Gilberto Aceves Navarro: 'sigo empujando y logrando cosas'
Celebra seis décadas como pintor con una exposición doble, Cabezas olmecas. Caricia y materia, que reúne lo más reciente de su producción

CIUDAD DE MÉXICO.
Hace diez años que Gilberto Aceves Navarro (Ciudad de México, 1931) no se muestra al público. Él contenido en sus óleos, grabados y esculturas. Él expuesto en la abstracción de su plástica. Él visto desde la estética de sus composiciones, algunas geométricas y otras coloridas. Por eso su regreso a la escena lo hace con bombo y platillo. Con una exposición de partida doble que sintetiza su discurso estético construido en seis décadas de trayectoria.
Cabezas olmecas. Caricia y materia es el proyecto que ha mantenido ocupado al artista de la Ruptura durante los últimos seis meses. Tiempo en que produjo 300 obras al óleo además de grabados y esculturas en madera y metal que exhibirá de manera simultánea en el Seminario de Cultura Mexicana y en la galería Lourdes Sosa, a partir del 21 de abril. Una lectura doble de la interpretación que Aceves Navarro hace de la cultura olmeca desde su mirada abstracta, sintética y crítica.
Al tiempo, las obras en diferentes formatos evidencian la experiencia en el arte de quien fuera asistente de David Alfaro Siqueiros. Él mismo define esta nueva serie como la conjunción de su técnica y lenguaje plástico; un buen resumen, dice, del proyecto artístico que se planteó desde muy joven cuando inició con dibujos a lápiz sobre papel de estraza.
“Esta exposición es una síntesis de mis palabras que forman un discurso, y lo que muestra es que no estoy detenido, no estoy parado, los muchos años de edad no tienen que ver con el quehacer artístico, y yo sigo empujando y logrando cosas”, lanza sin titubear el Premio Nacional de Bellas Artes 2003 en entrevista con Excélsior.
Cuando afirma que esta serie sintetiza su discurso -explica- se refiere a que en una sola obra se leen seis décadas de trabajo. Es la ecuación de la simplicidad de la forma con la complejidad de la construcción de una pintura, escultura o, incluso, mural. Cada pieza contiene los elementos básicos -líneas, puntos, curvas, colores- que la hacen bella a la vista, pero también exige un ejercicio de observación mayor. Atender cada elemento para descubrir más allá de lo superficial.
Aceves Navarro señala que ésta ha sido su exigencia en toda su trayectoria. Pide un momento de reflexión sobre sus obras, no un vistazo: “No creo que el arte sea un vehículo de educación; no es para eso que pinto, esa etapa del arte en México no me alcanzó a mí, trabajé con uno de esos pintores que fue Siqueiros y él sí tenia esa idea de que el pueblo debía tener arte, pero a mí ya no me alcanzó. Yo apelo a la gente, exijo que me estudien para que sea mayor la experiencia que ofrezco con mi arte”.
“Busco efectivamente la relación intensa de las cosas. Que se correspondan los elementos que veo y construyo, y eso lleva a que mi sentido de la composición y el manejo del espacio no es evidente al simple mirar; lo que se requiere es apreciar la relación del espacio”, insiste quien también fuera profesor en universidades de México y Estados Unidos.
En el proyecto de las cabezas olmecas, Aceves Navarro evade la reproducción fotográfica de los monolitos para hacer una interpretación de su estética. Absorbió la sencillez de las figuras monumentales para convertirlas en expresiones emotivas de una cultura antigua. Pero no sólo se trata de una reflexión del pasado de México, sino la manifestación de lo que para el artista fue “una sacudida” al reencontrarse con los rostros de piedra.
“Tengo la primera referencia de las cabezas olmecas, que son un prodigio de un pueblo que desapareció, desde las clases que tuve con Carlos Pellicer, con el que estudié la Secundaria. Desde entonces tenía esas emociones al verlas, pero ahora, de pronto, sin esperarlo me encuentro una fotografía en la portada de un libro y me sorprendió tanto que dejé lo que estaba haciendo y empecé a trabajar bocetos hasta hacer algo bello”.
El resultado de seis meses de trabajo en su estudio son grabados y pinturas de colores llamativos –verdes, naranjas, amarillos– que no muestran explícitamente la figura olmeca, sino una abstracción de lo que ésta representa para la historia del país y del propio artista. “No hay ornamentación en las cabezas olmecas y eso lo he absorbido al grado de lograr algo de una enorme sencillez”, afirma quien con esta doble exposición celebra seis décadas de trayectoria.
Avance evolutivo
Quien es miembro de la Academia de Artes desde 2003 lanza un pensamiento retrospectivo y define su trayectoria como un camino preciso. Desde sus primeros dibujos en estaza y óleos en bond supo hacia dónde dirigir su trabajo: un arte internacional. Y supo también que para ser internacional debía ser primero lo más nacional posible. Fue, al menos, una de tantas lecciones aprendidas de Siqueiros.
Así respondió con sus primeras pinturas de temas sociales. Eran, cuenta, el retrato de lo que veía en la calle, lo que dibujada a pulso en papel y luego trasladaba al óleo. Una tarea diaria que él mismo se impuso como ejercicio para afianzar su abstracción del mundo. Entonces la primera exposición que hizo fue de escenas de lo cotidiano: boleros, panaderos, vendedores, prostitutas y automóviles.
“Empecé a trabajar de la siguiente manera: tuve que aprender a dibujar rápido, captar la imagen pronto, entonces salía de casa a las nueve de la mañana con un paquete de hojas de papel de estraza y dibujaba desde la mañana hasta la noche lo que veía en las calles, y a las nueve de la noche regresaba a casa donde ya estaba preparado mi caballete y pintaba dos cuadros todas las noches, era una tarea para forzarme a mejorar”.
Así consiguió la maestría para hacer obras icónicas como el mural Canto triste por Biafra, que pertenece al acervo del Museo de Arte Moderno (MAM) y es considerado una pieza clave para el desarrollo de La Ruptura. Él mismo recuerda este trabajo como un parteaguas para la historia plástica del país. Lo mismo trae de la memoria series como Las bañistas iluminadas y La decapitación de San Juan que expuso también en el MAM, y marcaron la evolución de su obra.
Siempre he trabajado de manera intensa buscando mis raíces, soy hijo de mi país y de alguna manera siempre lo reflejo en mi obra”.
¿DÓNDE y cuándo?
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Cabezas olmecas. Caricia y materia se inaugura el 21 de abril en el Seminario de Cultura y la galería Lourdes Sosa, a las 12:00 horas.
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