Bufadero; crea Quijote saturado

Presentan la ópera de Luis Ayhllón y Hebert Vázquez, que se aleja de los clichés de la crítica y la reflexión contemporánea de pensamiento

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CIUDAD DE MÉXICO.

Un oficinista saturado de la rutina. Una máquina copiadora descompuesta. Una imaginación desatada. Un mundo contemporáneo onírico: Son los responsables de que la válvula de presión del empleado X explote. De que la cotidianidad del hombre trabajador, responsable y  aspiracional se colapse. Y entre a un bufadero; una fuga de la realidad absorbente.

En ese viaje iniciático a un mundo onírico tiene presencia un maniquí de Hugo Boss, una actriz porno, la mafia e incluso Dios. Pero lo que interesa es el viaje mismo. Se trata del relato de la ópera Bufadero, con libreto original de Luis Ayhllón, composición de Hebert Vázquez y dirección de escena de Alberto Villarreal. Es una obra alejada de los clichés de la crítica y la reflexión contenida en propuestas contemporáneas para usar el humor y la ironía como herramientas de pensamiento.

Luego de estrenarse en el XLIV Festival Internacional Cervantino, la ópera tendrá una única función mañana en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, del Centro Cultural Universitario, con la soprano Rosario Aguilar, el barítono Carlos López, el bajo barítono Rodrigo Urrutia y el tenor Óscar Santana. El cuartero emprende una odisea guiada por una mezcla de música ecléctica desde el jazz, la microtonalidad, el ragtime, la exploración tímbrica y las reminiscencias de la obra de Wagner.

Sobre el escenario se deja ver los cambios de vestuarios, el acomodo de la utilería y los ajustes escénicos. Secretos a la luz que hacen del teatro una máquina de imaginación, refirió Alberto Villarreal, director escénico. No se trata de un ópera crítica en el sentido estricto, dijo en entrevista; sino de un montaje que se burla de la realidad, del presente que exige al ser humano una perfección errónea. Es el espectador responsable de su propio análisis.

Contrario a la utopía del Quijote, Bufadero representa un viaje iniciático justo desde un desgaste de las ideas éticas y morales. Ideas de que debemos ser de una manera totalmente distinta a la utopía cervantina. Esta historia es un reflejo. Luis Ayhllón es un autor prodigioso en el sentido del humor, no funciona desde el aparato crítico sino lo aborda desde el humor, la parodia, lo cínico, propio de la humanidad contemporánea”, explicó Villarreal.

El oficinista X podría ser un símil de Don Quijote. Un hombre que viaja en su propia imaginación. Quien construye un mundo paralelo. Pero el protagonista del Bufadero no busca una utopía; sino poner sobre la mesa ese desgaste de identidad contemporánea, el deber ser: “Comprobar la hombría, ser un empresario exitoso, ser alguien que tiene que crecer en sociedad”. Sus aventuras podrían leerse como las narradas por Miguel de Cervantes, pero también como un vistazo a nuestro presente.

La ópera está construida en 12  cuadros. Entre músicos en vivo y cantantes que se cruzan con los vestuarios, el viaje onírico va desde unas lecciones que el oficinista recibe de un maniquí de Hugo Boss para convertirse en humano, su enamoramiento de una actriz porno hasta enfrentarse a una banda de traficantes de drogas. Su mayor encuentro, o desencuentro, es una charla con Dios.

Villarreal destaca el trayecto musical bajo la dirección de Christian Gohmer. Un ambiente sonoro entre jazz y ragtime que construyen la fantasía de estar donde no. “Los músicos están en escena, el dispositivo de vestuario y los cambios se hacen a vista y en el centro es un espacio de ficción. Es una forma operística de mostrar la construcción y priorizar la representación para dejar más opciones de lectura al espectador”, dijo quien ha dirigido más de 40 espectáculos.