La banda británica Black Sabbath conquista el Foro Sol

El grupo inglés se presenta por primera vez con Ozzy Osbourne, su cantante original, ante 60 mil enloquecidas personas en el foro capitalino

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27/10/2013 08:30 Azul del Olmo / Fotos: Excélsior

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de octubre.- En esta ocasión no hubo grupos religiosos o conservadores que los boicotearan, como sucedió en 1989. Ahora, en pleno siglo XXI, Black Sabbath, por primera vez en México con su vocalista original, Ozzy Osbourne, pudo seducir sin restricciones a miles que acudieron a su llamado.

El grupo, considerado por muchos como el responsable de los cimientos del heavy metal, volvió al país con su gira 13, el mismo nombre de su más reciente disco, con muchos más años encima pero con la misma energía que ha caracterizado a su propuesta musical..

El Foro Sol, desde la aparición de Sabbath, se convirtió en un terreno carente de reglas. No había tregua para la gente que enloqueció con las primeras palabras que Ozzy les dedicó.

Sonó War Pigs y la energía de miles se canalizó. Comenzó el headbanging y Ozzy, el príncipe de las tinieblas, los retaba.

“No puedo escucharlos, maldita sea”, dijo a manera de saludo.

Acompañado por Tony Iommi, Geezer Butler, Tommy Clufetos y Adam Wakeman, Ozzy, a sus 64 años, sorprendía con su movilidad sobre el escenario y con el movimiento de cabeza que hacía cuando se escuchaba Into The Void. Tras la coreográfica actuación de Ozzy,  Iommi daba una cátedra con sus solos de guitarra.

“Es increíble estar por fin en la Ciudad de México. Ha pasado mucho tiempo para que esto pasara, es increíble. Muchas gracias por venir esta noche, los quiero gente”, dijo el cantante, quien arrancó la ovación con su comentario antes de interpretar Under The Sun.

Los ánimos de la gente eran evidentes. Los vasos de cerveza volaban de un lado a otro mientras el aroma de la mariguana se extendió en la zona de gradas del recinto.

La gran pantalla del escenario, dividida en tres partes, se encargaba de proyectar al centro a los integrantes de la agrupación y en los laterales, las imágenes de video eran la constante.

“Oe, oe, oe, oe Ozzy, Ozzy” y “Oe, oe, oe, oe, Sabbath, Sabbath”, eran los cantos que la gente le brindaba a la agrupación mientras Osbourne repetía que no los escuchaba antes de presentar Snowblind y agregar, en español, la palabra cocaína, lo que arrancó la risa de algunos.

Fue entonces cuando Ozzy decidió correr por el escenario hacia el lado derecho para ver más de cerca de sus fans, a  quienes presentó Age Of Reason, corte incluido en  su más reciente producción discográfica.

“Los vamos a llevar ahora hasta el principio de todo esto”, lanzó Ozzy antes de que los primeros acordes de Black Sabbath –conocida entre sus fanáticos como el himno de la oscuridad- se apoderaran del lugar y la pantalla del escenario  encendiera dos círculos rojos con un demonio dentro que flanqueaban el nombre de la banda.

 Los súbditos de Ozzy sucumbían a cada movimiento o sonido que salía de su garganta, como su inigualable risa tétrica que engalanaba los sonidos de Sabbath.

“Vamos a hacer una cosa, voy a contar hasta tres y ustedes van a gritar hey”, dijo el vocalista y,  sin dudarlo, la multitud respondió al mandato.

El hechizo de los británicos  era fuerte, parecía que ninguna de las personas podía mantenerse ajena a sus comandos, a su estilo, crudo y agresivo, o a canciones como
Behind the Wall of Sleep.

El ritmo de la noche era frenético, sin pausas para comprender lo que se vivía, apenas tiempo para sacudir la cabeza en uno y otro tema, para recuperar un poco de aire y cantar.

Un nuevo solo de guitarra de  Iommi sirvió como preámbulo para N.I.B. Con ella la gente, 60 mil personas, brincaron tanto que parecían contagiar su emoción a Osbourne, quien comenzó a gatear. Lo dicho, no había reglas escritas en una noche en que cualquier cosa podía pasar.

End of the Beginning, de su nuevo disco, dio una breve tregua a los asistentes que disfrutaban de la música, a quienes poco les duró el gusto pues la adrenalina volvió pronto.

Fairies Wear Boots –en la que Osbourne anunció un descanso-, Rat Salad –un solo de batería de Tommy Clufetos- y Iron Man dejaban ver que el final se aproximaba.

Lo inevitable, sin embargo, no logró que decayeran los ánimos. El público se entregó con cada nota y cada acorde que  Black Sabbath les entregaba.

“¿Quieren que volvamos pronto?”, preguntó Ozzy, y lo que recibió fue una respuesta generalizada. Un “sí” que parecía más que obvio. 

De la noche, aliada natural de los británicas, emergía el brillo de la música.

God Is Dead?, también del nuevo disco, Dirty Women y Children of the Grave -que cimbró los cimientos del lugar- sirvieron para que la banda dijera adiós aunque todos sabían, o al menos esperaban, que volverían.

Lo hicieron para tocar Paranoid y, entonces sí, decir adiós.

 

Megadeth encienden la noche

Las luces del Foro Sol se apagaron y la ráfaga de trash metal comenzó. Una enorme pantalla al fondo del escenario se encendió para mostrar un video que anunciaba la presencia de Megadeth en el entarimado.

Las manecillas del reloj estaban cerca de las 20:00 horas y sobre el escenario, como parte de su gira Super Collider World Tour, Dave Mustaine, David Ellefson, Shawn Drover y Chris Broderick se adueñaban del lugar y de la situación con la ejecución de Hangar 18 y Wake Up Dead, los primeros cortes de la velada.

En medio de seis pantallas —dos laterales al escenario, una al centro y dos más pequeñas a la altura de la batería— Mustaine dio la bienvenida poco antes de cantar In My Darkest Hour.

El entarimado se llenaba de tonos verdes y las imágenes de la gente en la pista del recinto se intercalaban con las de los músicos haciendo lo suyo mientras Kingmaker retumbaba en el lugar.

Los sensuales movimientos del trasero de una chica, proyectados en la pantalla del escenario, dieron paso a Sweating Bullets, con la cual el público se hizo presente al cantar de principio a fin.

Las luces se encendían y se apagaban y el ritmo se contagiaba a la gente que cantaba al unísono: “hey, hey, hey, hey”mientras la batería guiaba el canto colectivo.

Después, los requintos de Mustaine adornaron cada palabra de Tornado Of Souls, que arrancó una gigantesca ovación que se mantuvo durante toda la canción y que, incluso, se hiló con los acordes de She-Wolf.

La potencia de Symphony of Destruction incitó a los miles de presentes en el Foro Sol a gritar, al ritmo de la canción, “Megadeth, Megadeth”. El cántico se convertía en el sello del corte.

Casi 40 minutos después, el inmueble lucía lleno en su totalidad, con ánimos encendidos y Mustaine no dejó pasar la oportunidad al pedir la colaboración del público para cantar juntos Peace Sells.

El headbanging se multiplicaba mientras las manos intentaban seguir la velocidad de las pisadas de las guitarras al tiempo que Vic Rattlehead –mascota de la agrupación- hacía su aparición en el escenario poco antes de que la banda se despidiera.

 “Queremos agradecer a Black Sabbath que nos hayan invitado, hemos estado en Costa Rica, Colombia”, dijo Mustaine mientras la gente lo interrumpía ante la mención de otros países. Lo arregló asegurando que el mexicano era “el mejor maldito público”.

 

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