'No les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar'

A Oliverio Girondo se le ha calificado como un poeta rebelde, adelantado a su tiempo, con la posibilidad de explorar en el lenguaje y el atrevimiento de sus textos; medio siglo sin Girondo 

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¿Cuéntanos, qué te parece Girondo?, ¿estremecedor, provocativo, adelantado a su tiempo?, ¿fascinante?, ¿desgarrador?

CIUDAD DE MÉXICO.

El poeta argentino Oliverio Girondo murió hace 50 años, el 24 de enero de 1967, en Buenos Aires, Argentina, a los 76 años de edad; no se recuperó del accidente que seis años antes le dejó en muy malas condiciones.

Nació en Buenos Aires el 17 de agosto de 1891, bajo las condiciones acomodadas de una familia económicamente solvente. 

De pequeño viajó a Europa, donde estudió en Inglaterra y Francia, más precisamente el Epsom de Londres y en la Escuela Albert le Grand de Arcueil, cerca de París.

Sus primeros pasos por la poesía lo relacionaron con el nacimiento del vanguardismo en su país; colaboró con publicaciones literarias de gran importancia y por las que pasaron autores de renombre.

A su regreso, participó en revistas que estaban en contacto con las primeras vanguardias artísticas del país como Proa, Prisma y Martín Fierro, en las que también escribieron Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón, Macedonio Fernández y Leopoldo Marechal; la mayoría de ellos del Grupo de Florida, del cual Girondo fue uno de sus principales impulsores.

La publicación del primer poemario de Girondo es, definitivamente, uno de los hitos que marcan el nacimiento de la vanguardia literaria en Latinoamérica. Los Veinte poemas se gestan entre Europa y América en 1920 y 1921; el libro se edita en 1922. 

Sus textos, llenos de color e ironía, superan el simple apunte pintoresco y constituyen una exaltación del cosmopolitismo y de la nueva vida urbana e intentan una crítica de costumbres. 

Además de su producción poética, incursionó en la traducción con una obra de Rimbaud, aprovechando el privilegio de haber aprendido lenguas extranjeras en su infancia.

En 1926, en un almuerzo organizado en honor a Ricardo Güiraldes, conoció a Norah Lange, poetisa con la cual se casó en 1943 y con quien emprendería innumerables viajes. Fue amigo de Pablo Neruda y Federico García Lorca. 

En 1961 sufrió un accidente muy grave que lo dejó imposibilitado físicamente.

Girondo no publicó muchos poemarios, pero su obra ciertamente ha llamado la atención de la crítica; algunos de sus libros son "Veinte poemas para leer en el tranvía", "Persuasión de los días" y "En la masmédula".

Murió el 24 de enero de 1967. 

Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades”, decía sobre sí Girondo.

Entre las anécdotas que se le recuerdan, Girondo contrató un coche tirado por seis caballos, un cochero y un lacayo vestidos para llevar un gran monigote representando un espantapájaros con el propósito de promocionar su libro: El Espantapájaros.

Considerado un poeta excéntrico, una de sus manías era deambular por la ciudad como un alma en pena o goce repitiendo por las calles los versos:

A veces rotundo, a veces muy hondo, se va por el mundo girando, Girondo.”

De entre su producción hay textos imperdibles. El siguiente fue aprovechado por el director Eliseo Subiela, como eje para su película El lado oscuro del corazón, que se estrenó el 21 de mayo de 1992.

NO SE, ME IMPORTA UN PITO...

No se me importa un pito que las mujeres 

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; 

un cutis de durazno o de papel de lija. 

Le doy una importancia igual a cero, 

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco 

o con un aliento insecticida. 

Soy perfectamente capaz de soportarles 

una nariz que sacaría el primer premio 

en una exposición de zanahorias; 

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, 

bajo ningún pretexto, que no sepan volar. 

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme! 

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase, 

tan locamente, de María Luisa. 

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? 

¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo 

y sus miradas de pronóstico reservado? 

¡María Luisa era una verdadera pluma! 

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, 

volaba del comedor a la despensa. 

Volando me preparaba el baño, la camisa. 

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres... 

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, 

de algún paseo por los alrededores! 

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, 

ya me abrazaba con sus piernas de pluma, 

para llevarme, volando, a cualquier parte. 

