Biografía del accionismo vienés; exceso, motor creativo
La revuelta de los ángeles salidos del limbo es la biografía de una de las vanguardias artísticas más influyentes del siglo XXI

CIUDAD DE MÉXICO.
“El reconocimiento tardío del accionismo vienés implica asimismo su continuo desprecio”, sentencia el investigador alemán Oliver Jahraus en su ensayo que incluye el libro Accionismo vienés. La revuelta de los ángeles salidos del limbo, publicado por la Fundación Jumex —bajo la coordinación editorial de Michel Blancsubé y Lorena Moreno—, el cual representa la investigación más exhaustiva que se haya publicado en idioma español sobre una de las vanguardias artísticas que más influyeron el siglo XX.
Parafraseando a Jahraus, el accionismo vienés representa ante todo un reto para la historia del arte y, de igual forma, este libro parte de un desafío con la institución museística, ya que la publicación originalmente se había planeado como catálogo de la exposición histórica que acompañaría a la muestra individual del artista vienés Hermann Nitsch, la cual fue censurada por el propio Museo Jumex el 30 de enero de 2015, luego de que un grupo de presuntos defensores de los derechos de los animales pidieran la cancelación de la misma.
Accionismo vienés. La revuelta de los ángeles salidos del limbo reúne no solamente la investigación histórica e iconográfica que realizó Blancsubé durante dos años y medio sobre el accionismo vienés, sino que integra numerosos ensayos y textos inéditos (o por primera vez traducidos al español) de los propios integrantes del movimiento (Günter Brus, Hermann Nitsch y Otto Muehl), de artistas vinculados o que influyeron en el accionismo (Paul McCarthy, Gustav Metzger y Richard Wagner) o de especialistas en el tema (Robert Fleck, Danièle Roussel, Peter Turrini, Eva Badura-Triska, Oliver Jahraus, Pascal Zoss, Hubert Klocker, Julien Blaine, Kristine Stiles, Guillaume Leingre, August Ruhs, Gabriel Santamarina, David Magnus, Peter Gorsen y Carlos Prieto Acevedo).
El accionismo vienés, como lo describe el propio Blancsubé en su texto Sympathy for the Devil, fue un movimiento integrado por Otto Muehl, Hermann Nitsch, Günter Brus y Rudolf Schwarzkogler durante los años sesenta del siglo pasado, quienes produjeron una cantidad fenomenal de dibujos, cintas y escritos de todo tipo: manifiestos artísticos, otros más políticos, textos filosóficos, obras de teatro, otras más musicales, etcétera.
El accionismo vienés habrá de dar origen, sobre todo, a una cantidad impresionante de fotografías que contribuyeron a plasmar un panorama de situaciones eróticas o no, cómicas y en ocasiones no tanto e incluso nada; de posturas que alternadamente repelen y fascinan –nunca indiferentes ni anodinas– en las que huevos, rosas, cuerpos humanos y restos de animales se roban cámara mutuamente”, abunda.
En entrevista con Excélsior, Michel Blancsubé recuerda que el libro reúne todos los materiales que se habían seleccionado para mostrarse en el Museo Jumex, mientras la individual de Nitsch estaba programada para la antigua sede de Ecatepec, aunque al final eso también iba a cambiar por cuestiones de presupuesto.
Lo que está reproducido en el libro son piezas que tenía en la exposición histórica en el Museo Jumex de Polanco. Tramitamos los préstamos y derechos de reproducción, entonces (después de la controversia con Nitsch) el Museo Jumex decidió mantener el libro, porque estaba bastante avanzado para cuando cancelaron todo. Como gastaron gran parte del presupuesto del libro dijeron: ‘bueno, perdimos suficiente con esta historia para no hacer la publicación’.”
El curador y exjefe de registro del Museo Jumex explica que de forma personal ha investigado el accionismo vienés desde la década de los 90, cuando trabajaba como curador asociado en el Musée d’art contemporain de Marsella.
“ Yo caí en el accionismo a principio de los 90, cuando estaba de asistente de Philippe Vergne en el Musée d’art contemporain de Marsella. Él armó una exposición en 1996 que se llamó L'Art au corps y, por primera vez en Francia, se presentó un amplio capítulo de accionismo vienés. Viajamos los dos en 1996 a Viena, fuimos al castillo de Nitsch. El año anterior, en 1995, me mandó a Praga en donde por primera vez me encontré con Nitsch y él me pasó este virus y me fascinó”.
Para Blancsubé lo que le marcó del accionismo fue el exceso, el llevar al límite la pasión e ir hasta el fondo del asco. “Mezclan mierda, sangre, espermatozoides, vida, amor. Una mezcla indigesta, algo muy golpeador. Me gusta el exceso”.
