hígado, un infarto cerebral pequeño, trombosis pulmonar y una hernia por los que mantuvo riguroso reposo, el cantante de 72 años goza de salud y está listo para la gran despedida de los escenarios.
Nunca me trajeron los medios en chismes feos y aunque en palenques decían que tomaba, no; yo sólo tomo limón y sal para refrescar la garganta.
Ahora me despido como empecé, como me conocieron, sin causar lástimas. Que no me tenga que morir para que la gente me siga queriendo. Viví para el público 50 años. No del público, sino para el público”, subrayó, mientras de fondo sonaban los trinos de los pájaros en ambiente campirano.
Los turistas tocan las puertas del rancho y éstas son abiertas al público. Algunos tuvieron suerte y se encontraron con el cantante de Qué bonito amor, quien los saludó y se tomó fotos con ellos a un costado de sus cientos de caballos cuyo número no sabe, pero “si se pierde uno, sé cuál es”.
Para la despedida, a los médicos no les hago caso y nunca preparo un show, lo que va pensando el público es lo que voy cantando. No tengo una lista de canciones. En cuanto a invitados, sólo Alejandro. Me propusieron a Shakira, Julio Iglesias, Tony Bennett, pero dije no, porque vendrían sólo por una canción, no tenía caso. Yo quiero gozar por último a mi público”, afirmó el admirador de Pedro Infante.
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