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia 

que nos aproximaba al paraíso; 

durante horas enteras nos anidábamos en una nube, 

como dos ángeles, y de repente, 

en tirabuzón, en hoja muerta, 

el aterrizaje forzoso de un espasmo. 

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., 

aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! 

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... 

la de pasarse las noches de un solo vuelo! 

Después de conocer una mujer etérea, 

¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? 

¿Verdad que no hay diferencia sustancial 

entre vivir con una vaca o con una mujer 

que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo? 

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender 

la seducción de una mujer pedestre, 

y por más empeño que ponga en concebirlo, 

no me es posible ni tan siquiera imaginar 

que pueda hacerse el amor más que volando.

MALDICIÓN

Que los ruidos te perforen los dientes, como una lima de dentista, y la memoria se te llene de herrumbre, de olores descompuestos y de palabras rotas.

Que te crezca, en cada uno de los poros, una pata de araña; que sólo puedas alimentarte de barajas usadas y que el sueño te reduzca, como una aplanadora, al espesor de tu retrato.

Que al salir a la calle, hasta los faroles te corran a patadas; que un fanatismo irresistible te obligue a posternarte ante los tachos de basura y que todos los habitantes de la ciudad te confundan con un meadero.

Que cuando quieras decir: "Mi amor", digas: "Pescado frito"; que tus manos intenten estrangularte a cada rato, y que en vez de tirar el cigarrillo, seas tú el que te arrojes en las salivaderas.

Que tu mujer te engañe hasta con los buzones; que al acostarse junto a ti, se metamorfosee en sanguijuela, y que después de parir un cuervo, alumbre una llave inglesa.

Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto, para que los espejos, al mirarte, se suiciden de repugnancia; que tu único entretenimiento consista en instalarte en la sala de espera de los dentistas, disfrazado de cocodrilo, y que te enamores, tan locamente, de una caja de hierro, que no puedas dejar, ni un solo instante, de lamerle la cerradura.

LLORAR A LÁGRIMA VIVA...

Llorar a lágrima viva. 

Llorar a chorros. 

Llorar la digestión. 

Llorar el sueño. 

Llorar ante las puertas y los puertos. 

Llorar de amabilidad y de amarillo. 

Abrir las canillas, 

las compuertas del llanto. 

Empaparnos el alma, la camiseta. 

Inundar las veredas y los paseos, 

y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. 

Asistir a los cursos de antropología, llorando. 

Festejar los cumpleaños familiares, llorando. 

Atravesar el África, llorando. 

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... 

si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos 

no dejan nunca de llorar. 

Llorarlo todo, pero llorarlo bien. 

Llorarlo con la nariz, con las rodillas. 

Llorarlo por el ombligo, por la boca. 

Llorar de amor, de hastío, de alegría. 

Llorar de frac, de flato, de flacura. 

Llorar improvisando, de memoria. 

¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

POEMA 12

Se miran, se presienten, se desean, 

se acarician, se besan, se desnudan, 

se respiran, se acuestan, se olfatean, 

se penetran, se chupan, se demudan, 

se adormecen, se despiertan, se iluminan, 

se codician, se palpan, se fascinan, 

se mastican, se gustan, se babean, 

se confunden, se acoplan, se disgregan, 

se aletargan, fallecen, se reintegran, 

se distienden, se enarcan, se menean, 

se retuercen, se estiran, se caldean, 

se estrangulan, se aprietan se estremecen, 

se tantean, se juntan, desfallecen, 

se repelen, se enervan, se apetecen, 

se acometen, se enlazan, se entrechocan, 

se agazapan, se apresan, se dislocan, 

se perforan, se incrustan, se acribillan, 

se remachan, se injertan, se atornillan, 

se desmayan, reviven, resplandecen, 

se contemplan, se inflaman, se enloquecen, 

se derriten, se sueldan, se calcinan, 

se desgarran, se muerden, se asesinan, 

resucitan, se buscan, se refriegan, 

se rehuyen, se evaden, y se entregan.

¿Cuéntanos, qué te parece Girondo?, ¿estremecedor, provocativo, adelantado a su tiempo?, ¿fascinante?, ¿desgarrador?

Qué te provoca.