Arranca la FIL de Guadalajara entre realidad y ficción

El encuentro editorial inició ayer con la entrega del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances al escritor francés Emmanuel Carrère, quien elogió la obra de Juan Rulfo y de Truman Capote 

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GUADALAJARA.

Hay muchas formas de golpearse, admite el escritor francés Emmanuel Carrère. Él escogió la de la autobiografía o auto-ficción; es decir, no sólo hablar de otros, sino de él mismo. Como “autobiógrafo” confiesa sin rodeos que no le molesta hablar de sí mismo, “porque soy yo quien decide qué revelar y qué callar”.

Tras recibir ayer el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, durante la ceremonia de apertura de la 31 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el también periodista y cineasta afirmó tajante: “soy yo quien decide en qué punto colocar la línea divisoria entre el autoelogio y la autodenigración, que son desde siempre los dos polos entre los que oscila la autobiografía. Soy yo, sin más, quien tiene el poder”.

El autor de El adversario, Una novela rusa y Limónov, en cuya obra se unen el lenguaje literario y el periodístico, aceptó que ignora dónde comienza, dónde termina y dónde se sitúa la frontera con la ficción; pero lo que sí sabe, dijo, es la diferente responsabilidad moral que implica trabajar con personajes reales y con creaturas inventadas.

Un escritor que habla de sí mismo detiene la experiencia cuando quiere y, aunque sea muy sincero, muy audaz, muy exhibicionista, en el fondo no se arriesga demasiado. Pero cuando involucra a personas reales, se arriesga a lastimarlas, y mucho, y no siempre les deja la posibilidad de parar el suplicio.

Sé de qué hablo: he escrito al menos un libro del que me reprocho haber ido demasiado lejos, del que me reprocho por haber lastimado en él a dos personas que eran muy cercanas”, agregó.

El autor de El reino y De vidas ajenas añadió, en su discurso de recepción del galardón dotado con 150 mil dólares, que un autor de ficción es el amo absoluto. “La realidad del libro es su realidad interior. Mientras que un autor de no-ficción arriesga a someterse a lo que la realidad exterior implica en términos de imprevisibilidad y de potencialidad peligrosa”.

Indicó que ha escrito cinco libros corriendo ese riesgo. “He tenido suerte hasta ahora: nadie me ha demandado, nadie ha querido golpearme –o en todo caso nadie lo ha hecho– pero sé lo que se siente cuando uno se expone a la respuesta de la realidad”.

Ante más de 700 personas, entre editores, escritores, bibliotecarios, artistas, promotores culturales, libreros, profesionales del libro y funcionarios públicos, Carrère destacó que sentía gratitud y orgullo por haber sigo elegido como el ganador de esta presea.

Pero debo confesar que estoy un poco triste, porque este magnífico premio ya no lleva el nombre de Juan Rulfo. Porque Pedro Páramo y El llano en llamas, que descubrí cuando tenía unos 20 años, han sido de las experiencias más fuertes en mi vida de lector. Libros mágicos, libros intensos, libros misteriosos como la carrera de su autor, aunque la palabra ‘carrera’ no va bien con Rulfo”, señaló.

No debe haber sido fácil vivir un destino así. Todo escritor tiene miedo de eso: la sequía, las décadas de silencio, la inevitable amargura. Además, cualquier escritor no puede menos que sentir fascinación y a la vez envidia del contraste entre la brevedad de la obra, dos libros bastante exiguos, y su poder de irradiación.

Porque eso es lo que cuenta, creo: no la abundancia de una obra, no su ambición, ni siquiera su perfección, si es que esto existe, sino esa cosa misteriosa e imposible de explicar que es el poder de irradiación”, apuntó.

El narrador galo que cumplirá 60 años el próximo 9 de diciembre no sólo elogió la obra de Rulfo, sino también la del estadunidense Truman Capote y la del inglés Charles Dickens, que han marcado la suya.

El escritor mexicano Jorge Volpi, quien lo presentó de una manera muy literaria, concluyó que “la habilidad de Carrère para crear ficciones desasosegantes y ambiguas y su no menos desorbitado talento para entretejer su vida con otras vidas grandes y pequeñas y para observarla con la empatía de quien las vuelve suyas, lo convierten en una de las voces literarias más arriesgadas e influyentes de nuestro tiempo”.