Pero la investigación dio otro salto, en 2009, cuando Edelbert Köb armó con Víctor Zamudio Taylor la exposición Interstices, que presentaba una selección de obras de la Colección Jumex en el Museum moderner Kunst Stiftung Ludwig (mumok) de Viena.
“Cuando fui a Viena como jefe de registro de la Colección Jumex empiezo a mirar y me entero de que el mumok tenía un acervo enorme de accionismo. Entonces hablo con ellos y me dicen que con todo gusto prestan todo lo que quiera para una exposición de accionismo en México. Y propuse este proyecto a mi querido director del momento, Patrick Charpenel, y juntos se lo presentamos a Eugenio López. Eugenio dijo: 'Sí, yo quiero presentar en este museo cosas que nunca se han visto en México, adelante'. Entonces, obviamente no hubiera podido desarrollar toda esta investigación durante dos años y medio, sin la dirección del coleccionista. No es que quiera reactivar la controversia, pero así pasó. Y armamos toda la investigación empezando en el mumok.”
en CONTRA de LA ESTANDARIZACIÓN DEL ARTE
En su texto Accionismo vienés–Vanguardia radical: un desafío para la historia del arte, Oliver Jahraus explica que esta vanguardia artística se caracterizó por una radicalidad que consistió no tanto en las propias acciones, sino más bien en aquello que sus acciones enfocaban: la estandarización social del arte por parte de la sociedad, como un ejemplo de la estandarización general del ser humano por parte del Estado.
Un arte como éste se vuelve moderno, avanzado e incluso vanguardista, cuando no sólo cuestiona y renueva tradiciones y convenciones, sino cuando su potencial innovador y provocador también cuestiona siempre el concepto establecido —pero tradicional— de arte”, abunda en el texto mencionado.
Si bien el accionismo es contemporáneo a movimientos de vanguardia como el happening y el body art en Nueva York, el curador e investigador austriaco Robert Fleck explica que las acciones de los vieneses añadieron un carácter abiertamente blasfematorio, violento y ofensivo, simbolizado por la utilización, por lo demás muy consciente, de la sangre, los excrementos, los órganos sexuales, el peligro y la agresividad del público hacia los modelos o cuerpos humanos.
Se ha escrito, con justa razón, que la fuerte dimensión blasfémica, escatológica, sexual y de autotortura de los happenings vieneses de los años sesenta traduce la voluntad de exorcizar una mentalidad y una cultura y una política posfascista y posnazi en Austria, así como de hacer estallar el consenso represivo de la restauración política de la posguerra. El fenómeno accionista padeció de una infalible represión por parte de las autoridades”, indica Fleck en su texto El accionismo vienés.
Más allá de la represión permanente, Fleck también recuerda que, desde 1962, los accionistas lograron convertir su arte en el meollo del debate público austriaco.
Casi todas las acciones, entre 1962 y 1968, aparecieron en primera plana de los diarios, que se erigían en paladines de la buena moral contra los actos cuyo simbolismo (sangre, dolor, cuerpo) apuntaba directamente hacia un subconsciente de una mentalidad católica hondamente impregnada todavía de la época fascista”, rememora.
Como lo explica Fleck, las reacciones de la sociedad y de la justicia austriaca se hicieron escuchar durante la década de los sesenta, principalmente en el terreno jurídico. “Nitsch fue condenado en varias ocasiones por blasfemia contra la iglesia católica (a la cual el Estado austriaco se encuentra ligado por concordato) y, en 1967, el artista tuvo que abandonar su país como consecuencia de esa condena, convirtiéndose así en el primero de los accionistas vieneses en elegir un exilio temporal (en Múnich), antes de que Brus y Muehl se viesen obligados, a su vez, en 1968, a alejarse del país o a retirarse de la esfera pública.
El 7 de junio de 1968, recuerda Fleck, se llevó a cabo en la Universidad de Viena el happening Arte y revolución, el cual causó tal escándalo que desató una auténtica razia mediática y judicial contra los participantes.
Sin embargo, también es digno de señalarse que, a contracorriente de la reacción de la sociedad conservadora, el accionismo vienés no marcó ninguna ruptura con la tradición artística austriaca, a la que pertenecen obras como la de los célebres Gustav Klimt y Egon Schiele, “cuya influencia sobre el accionismo es reconocida y asumida, e inclusive reivindicada en ocasiones por algunos de los interesados. Sin mencionar que los cuatro recibieron una educación artística de corte académico”, destaca Blancsubé.
MENTIRA AUSTRIACA
“El accionismo es una propuesta radical, extrema, en contra de la mentira austriaca”, afirma el escritor austriaco Peter Turrini en la entrevista que concedió a Danièle Roussel (directora del archivo de Otto Muehl en París) sobre accionismo vienés en el contexto del fin de la Segunda Guerra Mundial.
