Crisis refleja el clasismo en el libro ‘Lo que guarda el río’

La escritora María de Alva muestra en su novela los contrastes dentro de las clases sociales de Monterrey

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La escritora regiomontana María de Alva. Foto: Cortesía Planeta

CIUDAD DE MÉXICO.

A través de tres personajes centrales, Memo, Elías e Isabel, la escritora regiomontana María de Alva muestra en su novela, Lo que guarda el río, la realidad de las clases sociales que se vive en Monterrey, así como el panorama de violencia generado por el narcotráfico, en especial en el caso de los jóvenes asesinados en 2010 a las puertas del Tecnológico de Monterrey, y la destrucción ocasionada por un fenómeno natural como lo fue el huracán Álex.

“El tema principal de la novela es el clasismo mexicano y lo terrible que es, porque ésta es una de las máximas tragedias del país. El tema me interesó porque tanto la violencia que se percibe en la novela o la catástrofe natural, que se ve a través de Álex, atraviesan todos los niveles sociales, es decir, todo mundo es afectado por esta realidad; también muestro que las clases sociales en México nunca tiene relación salvo cuando hay acontecimientos como Álex y esa vinculación dura sólo lo que dura la fatalidad. Yo sé que vivimos en una sociedad profundamente clasista donde hay poca relación y oportunidad de conocer al otro y donde no nos vinculamos en absoluto”, comentó.

Cada uno de los personajes principales cuenta, desde su perspectiva, el vaivén que suscita el atropello generado por el narco, así como las desigualdades e injusticias que les toca vivir. Tanto Memo, estudiante y perteneciente a la clase alta; Elías, albañil que sueña con irse de mojado, e Isabel, periodista y madre de familia, son la urdimbre que tejió la escritora para exhibir y aclarar el momento histórico que vivió Monterrey en 2010.

“Los personajes tienen transformaciones debido a que son llevados al límite por la situación externa que les cae encima. Cada uno tiene sus propias preocupaciones, que son propias de su clase social. Mis personajes no son buenos ni malos, ni villanos ni héroes, son gente común como cualquiera. Me interesaba que no fueran estas personas famosas, ni policías ni el ejército ni el narco, sino personas que viven la cotidianidad del país y se ven afectadas por esta realidad.

“Era muy importante que sonaran auténticos, que evidenciaran lo que sufre cualquiera de nosotros, es decir, poder identificarnos, como lectores, con ellos. Por otro lado, el narrador omnisciente que está por encima, es la ciudad que le está presentando al lector el libro, ese narrador es el que observa dichos alteraciones”, aseguró De Alva.

Si como aseguraba Paul Celan en uno de sus poemas, en los ríos, al norte del futuro,/ tiendo la red que tú/ titubeante cargas/ de escritura de piedras,/ sombras, en este río que María de Alva nos presenta se guarda también la sombra, también la muerte.

“El río de Monterrey separa la ciudad, los municipios y las clases sociales: el río es una cicatriz y páramo. Han aparecido muertos ahí, está lleno de rocas y maleza, es una fosa natural. En realidad, no se puede construir nada en él. Sin embargo, rige la ciudad, desde las vialidades, los puentes, todo. Para mí era importante mostrarlo como ese lugar siniestro que divide a los ciudadanos y que esconde el dolor, la tragedia, el clasismo”, afirmó la autora.

María de Alva también se dedicó al periodismo durante un tiempo. Al inquirirla acerca de la labor del periodismo, visto mediante su personaje Isabel, aseguró que “lo que más cuestiona Isabel es qué va pasar con esta nota. Ella dice que el periódico sirve para madurar los aguacates, para hacer una piñata, es decir, no sirve para nada. Tanto periodistas como ciudadanos, al leer la noticia, tenemos la sensación de ‘qué puedo hacer yo’. Hay una frustración increíble porque no parece suceder nada después de la noticia. Isabel tiene la sensación de ‘para qué escribo, para qué el periodismo’, ella tiene una sensación de fracaso de la sociedad”, concluyó.  

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