Ovacionan a hijas de Cuevas durante homenaje en Bellas Artes

El máximo recinto cultural del país recibió las cenizas del 'niño terrible de la pintura mexicana' para rendirle un homenaje póstumo entre familiares y celebridades

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CIUDAD DE MÉXICO

Familiares, autoridades, representantes del gremio cultural y artistico, así como amigos y público en general, rindieron hoy un homenaje al pintor, grabador y escultor José Luis Cuevas, fallecido la víspera, en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes.

Entre coronas y arreglos florales predominantemente blancos y fotografías del maestro, la urna con los restos del maestro fue colocada en el centro del espacio, en torno a la cual se montaron guardias de honor, se pronunciaron discursos y muestras de solidaridad y ovaciones dieron el último adiós al "niño terrible de la pintura mexicana".

Al sitio se dieron cita familiares, amigos, colegas, funcionarios e integrantes de la comunidad cultural del país, para despedir entre piezas de Mozart, Jules Massenet y Tomaso Albinoni al representante más destacado del movimiento de “La Ruptura”.

Momento especial se vivió cuando, en la segunda guardia de honor, en la sala se escucharon aplausos y muestras de solidaridad hacia María José, Ximena y Mariana, hijas del maestro, arropadas con gritos de “Vivan las Cuevas”, “No están solas” y “Bertha, Bertha”.

La primera guardia de honor estuvo a cargo de la secretaria de Cultura federal, María Cristina García Cepeda; la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes, Lidia Camacho; el secretario de Cultura de la Ciudad de México, Eduardo Vázquez Martín; y la viuda del pintor, Beatriz del Carmen.

Durante la ceremonia luctuosa, García Cepeda tomó la palabra y recordó que "estamos aquí para decirle hasta siempre a José Luis Cuevas", y enseguida lo calificó como un artista que pertenece a una generación de autores que, al trazar sus líneas e imágenes, retratos, expresaron el alma del ser humano.

La funcionaria dijo que fueron suficientes sus trazos para hacer la línea del tiempo, la crónica del hombre, y lo recordó como un creador precoz que invitó a visitar sus sueños, a conocer sus temores, así como una idea del mundo que fue perfeccionando con el paso de los años.

Señaló que Cuevas aprendió de Orozco y de Dostoievski; de Sade, Kafka, Paz y Posada, y lo recordó como el primer artista contemporáneo de México, leyendo con pasión y escribiendo como reportero de sí mismo.

José Luis Cuevas es sinónimo de libertad creativa, de búsqueda, de vanguardia y, desde siempre, referencia de acontecimiento, de ingenio y de hallazgo”, dijo la funcionaria, quien despedió a Cuevas de manera cálida.

Te decimos gracias porque tu nombre estará asociado para siempre al arte, a la transformación, a la memoria y la juventud permanente, a la ruptura y a la búsqueda, a la eternidad; en México, agradecemos tu vida y tu talento”, expresó.

En su oportunidad, el arquitecto, escultor y escritor Fernando González Cortázar señaló que la presencia de las cenizas de Cuevas en el Palacio de Bellas Artes significa la continuidad de una cultura, al tiempo que refirió que Cuevas se declaró deudor de José Clemente Orozco.

Señaló que tanto Orozco como Cuevas fueron la misma potencia, ingenio, actitud crítica implacable y rebeldía perpetua, y agregó que lo que el primero lograba con largos brochazos sobre los muros, el segundo lo hacía con sus trazos en el papel o en la plancha.

Ambos son como un machetazo que parte en dos su soporte y nos cala hasta lo más hondo”, dijo al tiempo que calificó la obra del autor de "La Giganta" como uno de los puntos culminantes del arte mexicano de todos los tiempos, quien destruyó para siempre el absurdo de creer que un dibujo o grabado son intrínsecamente inferiores a un cuadro o a un mural.

En el acto, el político Porfirio Muñoz Ledo mencionó que Cuevas fue el enemigo de los mitos, el mentor de meras realidades, "un símbolo de mi generación", y refirió que el artista hizo fundamental lo que es realidad en todas las culturas: la capacidad de renovación.

Fue a la pintura y las artes plásticas lo que Charles Pierre Baudelaire pudo ser en su tiempo; parecería paradójico desde el punto de vista de las posiciones políticas, pero Cuevas fue un precursor del 68”, consideró.

Por último, el escritor Homero Aridjis lamentó la muerte de quien consideró un amigo entrañable y que "he seguido varias etapas de su vida". “Cuevas era un misterio para la historia del arte mexicano y para los críticos", y expresó: "yo vine aquí a encontrarme con el cuerpo presente, y quiero saber por qué lo cremaron tan rápido"

Explicó que “José Luis fue muchos hombres, no solo el artista que conocemos, que desarrolló una gran obra, sino también un hombre con sentido del humor, conocedor del extraordinario cine mexicano, uno del grupo de los 100; era un amigo muy generoso que me tocó conocerlo en los años 60”.

Tras recordar viejas andanzas y breves anécdotas, Aridjis se despidió de su amigo, en medio e aplausos.

Tras la ceremonia, se repitieron las muestras de apoyo y solidaridad hacia las hijas de Cuevas de parte de amigos, invitados especiales y otros asistentes al homenaje al artista que duró poco más de una hora y 20 minutos.