Revista Plural, a 45 años; legado de fuego

Hoy en el MAM se llevará a cabo una mesa para recordar la herencia cultural de la publicación señera

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CIUDAD DE MÉXICO.

Un “telescopio para mirar a lo lejos en el espacio, el tiempo y el horizonte de lo posible”, “una apuesta por atisbar en los pliegues ocultos de una época, enamorada de las transformaciones y las novedades” y “un diálogo que no ha terminado”.

Esto representó la revista Plural, afirma el editor y crítico literario Adolfo Castañón (1952), que Excélsior publicó entre octubre de 1971 y julio de 1976 dirigida por el poeta Octavio Paz (1914-1998), único Nobel de Literatura mexicano.

No es fácil ponerle fronteras al fuego. La herencia de Plural se dispersa en las diversas trayectorias de que está tejido nuestro tiempo: sus ascuas siguen ardiendo entre las brasas”, agrega Castañón sobre el legado de esta iniciativa inédita. El también poeta y ensayista, quien moderará hoy a mediodía una mesa de análisis que conmemora el 45 aniversario de la publicación en el Museo de Arte Moderno, destaca que ésta significó “una renovación editorial, literaria, crítica, artística y política”.

Precisa que “parecía una revista de minorías, pero fue concebida desde su inicio para llegar al gran público que, en ese entonces —luego de 1968—, había venido creciendo y desarrollándose como un público inteligente y exigente, responsable y alerta”.

Con el subtítulo Revista mensual de Crítica y Literatura, Octavio Paz dirigió los primeros 58 números y en 43 de ellos escribió ensayos, cartas, poemas, comentarios y reseñas.

No fue la primera revista en la que participó el autor de El laberinto de la soledad, quien desde su juventud se interesó en estas publicaciones: en 1938 cofundó la literaria Taller, en la que escribió hasta 1941; y, después, en 1954, apoyó la creación de la Revista Mexicana de Literatura.

Pero Plural fue sin duda su primer proyecto de madurez, en la que demostró su gran capacidad de convocar a grandes plumas del mundo y de propiciar el debate.

Una de las sabidurías contenidas en Plural es la sabia combinación de lo antiguo y lo nuevo, de lo remoto y lo inmediato. Esa dialéctica se abrió como un diálogo que no ha terminado. Con Plural no se sabe dónde empieza la herencia y dónde termina la influencia…”, indica Castañón.

Todas las órbitas

La obra de un Nobel. Octavio Paz le imprimió a la revista Plural de Excélsior, en los 58 números que dirigió entre octubre de 1971 y julio de 1976, una línea editorial “parabólica, espiral y plural, capaz de abarcar diversas órbitas, entre otras, la hispanoamericana, la latinoamericana, la europea y la asiática”, dice Adolfo Castañón.

Paz es un ejemplo de lo que podríamos llamar consciencia planetaria de la cultura. Por eso, no extraña que a Plural le hallan interesado al mismo tiempo las antiguas culturas mexicanas y las conflagraciones actuales en Centroamérica”, asegura.

En el número 1, detalla el académico de la lengua que trabajó en la revista en 1975 y 1976, “que tenía 40 páginas y costaba cinco pesos —precio por demás accesible—”, el lector podía encontrar contenidos diversos y sorprendentes.

Estaban engrapados en los mismos pliegos, recuerda, Claude Levi-Strauss razonando sobre “El tiempo del mito”, en traducción de Tomás Segovia; poemas del argentino Roberto Juarroz; y ensayos y crónicas de Ramón Xirau, Luis Cardoza y Aragón,

Gastón García Cantú y Elena Poniatowska sobre José Lezama Lima, Gunther Gerzso, la Iglesia mexicana y el festival de rock de Avándaro.

Así como contribuciones de Henri Michaux sobre los ideogramas chinos, de Harold Rosenberg sobre el arte actual y su estética materialista, en versión de Héctor Manjarrez del Libro del ocio, del japonés Kenko, trasladado por Kazuya Sakai, y “una animada mesa redonda sobre la existencia o inexistencia de la literatura latinoamericana, animada por Paz, Carlos Fuentes, Juan García Ponce y Marco Antonio Montes de Oca”, prosigue.

Europa y Asia, Estados Unidos y América Latina, algunas de las diversas posibilidades críticas y culturales de aquellos años podían llegar a manos del gran público gracias a la generosa iniciativa de Excélsior. La línea era polifónica y pluriversal, polimorfa, pero armónica”, advierte.

Castañón evoca al Paz editor de Plural como “exigente, riguroso, tiránico, generoso, dotado de un gran olfato para advertir temas tanto como conflictos latentes. Octavio era un editor inspirado. Su inspiración provenía del entusiasmo y éste de su capacidad de adentrarse en el otro”.

¿DÓNDE Y CUÁNDO? La mesa A 45 años de Plural se llevará a  cabo hoy, a las 12:30 horas, en el marco de la exposición Kazuka Sakai en México: 1965-1977

Museo de Arte Moderno (Paseo de la Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec). Participan Elena Poniatowska, José de la Colina, Manuel Felguérez e Ignacio Solares

Considera que esta revista representó para él no algo ajeno a su obra, sino parte medular de ella. “De la misma manera que las conversaciones con Eckerman forman parte de la obra de Goethe, podría decirse que Plural forma parte de la nube y de la estela que hay que tener presente a la hora de valorar la obra poética y crítica de Paz”.

Destaca que el Nobel supo rodearse de “una constelación explícita de consejeros, amigos y compañeros de viaje”: Julieta Campos, José de la Colina, Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Ulalume González de León, Kazuya Sakai, Alejandro Rossi, Gabriel Zaid.

Y de otra paralela e implícita y más amplia compuesta por nombres de los que sólo doy algunos: Jorge Luis Borges, Miguel León-Portilla, Carlos Fuentes, John Womack, Homero Aridjis, José Emilio Pacheco, Jaime García Terrés, José Luis Martínez, Jean Meyer, Damián Bayón, Norman O. Brown, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez”, apunta.

El nombre de Paz era legión y abarcó incluso los de los más jóvenes, como Ignacio Solares, Esther Seligson, Guillermo Sucre, José Miguel Oviedo, Danubio Torres Fierro y, al final, un joven Castañón que recién regresaba de un largo viaje de un año por Europa y Medio Oriente.

Llegué un poco por casualidad sin saber muy bien cuál era la raza del lobo que me abría la boca. Trabajé como traductor, corrector, revisor, mensajero, consejero. Nunca renuncié a ningún aprendizaje. Volviendo la mirada hacia atrás, siento que todavía sigo aprendiendo de aquellos meses de 1975 y 76, en que me asomé a esa nave que parecía inventar el mar”.

El escritor y editor Alberto Ruy Sánchez concluye por su parte que Plural “saneó mucho al país. Cayeron en ese momento muchas telarañas, máscaras y dobleces, tanto en las páginas del periódico Excélsior como en la propia revista. Fue un momento muy importante para América Latina, Plural se ocupó mucho del continente”.

La revista siguió publicándose lo que resta de 1976 hecha por otro equipo.

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