El exhorto

Como en pocas ocasiones, Raúl Padilla, presidente de la FIL Guadalajara, encuentro que exhibirá hasta el 3 de diciembre la oferta de 2 mil editoriales de 47 países y presentará 620 novedades, denunció el fuerte recorte que la cultura sufrirá en 2018 y exhortó a las autoridades correspondientes a que “estas decisiones sean discutidas, revisadas y, ojalá, rectificadas”.

Detalló que en este sexenio el Presupuesto de Egresos de la Federación ha tenido un crecimiento del 10.3 por ciento en términos reales.

 “A pesar de ello, tenemos que lamentar que el gasto en cultura ha sufrido una disminución del 32.1 por ciento”.

Explicó que estas cifras contrastan incluso con los demás rubros del gasto social. “El gasto para el combate a la pobreza ha tenido un incremento del 17.7 por ciento, el de educación un aumento del 4.1 por ciento, lo cual celebramos. Si bien es cierto que el de salud ha tenido una disminución, ésta ha sido sólo del 4 por ciento en términos reales”.

Y aseguró que “sin dejar de reconocer que en este sexenio ha habido importantes logros en materia de cultura, es triste constatar que al inicio de esta administración el gasto en cultura representaba el 0.53 por ciento del gasto total, y para 2018 sólo representará el 0.32 por ciento del PEF.

“Más lamentable aún es lo relativo a los recursos asignados a los programas de cultura en las entidades federativas: el recorte ha sido del 74.6 por ciento, pasando de 3 mil 907 millones de pesos en 2013 a sólo mil 200 millones para el 2018”, concluyó.

La secretaria de Cultura federal, María Cristina García, inauguró el encuentro editorial más importante del idioma español sin dar una respuesta ni aludir al planteamiento que hizo Padilla.

El periodismo, una forma de literatura con peligros: Carrère

Estoy muy apegado al periodismo como práctica literaria, no sólo como información. Me fascinan el reportaje y el relato. No sé cómo hacer periodismo de opinión. En cambio, me gusta ir a donde ocurrieron los sucesos, platicar con testigos, e intento relatarlo. Me siento muy bien con la narración”, afirmó Emmanuel Carrère.

En rueda de prensa posterior a la inauguración de la 31 FIL de Guadalajara, atento, bromista e informal, el autor de las novelas Bravura, El bigote y Una semana en la nieve, que escribió en los inicios de su carrera pero que se han recuperado recientemente, reflexionó sobre su proceso creativo y otros temas que le preocupan.

Me han informado que México es uno de los países donde es peligroso ser periodista. ¿Qué puedo decir? Puedo expresar mi solidaridad y mi admiración con todos los periodistas que siguen ejerciendo este oficio tan difícil y peligroso aquí. Diría que el periodismo es una forma de literatura que presenta estos peligros”, detalló.

Sobre el recurso muy utilizado de escribir en primera persona, añadió que, “a partir del momento en que escribimos libros que no son ficción me parece normal usar la primera persona, no por exhibicionismo o narcisismo, sino por humildad, que consiste en decir ‘lo que estoy narrando es lo que he oído, entendido, visto o sentido. Sólo yo lo he sentido, no es una verdad revelada. Esto me parece un principio de escritura y testimonio”.

El narrador confesó que no tiene aún ninguna obra prevista. “No estoy de ocioso. Escribo reportajes, guiones. Escribir un reportaje es hacer un trabajo literario, no es algo diferente. Estamos siempre buscando una historia, un tema para un libro. Un tema es una pregunta muy concreta”.

Quien acaba de lanzar su libro Conviene tener un sitio adonde ir (Anagrama) ratificó las diferentes responsabilidades que se tienen frente a la sociedad cuando se escribe ficción o no ficción. “Es una cuestión moral, pero creativa. La línea moral de la que hablo es muy sencilla, consiste en no perjudicar a nadie. Hay casos en que podemos escribir cosas muy hostiles, muy rudas. Cuando escribo acerca de personas reales no es la misma línea moral frente a un personaje ficticio”.

Virginia Bautista