Bellas Artes; revelan color arqueológico
Vista de la exposición El color de los Dioses. Policromía en la Antigüedad Clásica y Mesoamérica, que se inauguró anoche en el Museo del Palacio de Bellas Artes

CIUDAD DE MÉXICO.
Cuando los arqueólogos encontraron a la diosa Artemisa, la identificaron como miembro de una familia aristocrática. Símbolo de la delicadeza por la brillantez de su mármol. Pero erraron. Su tonalidad blanca, asociada a la pureza, es el fondo de colores intensos como el naranja y el ocre. Pigmentos pintados sobre la vestimenta de la escultura. Matices que los artistas griegos entendieron como símbolo de belleza y poder. Y si hoy la escultura de la Grecia antigua se mira traslucida es por el paso del tiempo. De origen era policromática.
Desde hace más de tres décadas un grupo de investigadores alemanes, coordinados por el arqueólogo Vinzenz Brinkmann, analizan los pigmentos reales de las esculturas griegas. Con tecnología de rayos ultravioleta, rayos X y reconstrucción en 3D, los científicos determinan la composición original de las tonalidades. Estos estudios se replican en México desde la década de los 90 en monolitos prehispánicos como la Tlaltecuhtli, hallada en 2006. Exámenes que permiten apreciar la composición única de las piezas.
Por primera vez, una selección de esculturas griegas y mesoamericanas sometidas a estos estudios se exhiben juntas en la Ciudad de México. Son 118 piezas que integran la exposición El color de los Dioses. Policromía en la Antigüedad clásica y Mesoamérica que se inauguró ayer en el Museo del Palacio de Bellas Artes. En el marco del año dual México-Alemania, la exposición establece diálogos entre uso y significado del color en culturas prehispánicas y griegas. Dispone que en ambas, la tonalidad de sus dioses no fue blanca ni negra, sino en una extensa paleta de color. Y así la cosmovisión del pasado se modifica.
Con el avance de la tecnología del siglo XIX, los arqueólogos plantearon la premisa de que las piezas blancas de las ciudades griegas no correspondían a su simbología. Pero fue hasta mediados del XX cuando se confirmó que el arte antiguo era policromático. “La investigación no sólo nos permite conocer el patrón sino conocer la identidad del pigmento, y también la tecnología del color. Las técnicas de pintura de los griegos con la perspectiva y con el claroscuro y el contraste también fueron transferidas a la escultura, y la tecnología nos permite mostrar estas técnicas de ilusionismo artístico”, comentó Vinzenz Brinkmann.
Tecnología que la UNAM y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han aplicado a piezas prehispánicas en procesos de restauración e investigación. Es el caso de la escultura de la Tlaltecuhtli. Sometida a estudios ultravioleta e impresión en 3D, se descubrió que la diosa mexica se cubría de azul, ocre, negro y blanco. Su tonalidad gris es el desgaste del tiempo. Una reconstrucción de la diosa mexica a escala 1.12 se exhibe en el Palacio de Bellas Artes; se mira con sus colores originales.
“La reconstrucción es un proceso dialectico para aumentar el conocimiento. Hace años empezamos con copias de yeso directas en mármol, luego copias en mármol sintético y ahora materiales modernos como el método de escaneo en tercera dimensión que nos permite hacer copias de estas piezas y encontrar la identidad real de las esculturas”, añadió Brinkmann. De estos análisis se ha deducido que los escultores griegos aprendieron de los egipcios, y la policromía de las culturas de Egipto se asemejan a la de Delfos, sitio arqueológico.
Compuesta por cuatro núcleos, la exposición rompe también con los cánones de la belleza masculina y femenina. Lo mismo que con conceptos como la racionalidad de los dioses asociada al blanco. Brinkmann señaló que restituir el color de las piezas en réplicas es experimentar el arte antiguo sin malinterpretaciones.
De este ejercicio se exhibe la estatua de la musa Talía, de finales del siglo II, que se compara con una pieza reconstruida en el laboratorio de la colección alemana Liebieghaus Sculpture Collection. Al enfrentar ambas esculturas se revela la simbología a partir de colores como el rosa. Si entendemos que el arte griego está cargado de ilusionismo y el color es parte de esa magia, la experiencia con las obras será genuina.
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