“Resulta sorprendente que muchos austriacos hayan sido nazis, aunque los austriacos no son en absoluto alemanes. Los austriacos son checos, italianos y húngaros, pero Hitler les dio la posibilidad de convertir a esa raza mixta en un pastor alemán”, afirma.
Pero con la derrota de Hitler, recuerda Turrini, Alemania se convirtió en una colonia del capitalismo estadunidense y “Austria se convirtió en Hawai”. A partir de 1945, asegura, “Austria se convirtió en un Estado meramente turístico. Austria se vuelve, por decirlo de algún modo, el sitio turístico de Europa. A cambio de ello, el premio que obtuvimos fue la inocencia del fascismo. Es decir, sólo tuvimos que cambiar el casco de acero por el sombreo del traje típico”.
Esta mentira sobre la inocencia austriaca ante el genocidio nazi se propagó mundialmente a través del cine, explica, ya que tan sólo en tres años (de 1945 a 1948) se produjeron 50 películas que volvieron el arte austriaco en un “bonito paisaje vacacional”. La versión oficial que señalaba a Austria como la primera víctima del nazismo se mantuvo vigente hasta 1980, cuando se puso en tela de juicio esta mentira de Estado, a partir de la controvertida presidencia de Kurt Waldheim.
“Yo crecí en este contexto. En esta situación creció Otto Muehl, que según creo tenía 16 años al final de la guerra. En esa situación creció Brus. Todos nosotros crecimos en el campo. Es interesante, en el campo, de pronto, las personas que fueron todas nazis: el alcalde, el párroco, el maestro, de pronto eran demócratas. Demócratas e inocentes. De un día para otro. Es la imagen que se tiene en el extranjero. El mundo se creyó nuestra mentira. En ese mundo crecimos y esa reacción extrema, anárquica y radical (del accionismo) sólo se entiende si comprendemos que este país se transformó en una casita de azúcar. Y como nosotros odiamos ese cuento, porque sabíamos que era falso, nos pusimos a orinar y a cagar y a golpear, destrozar, etcétera”.
En ningún otro país del mundo se podría haber concebido el accionismo, sentencia Turrini, “por la mentira, la mentira sobre la propia identidad”.
El propio Turrini indica que, si se estudian las primeras acciones de los vieneses, ahí nunca se habló de política, sino de una ira tremenda, de un coraje enorme, de una enorme agresión. Ya sea de autoagresión, como cuando Brus se corta, o de agresión hacia el exterior, como cuando se pone a verter sangre por todos lados. Esa fue la respuesta de la juventud a esa mentira austriaca, esa mentira posterior a 1945.
“Tiene que imaginarse un país en el que acababa de suceder un asesinato en masa, donde había campos de concentración en todas partes, por ejemplo, Mauthausen. Y dos semanas más tarde hay turismo en Mauthausen”.
DESTRUCCIÓN, punto de quiebre
El Simposio sobre la Destrucción en el Arte (DIAS por sus siglas en inglés) organizado en Londres, entre el 9 y el 16 de septiembre de 1966, a iniciativa del artista y activista alemán Gustav Metzger, fue el punto de quiebre para la proyección internacional del accionismo vienés, ya que antes de su participación en dicho encuentro su trabajo había permanecido relativamente aislado dentro del contexto austriaco.
La investigadora estadunidense Kristine Stiles señala que el DIAS fue la fiesta de presentación del accionismo vienés. “Condujo a la adaptación inmediata de algunos aspectos de su estética por parte de otros artistas, y dio forma a su desarrollo futuro, liberándolos de cualquier atadura que aún existiera”.
Stiles indica que en el DIAS fue la primera vez que Hermann Nitsch incluyó sonido en su obra y poco después añadió sangre real. Si bien Günter Brus había creado obras corporales de una intensidad particular antes de DIAS, enfrentarse a KROW de Robin Page, a los conciertos de música acción de Juan Hidalgo sirvieron para reforzar su deseo de ahondar más en él mismo, que culminó con su última acción, Prueba de resistencia (1970), que buscaba un esfuerzo incondicional para “elaborar un extracto del alma”. DIAS confirmó el enfoque social radical de Otto Muehl.
Los artistas del DIAS concuerdan, de manera casi unánime, en que los austriacos llevaron al arte, en aquel entonces y quizá incluso hoy en día, hasta sus límites más lejanos, mediante la destrucción del concepto mismo del arte”, afirma Stiles.
¿DÓNDE y cuándo?
El libro Accionismo vienés. La revuelta de los ángeles salidos del limbo, bajo la coordinación editorial de Michel Blancsubé y Lorena Moreno, será presentado el próximo miércoles, a las 20:30 horas, en el espacio Soma (Calle 13, número 25, colonia San Pedro de los Pinos, Ciudad de México).
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